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Educación

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No me canso de repetir la oportunidad que supone Twitter para descubrir debates y novedades en el ámbito educativo, algunos sorprendentes y otros que confirman o cuestionan ideas peregrinas, al menos en la cabeza de quien escribe. A través de un tuit de Jordi Adell , profesor de la UJI y referente bien conocido en este campo, he accedido a un artículo de Gert Biesta con el sugerente título "Against Learning" ("Contra el aprendizaje").

Básicamente en él se trata de analizar la sustitución progresiva de un lenguaje de la educación por un lenguaje del aprendizaje o el alza del segundo frente al primero, ejemplificado en multitud de detalles (enseñanza = "facilitación de aprendizajes", "aprendizaje a lo largo de la vida" frente a "enseñanza permanente"...).

Se dan razones de diversos tipos a este auge del omnipresente término en el discurso educativo. Entre ellos, novedades en las teorías acerca del aprendizaje, así el emergente modelo constructivista, centrado en quien aprende no como un recipiente pasivo de conocimientos sino como protagonista en él, ayudado por facilitadores y facilitadoras de ese aprendizaje, (maestros y maestras) o las críticas desde el postmodernismo al modelo (moderno) de educación. Así mismo, el auge de nuevas formas y recursos de aprendizajes no formales y más individualizados para un público creciente.

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Leía hace unos días en el blog DidàcTIK de Josep Miquel Arroyo la pregunta de si tenía futuro ser docente de personas adultas. La respuesta dada en la misma entrada era un "Rotundamente sí". La afirmación me lleva hoy a reflexionar sobre una formación no siempre considerada con la importancia que se le debería atribuir por parte de la sociedad y su relación con el aprendizaje a lo largo de la vida.

Hay factores de diversos tipos que sitúan a la formación de personas adultas en una posición clave. El primero es el envejecimiento de la población, que aumenta el número de personas adultas dispuestas a aprender, más si el desarrollo vertiginoso de los conocimientos y su transmisión a través de la tecnología actual y futura empujan a una formación continua en el ámbito de cualquier ocupación profesional. Tanto la adecuación a un mercado de trabajo cambiante como la búsqueda de una mejora de la calidad de vida y el enriquecimiento personal en dimensiones como la emocional o la de las relaciones personales (habilidades comunicativas, de liderazgo, de trabajo en equipo, idiomas...) son argumentos nada desdeñables en relación con unas prometedoras perspectivas para la educación en esta etapa que, manifiestamente, tiende a alargarse.

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En breve nos hallaremos un año más en Fiestas de Moros y Cristianos. Si nos ponemos en la piel del profesorado la secuencia de fiestas en la localidad vecina de Petrer, a mediados de mayo, y las de Elda, a principios de junio, conlleva una cierta dificultad de, digamos, concentración en la recta final del curso.

Dejando de lado esta disrupción motivada por la crisis festera antes de las últimas semanas y evaluaciones en los centros, me gustaría destacar en la entrada de hoy su potencial educativo. Entendiendo aquellas como acontecimientos memorables, recordados de manera especial y asociados por lo común a experiencias positivas disfrutadas y compartidas, extraña su desaprovechamiento que, en ocasiones, no va más mucho más allá de lo anecdótico.

Cuando escribo aprovechamiento no me refiero solo a conocimientos en torno a esas celebraciones, de tipo histórico, cultural, etc. sino además a la gestión de estas vivencias a la reflexión crítica sobre nuestras actitudes y comportamientos en esas circunstancias.

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Varias conversaciones y lecturas a lo largo de la semana me han incitado a dedicar una entrada del blog a los pasillos de nuestros centros educativos y a su aprovechamiento como espacios para el aprendizaje y la enseñanza, posibilidades que se explotan muy de vez en cuando pero que por lo común los relegan a la categoría de lugares anodinos no ya de encuentro sino de simple paso.

En mi niñez, la orden que titula estas líneas significaba una condena al ostracismo, apartar del resto de la clase a quien había cometido alguna falta de disciplina, a quien se había comportado de forma indebida. ¡Sal al pasillo! Dicho así, sin ninguna consigna más que incitara a la reflexión sobre lo que había ocurrido, a la contrición o a la reparación, suponía simplemente materializar ante toda la clase y ante el alumno o la alumna castigada la idea de que él o ella resultaba prescindible, más aún, que constituía un obstáculo para el grupo, un peso muerto del cual era conveniente librarse sin contemplaciones. La idea de pasillo como espacio de exclusión se situaba en las antípodas de lo educativo y de cualquier pretendido refuerzo de la autoestima del alumnado.

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Nos gustan los rankings. Cualquier lista que implique una evaluación nos envuelve en una especie de mística, una contemplación que aplaca nuestras ansias de saber, de clasificar, de distinguir el grano de la paja. Ocurre como en el caso de los estereotipos, pese a su injusticia y las lecturas sesgadas de la realidad en la que se sustentan, nos ayudan a comprender, o a hacernos la ilusión de comprender, y a expresar una realidad mucho más compleja, inabarcable en nuestro tiempo escaso desde la superficialidad, sin el esfuerzo o la dedicación necesarios para entenderla con una mayor sensatez. La educación, de nuevo, no constituye una excepción a esta regla.

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 Comenzaba la semana con un anuncio denunciado, entre otras opiniones, en el blog Xarxatic sobre un casting dirigido a docentes e impulsado por la Fundación Telefónica y TVE en el que se buscaban los profes más innovadores para participar en un nuevo programa de televisión.

 Tenemos noticia de programas de cazatalentos (o de cazafortunas por lo que a veces toca a quienes participan) en muchos ámbitos. El de la educación parece no ser una excepción a la regla de crear espectáculo a partir de una realidad bastante alejada de los altos índices de audiencia, bastante más prosaica o bastante menos superficial que la imagen que suele ofrecerse de ella en tantos programas con mayor y menor aceptación de un público, por lo general, muy ajeno en lo concerniente a ella.

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Recientemente, desde la Conselleria de Educación, Investigación y Deporte se ha publicado una resolución  por la que se regula la solicitud de participación y la aplicación del Portfolio Europeo de las Lenguas (PEL) y el Portfolio Europeo de las Lenguas electrónico (e-PEL) en los centros educativos de Infantil y Primaria, Secundaria y Formación de Personas Adultas y me ha parecido oportuno escribir en el blog sobre unas herramientas, por lo común, muy desconocidas fuera del profesorado de lenguas, a veces incluso dentro de este colectivo, pero útiles para el aprendizaje de lenguas y culturas por parte de cualquier persona.

En muchas trabajos nos resulta familiar el uso de portafolios como forma de registrar y comunicar vivencias, proyectos en los que se ha trabajado, etcétera. Todos y todas hemos oído hablar de books de modelos, profesionales de la fotografía, del diseño, de la arquitectura, etcétera. Es una manera de presentar la competencia propia a la hora de optar a un proyecto, un puesto de trabajo, etcétera. Un modo de acreditar documentalmente lo que alguien ha sido capaz de realizar.

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Esta semana ha comenzado en el IES Azorín de Petrer un curso destinado al profesorado de Educación Física e impulsado por la Fundación Trinidad Alfonso, la Universidad Miguel Hernández y el Comité Paralímpico con la colaboración del Centro de Formación, Innovación y Recursos Educativos (CEFIRE) de Elda y del propio instituto anfitrión.

Su objetivo principal es la formación en Educación Física Inclusiva como medio de fomentar actitudes que favorezcan la inclusión y la participación igualitaria de todo el alumnado en este ámbito, además de fomentar los valores paralímpicos y la práctica deportiva inclusiva.

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Esta semana he clausurado en nuestro centro de formación del profesorado, el CEFIRE de Elda, un curso presencial sobre comunicación eficaz impartido por Coral Pastor. La asistencia, a pesar del interés que los contenidos y de la calidad de la ponente, no ha sido muy alta. Casi al mismo tiempo, en periodo de inscripción de los cursos de oferta para el próximo trimestre, nuestras expectativas, llevan camino de cumplirse con poco margen de error: actividades online (a través de Internet) demandadas hasta multiplicar varias veces la oferta y otras presenciales con escasa aceptación, independientemente de sus contenidos.

Más que hablar de ventajas o desventajas implícitas de una u otra modalidad de formación, presencial o en línea, a través de Internet, en este caso del profesorado, si bien podría extrapolarse a otros ámbitos de aprendizaje y enseñanza, me gustaría reflexionar sobre este hecho con el que me encuentro cada vez con mayor frecuencia.

Es incuestionable, en primer lugar, la expansión de la formación y el aprendizaje online en lo fundamental por dos de sus características: flexibilidad y disponibilidad, esto es, superación de barreras de espacio y de tiempo. Hay que partir de ahí. Otros rasgos aplicables a una u otra modalidad, presencial o no, pueden estar más sujetos a debate: la calidad, la repercusión sobre la dimensión social, la mayor o menor complicación, la inversión de esfuerzo...

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Muchos y muchas eldenses con alguna vinculación al mundo educativo conoceréis con bastante seguridad a Pedro Civera, director durante muchos años del CEFIRE y profesor con una larga trayectoria en la UNED de esta ciudad desempeñando en ella no pocas responsabilidades. Recojo hoy el guante de su sugerencia velada para hablar en este blog de un proyecto del que es protagonista y que vio la luz hace unos meses, un DVD de recursos denominado Gestión de Centros en el que se compilan y comparten, a modo de caja de herramientas multiuso, documentos, experiencias, referencias... de utilidad para los centros educativos en el desempeño de sus tareas más cotidianas o en respuesta a sus más insospechadas  necesidades.

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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