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Educación

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Con la llegada del fin de curso escolar y el comienzo de las vacaciones se suceden en los medios tradicionales y en los digitales multitud de artículos referidos a la conveniencia o no de realizar deberes o a la mejor forma de no olvidar lo aprendido e incluso de aprender fuera de las aulas, aprovechando las indudables ventajas del periodo estival.

Son orientaciones o consejos que pueden sorprender a mucha gente o parecernos novedosos pero que evidencian hechos de los que no siempre somos demasiado conscientes:

  1. No hay vacaciones para aprender.
  2. La adquisición de competencias va mucho más allá de los momentos en que permanecemos en los centros. Estamos hablando de aprender para la vida y desde la propia experiencia.
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El pasado viernes, a la vez que, con el final de curso, varios centros escolares celebraban sus ceremonias de graduación, se desarrolló una charla impulsada por el grupo local de Amnistía Internacional que tuve el placer de presentar. La ponente, María Esperanza Ramírez, activista colombiana de los derechos humanos de la mujer y de las personas desplazadas por el conflicto armado vivido por ese país desde hace décadas, está acogida en España a través de un programa de protección temporal para defensores y defensoras de derechos humanos en riesgo por amenazas contra su vida.

A quienes no tuvisteis oportunidad de acudir os contaría no solo sobre su dramática experiencia entre los fuegos de la guerrilla, de los grupos paramilitares y del ejército, sobre el desarraigo, la desintegración de su familia, la pérdida de casi todo en la huida, las vejaciones sufridas por sus seres queridos, las muertes. Os hablaría también sobre la dignidad de quien está dispuesta a perdonar pero a la vez exige sus derechos y lucha por el cumplimiento de las leyes que han de proteger a la población más indefensa. No obstante, este es un blog de educación y os escribiré acerca de algo que no pasó desapercibido a lo largo de su intervención y que tiene que ver con el tema que nos acerca cada semana.

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La semana pasada mencioné de pasada en mi entrada una cuestión de creciente importancia en el ámbito de la educación: los programas europeos. Desde comienzos del año 2014 y, por lo menos, hasta 2020, un término, Erasmus+, resume una amplísima variedad de acciones educativas debidas al impulso de la Unión Europea.

Erasmus, nombre que proviene del humanista y teólogo holandés Erasmo de Rotterdam (1466-1536), parece a todas luces una marca de éxito. Reconocible por un amplio sector de nuestra sociedad como el programa que ha traído y ha llevado a miles de estudiantes universitarios desde y hacia Europa durante tantos años, su popularidad en el imaginario colectivo ha contribuido a que amplíe su significado con ese plus (+) y se convierta en un medio en el desarrollo de estrategias europeas de educación y formación y, de modo más general, de crecimiento de la Unión Europea en campos tan diversos como el empleo, la innovación, la integración social, etcétera.

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La pasada semana me fue imposible acudir a la cita con este blog de educación. Participé  en una movilidad desarrollada como asesor del CEFIRE de Elda, el Centro de Formación, Innovación y Recursos Educativos, que se ocupa de la formación, el asesoramiento y la provisión de recursos del profesorado de la comarca. Esta movilidad correspondía a un proyecto europeo entre regiones (Comenius Regio) del que formamos parte junto a varios centros de Elche, FAGA-CV (Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas de la Comunitat Valenciana)  y la propia Conselleria de Educación, Cultura y Deporte. Por otra parte, figuran nuestros socios italianos de la provincia de Reggio Calabria (centros escolares, asociaciones e instituciones regionales).

El proyecto se denomina Oltre: Accompagnamento ed Inclusione Sociale per una Partecipazione Attiva y tiene como objetivos la atención y la inclusión del alumnado de etnia gitana, la promoción de su cultura en la escuela como forma de prevenir el absentismo y las escandalosas cifras de abandono temprano de jóvenes pertenecientes a esta comunidad.

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Retention, or making low achieving students repeat a year, is one of the few areas where it is difficult to find a single study with a positive effect.

John Hattie

La repetición o no de curso suscita uno de los debates más vivos que afectan a cualquier medida del sistema educativo. Los argumentos a favor y en contra se suceden en un entorno en el que la investigación parece tropezar a la hora de contrastar y evaluar situaciones y circunstancias en busca de evidencias incontestables. Un entorno, así mismo, condicionado por incercias ante una práctica ampliamente extendida en países a nuestro alrededor.

Si bien países con buena valoración de sus sistemas educativos (algunos escandinavos, Japón, Corea...) no contemplan la repetición de curso, estos no son los casos más comunes. Además, donde se da, varían las condiciones en las que tiene lugar esa repetición, bien en función de la edad o la etapa, de su número, etcétera, y las medidas complementarias que se aplican junto a ella.

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La mejora en la convivencia escolar se ha convertido en uno de los principales retos actuales del sistema y de los centros educativos.

Los medios de comunicación se hacen eco a través de noticias con relativo impacto mediático de numerosos sucesos que evidencian problemas acuciantes: acoso escolar, violencia, exclusión... Son hechos lamentables que acarrean no solo consecuencias en el día a día sino que pueden llegar a repercutir de forma sustancial en el desarrollo personal futuro, más allá del éxito o fracaso escolar, de víctimas y agresores.

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El pasado fin de semana tuve el placer de asistir a una lectura colectiva en el CEIP Virgen de la Salud. Este tipo de jornada festiva, después del trabajo llevado a cabo en talleres lectores se viene celebrando desde hace algunos años en varios centros educativos de Elda. En esta ocasión, tuvo lugar en uno muy especial por todo lo que implica de acogida a personas, alumnado y familias provenientes de diversas culturas.

El acto de lectura, que contó con la intervención de distintos grupos de niños y niñas y también de mayores, estuvo salpicado por intervenciones musicales. Un nutrido público, pese al calor y a la hora (¡hay que tener ganas para juntarse a leer y a escuchar un sábado a las cinco de la tarde!) abarrotaba la sala.

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Comenzaré mi entrada de esta semana mostrando algunos datos que sirvan de contexto a su contenido.

El informe La Sociedad en Red, de 2013 confirma que la penetración de la telefonía móvil en los hogares españoles había llegado al 96 %.

De acuerdo con Observatorio Red.es, en junio de 2013 el número de líneas de telefonía móvil para comunicación personal en España era de 51.927.748, sí, más que habitantes.

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Hace algunas semanas, ni siquiera recuerdo muy bien el curso de la conversación, un compañero pronunció una frase que nos impactó y que, quien más y quien menos, guardó en ese disco duro que todo docente, para bien y para mal, lleva dentro.

Aprender es una secuela de divertirte.

Si nos detenemos en ella, lo cierto es que además de sonar bien contiene en sí misma una verdad muy ilustrativa para el desarrollo de nuestra tarea como enseñantes. Efectivamente, aprender está unido de modo íntimo al placer y la diversión. Aprendemos, cualquier cosa, con la esperanza de ser más felices, de aumentar nuestro bienestar personal o basado en la relación con las y los demás.

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Un error es un hecho cuyos beneficios plenos aún no se han volcado a nuestro favor.

Peter Senge

Odio equivocarme y me temo que esta aversión por el rechazo, por el ridículo que supone el error, más si es público, o por la reprimenda que suele acompañarlo, es algo compartido por una amplia mayoría.

   Me atrevo a decir que esta actitud hacia el error se arraiga en lo más profundo de la educación recibida. Hemos aprendido a ver en él un formidable enemigo, un peligro que conviene evitar a toda costa. A veces a costa de nuestra originalidad o de las posibilidades de enriquecernos con nuevas experiencias no menos educativas. Nos cuesta ver en el error algo ajeno a la frustración, a la desaprobación y a la penalización.  Lo hemos llegado a identificar, con cierto fatalismo, como un enemigo inexorable, generador de tensiones e inseguridades, inhibidor de iniciativas, aniquilador de la autoestima y de la mayor o menor estima que nos puedan tener.

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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