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Educación

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Durante esta semana ha tenido lugar un nuevo encuentro en Petrer correspondiente al proyecto de Erasmus+ (KA2) Rally, en el que toma parte el IES Azorín junto a alumnado de la Gladesmore Community School de Londres (coordinadores) y del College Irene Joliot-Curie de Argenteuil de París. El proyecto se halla en su tercer y último año de desarrollo y no solo implica un trabajo durante las diversas movilidades, como la actual, sino un conjunto de tareas en torno a la enseñanza de lenguas en la vertiente lectora y comunicativa que se realizan a través de videoconferencias periódicas y múltiples vías y plataformas de comunicación. Por si esto fuera poco, involucran a profesorado de los centros implicados, sobre todo en estas áreas.

Sirvan estas líneas como presentación de un proyecto ambicioso, uno de los mejor dotados económicamente de su género en nuestro país y de los que conllevan un mayor número de movilidades de alumnado y profesorado. Sin embargo, a través de esta somera descripción, es complicado transmitir todo lo que conlleva para nuestro alumnado tanto en lo académico como en lo personal.

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El pasado 1 de septiembre escribía en uno de mis blogs mis impresiones sobre el primer día, por aquel entonces sin alumnado, pasados bastantes años fuera de la docencia directa y desempeñando la labor de asesor en el centro de formación del profesorado (CEFIRE) de Elda.

La imagen vacía de la sala de profesores a primera hora de aquella mañana me resultaba sobrecogedora, si bien imaginaba, como de hecho ha ocurrido, que en varias semanas el ruido y el ajetreo poblarían los mismos lugares entonces desiertos.

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En mi última entrada hacía referencia a dos publicaciones que marcarían el cambio de equipo en las asesorías de formación del CEFIRE de Elda. Tras la edición de Metodología y evaluación de lenguas/ Metodologia i avaluació de llengües, que, por cierto, resulta accesible  a partir del siguiente enlace, llega Emociones en Secundaria – AEMO Programa de alfabetización y gestión emocional, una obra orientada a un ámbito de tanta actualidad e interés en el contexto educativo por su relación con la prevención y la actuación sobre los conflictos escolares y el éxito de nuestro alumnado.

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Finaliza el curso y este mes de julio que en el imaginario colectivo suele percibirse, a menudo injustificadamente, como vacacional en lo que se refiere a la actividad educativa se suceden novedades en lo que a nuestro Centro de Formación, Innovación y Recursos Educativos atañe.

Por un lado, el relevo de personas. Compañeros y compañeras se incorporarán a esta interesante tarea para relevarnos a otros y otras que volveremos a nuestros centros de origen.

Por otro, la publicación de dos trabajos impulsados desde el CEFIRE, con lo que se continúa una tradición ya asentada en la producción de materiales educativos de interés para el profesorado y la comunidad escolar. Uno de ellos, Emociones en Secundaria AEMO. Programa de alfabetización y de gestión emocional, presenta una original propuesta en un campo de tanta actualidad como el de la educación emocional. El segundo, Metodología y evaluación de lenguas, protagonista de esta entrada, atiende a  aspectos como la enseñanza de lenguas y su evaluación.

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Recientemente se han celebrado las elecciones sobre la aceptación o no de la jornada continua en muchos de nuestros centros educativos, una de las polémicas más encendidas en sus puertas durante los últimos tiempos, y mirad si la escuela puede dar oportunidades (hasta más justificadas) para el enardecimiento de los ánimos. Las decisiones validadas por los votos, apenas han dejado espacio más que para la resignación de unos y unas y la satisfacción de otras y otros. Ni más ni menos.

¿Contribuirán los nuevos horarios o el mantenimiento de los actuales, sin más,  por sí mismos, a una mejora de la educación? Permitidme que lo dude, como dudo de la naturaleza educativa de muchas de las reivindicaciones esgrimidas antes de estas elecciones. No estoy diciendo que no sean respetables, en todo caso, el escrutinio manda, sino que no están fundadas lo suficiente en criterios educativos y que participan de muy diversos intereses que no tienen que ver con ellos, por mucho que se hayan invocado argumentos de esta clase como decisivos a la hora de elegir.

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Algunos encuentros con responsables de educación de varios municipios de la comarca, relativos a jornadas de formación en las que de una u otra manera ha colaborado el Centro de Formación, Innovación y Recursos Educativos (CEFIRE) de Elda, me llevan hoy a escribir unas líneas sobre el rol de nuestras ciudades y pueblos en la educación. ¿Qué labor pueden ejercer como agentes al lado de otros quizás más reconocidos o reconocibles en su competencia? ¿Hasta qué punto como territorios cercanos, inmediatos, en el ejercicio de la ciudadanía juegan o han de jugar un rol protagonista en el desarrollo de aquella? ¿En qué medida se ven transformados a partir de dicho desarrollo?

La revisión del panorama normativo (la LOE-LOMCE, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local LRSAL...) no resulta tan halagüeña como cabría esperarse, partiendo de esta ventaja de proximidad, para la administración municipal frente a otras. Hay una percepción bastante generalizada de que, hoy por hoy, los ayuntamientos no son administración educativa, al menos en la misma medida que los órganos competentes de la Administración general del Estado o de las Comunidades Autónomas. Los ayuntamientos se ven privados de las competencias más significativas en materia de educación y relegados a un papel subordinado o auxiliar. (Ver un resumen de ellas en Muñoz Moreno y Garin Sallán, 2014, p. 174-175).

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El pasado 12 de febrero se celebró el Día Internacional contra el uso de niños y niñas soldados, término referido a cualquier persona menor de 18 años que esté o haya sido reclutada o utilizada por un grupo o fuerza armada en cualquier condición.

Un año más asistimos al triste espectáculo de un mundo que permite obligar a alrededor de 300.000 niños y niñas a servir bien como combatientes bien como auxiliares en tareas de intendencia y apoyo: buscar agua, alimento, cocinar, etc. bien en otras como la de convertirse en recompensa como esclavos y esclavas sexuales para quienes integran esos ejércitos.

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No se me interprete mal, elegir el título de esta canción de mediados de los 50 como encabezamiento de una entrada que pretende reflexionar sobre el sentido del futuro en la educación no obedece a la ironía o al desencanto. Por el contrario, la motiva la simple meditación sobre una idea que ya me rondaba y me ha acabado de despertar un artículo publicado recientemente en INED21 por Julia de Miguel, divulgadora y formadora: "Exceso de futuro en la educación".

No se me interprete mal, no se trata de desvincular educación y futuro. No tendría razón de ser en tanto que pensar en aquel es fundamental para trazar los objetivos de nuestra práctica educativa presente. Los sistemas educativos en su orientación a la forja de una ciudadanía útil e integrada en la sociedad siempre han contado con la referencia de un futuro, si bien algo más predecible en otros tiempos, como horizonte y respaldo de sus actuaciones.

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El día 30 de enero, aniversario de la muerte del Mahatma Gandhi, se celebra en España el Día Escolar de la No-Violencia y la Paz (DENYP). Es una fecha de gran visibilidad para la comunidad educativa en la medida en que concita esta a través de numerosas actividades que tienen en esta temática su razón de ser.

La educación para la paz se entiende como el "proceso de adquisición de los valores y conocimientos, así como las actitudes y comportamientos necesarios para conseguir la paz personal, entendida como vivir en armonía con uno mismo, los demás y el medio ambiente". Casi nada. Contemplada así, en toda su extensión de educación en valores como el respeto a los derechos humanos, la democracia, la interculturalidad, la solidaridad, etc. algunas manifestaciones de esta celebración parecen radicalmente insuficientes o anecdóticas. Vista así, merecería la pena mirarnos al espejo educativo y reflexionar en torno a lo que nos jugamos, sobre la necesidad de entender cómo estamos provoviendo una cultura de paz desde la escuela más allá de las canciones, las palomas o el espectáculo colorista delante de las familias.

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La semana pasada algunos medios de comunicación locales se hicieron eco del inicio en Elda, en el Centro Cívico y Juvenil,  de la formación específica para coordinadores y coordinadoras de igualdad y convivencia (CIC) de centros educativos del ámbito del CEFIRE de Elda. Fue la primera sesión presencial de un total de cinco, que se desarrollarán hasta mayo, congregó a más de 100 docentes de centros públicos y concertados.

En breve se abrirá un espacio virtual complementario donde se desarrollarán diversas tareas dirigidas tanto a la sensibilización coeducativa como al establecimiento de un diagnóstico de la situación de nuestras escuelas. En ella se abordarán contenidos y conceptos como feminismo, escuela mixta, currículum oculto y coeducación, socialización, corresponsabilidad, prevención de la violencia, micromachismos, relaciones afectivo sexuales sanas, identidad y diversidad sexual y discriminaciones basadas en ellas, convivencia positiva, buenas prácticas educativas, etcétera.

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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