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Moros y Cristianos

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Mucho ha cambiado la Fiesta desde aquellos años 50 y principios de los 60: la Fiesta de Moros y Cristianos, por supuesto, y la tradicional Fiesta de San Antón después de haber trasladado a mayo o junio la primera. Me voy a referir a los festejos sanantonianos celebrados en el mes de enero de aquellos años que yo veía, quizás, con la mirada inocente de mis pocos años.

La celebración litúrgica de la festividad en el día de su onomástica -17 de enero- no se celebraba entonces como ahora y este día pasaba prácticamente desapercibido para los eldenses. La Fiesta, como ocurría desde siempre, se trasladaba por aquellas fechas al fin de semana siguiente, cuando la festividad del Santo caía en medio de la semana. Los actos comenzaban el sábado por la mañana entre el disparo de cohetes y el pasacalle de la dulzaina y tamboril por las distintas calles de la ciudad acompañando a miembros de la Mayordomía que paseaban un cordero vivo para ser rifado entre los vecinos y, así, recaudar fondos para sustentar la Fiesta. Hay que destacar que el charamitero provenía de la vecina villa de Petrer y el tamborilero de Monóvar y juntos recorrían la comarca en cada una de las fiestas populares de cada población, incluido el acompañamiento de los Gigantes y Cabezudos de la festividad del Corpus. Muy lejos estábamos de la proliferación de collas de dulzainas y percusión que han invadido nuestras ciudades y que han rescatado esa música tradicional tan nuestra. En las primeras horas de la tarde tenía lugar la entrada de los carros de la leña, que previamente había sido recogida por los miembros de la Mayordomía en los distintos parajes de nuestro término municipal, acompañados de los consabidos sones de la dulzaina y el tamboril, acto que congregaba en derredor a toda la chiquillería de la población. Los carros, no recuerdo exactamente si eran dos o solamente uno, descargaban la leña en la Plaza del Ayuntamiento o frente a la ermita de San Antón.

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Los eldenses llenan los alrededores de la ermita de San Antón | Junta Central Moros y Cristianos.

Cuando en el año 1947 la Fiesta de Moros y Cristianos propiamente dicha se separó de los actos de San Antón en el mes de Enero, buscando tiempos climáticos más propicios en la Primavera, la Fiesta típica de San Antón se siguió manteniendo en sus fechas tradicionales del fin de semana siguiente a la festividad litúrgica del Santo. Los actos permanecieron como era la costumbre ancestral y así continuaron celebrándose las hogueras, las danzas típicas, la bendición del pan, las cucañas y carreras, etc. organizados por la Mayordomía del Santo anacoreta. Solamente en los actos religiosos dedicados al Patrón se mantuvo la participación de las comparsas de Moros y Cristianos. De esta manera, en el traslado del Santo del sábado por la tarde eran protagonistas las abanderadas y capitanes de las distintas comparsas que enarbolaban sus correspondientes banderas acompañados de todos los festeros que vestían sus clásicos distintivos -el fez en el caso de los moros, y el gorro cuartelero en el caso de los cristianos- presidiendo el acto, junto a las autoridades locales y Mayordomía, la Junta Central de Comparsas. El domingo ocurría exactamente lo mismo: acudían todos, cargos, Junta y autoridades, a la Misa en honor del Santo en la iglesia de Santa Ana, tras la cual se procedía a trasladar la imagen de nuevo a su ermita con el disparo de arcabucería por parte de los festeros de las distintas comparsas. Una vez la imagen en su ermita, los cargos festeros, autoridades y Junta Central, acompañados del resto de los festeros y amenizados por la banda local Santa Cecilia se dirigían desde la ermita hasta la calle Nueva, donde a la altura del Casino Eldense se disolvía el desfile.

Esto fue así hasta el año 1975. Aquel año la Junta Central de Comparsas, queriendo fortalecer la participación de los festeros en estos actos de San Antón, aprobó la celebración de un desfile especial que tendría lugar el domingo por la mañana, una vez el Santo era entronizado en su ermita entre los disparos de arcabucería y de la mascletá que a tal efecto se solía disparar. Este acto consistía en la participación de dos escuadras por cada comparsa, luciendo el traje con el que desfilaron en las pasadas fiestas del año anterior, y las abanderadas y capitanes de las comparsas como cierre institucional de este desfile que se decidió llamarlo de la “Media Fiesta”, haciendo alusión a lo que en otras poblaciones festeras se celebraba con el nombre de Medio Año. Las escuadras que debían participar en este desfile eran principalmente las premiadas por Junta Central, ya que después del desfile tenía lugar una comida de hermandad en la que se entregaban los premios a dichas escuadras.

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Boato zíngaro 2015 | Junta Central.

Las imágenes que fluyen de la Fiesta de Moros y Cristianos responden, sin duda, a una exigencia que representa una plástica, una estética que utiliza el color, la luz, el fuego de los arcabuces, el sonar de las bandas, unido todo ello a la emoción y el sentimiento, en un verdadero diálogo con ese receptor natural que es el público en lo que podemos considerar como un juego estético.

Todo lo que conlleva la Fiesta, su anual puesta en escena y sus propias características intrínsecas, traducen un contenido estético donde el goce de lo bello, la armonía, el colorido y el ritmo de la música son el fruto de la propia creatividad e imaginación de quienes sustentan la Fiesta, de quienes la hacen suya y la disfrutan al mismo tiempo. En la Fiesta se deja a un lado el trabajo cotidiano y la preocupación por lo meramente material para sumergirse en ese mundo donde lo bello y lo sublime acampan a sus anchas: gozar de esta belleza estética que representa la Fiesta, de su ambiente, de la luz que irradia su imagen colorista y armónica, de sus estruendos de arcabuz, de la música festera que se interpreta en cada uno de los actos: todo ello hace que la Fiesta de Moros y Cristianos se asiente sobre unos valores estéticos perceptibles para el espectador, que goza de ellos con plenitud, y aparece todo plasmado en unas imágenes realmente fotográficas y, a veces, a un ritmo que podíamos llamar casi cinematográfico.

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La palabra escuadra tiene un origen claramente militar: es un grupo de soldados al mando de un cabo que forma parte de la organización militar. Es comprensible la certeza de este origen debido al carácter netamente militar que nuestra fiesta tuvo en sus orígenes. La Fiesta de Moros y Cristianos, al menos en nuestras latitudes, nació como tantas veces hemos dicho de la soldadesca o milicia local que participaba con sus disparos de salvas en honor al patrón o patrona en las fiestas de cada población. De ahí que la Fiesta tuviera -y todavía los tiene-  cargos como el de capitán o alférez, que se estructurara en escuadras al mando de un cabo, o que existan en ella actos como la Retreta y la Diana. Todo esto todavía se puede ver en la actualidad en una Fiesta como la de Yecla, en honor a la Purísima, en la que existe la rudimentaria soldadesca al estilo del siglo XIX, que dispara sus salvas en honor a la Patrona y que curiosamente su ejército o milicia está dividido en diferentes escuadras que adoptan nombres diversos.

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Huestes del Cadí disparando | Ángel Vera.

A propósito de los almuerzos que se suceden a lo largo de estos meses de octubre y noviembre, en los que cientos de arcabuceros de todas las comparsas se unen en plena camaradería -citemos los de las comparsas de Realistas y Musulmanes y el de la Comisión de Alardos y Embajadas de la Junta Central-, me ha surgido la idea de profundizar en esta parcela de nuestra fiesta tan esencial en estas celebraciones de Moros y Cristianos.

Estoy seguro que la mayoría de nuestros arcabuceros actuales, que felizmente son muchos, nunca han pensado en lo que conlleva esta faceta festera de la que, a pesar de tantas trabas administrativas, disfrutan con pleno entusiasmo.

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En la última década de los setenta del siglo pasado la Junta Directiva de la Unión de Festejos de nuestra vecina Petrer ya tuvo en mente varias veces la posibilidad de dar realce a la figura del Capitán, ya que en líneas generales todos los actos que se organizaban en Petrer, fuera de los que componían la llamada “trilogía festera”, estaban dedicados casi en exclusividad a las Abanderadas, sobre todo en el acto señero del Pregón de Fiestas y Día de las Banderas. Sin embargo es en 1982 cuando se pone en marcha esta fiesta con la colaboración de tres comparsas: Vizcaínos, Estudiantes y Moros Fronterizos.

El motivo esencial de esta celebración era recoger el sentimiento general festero de darle a la figura del Capitán el relieve que su cargo tenía en la Fiesta de Moros y Cristianos. Pero también había una aspiración de revivir, a mitad de camino entre un mes de mayo y el del siguiente año, los sentimientos que hacen posible nuestra Fiesta.

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Desfile Asamblea de bandas. Unión Muiscal y Artística de Sax | Jesús Cruces.

 

Hemos podido ver este pasado domingo un magnífico espectáculo en ese extraordinario desfile de agrupaciones musicales de toda nuestra comarca que, con motivo de la celebración en Elda de la Asamblea de las asociaciones musicales de la Comunidad Valenciana, ha recorrido las calles de nuestra ciudad ante una gran presencia de público. Nada menos que dieciocho bandas, todas bien nutridas de músicos y uniformadas, desfilaron desde el Ayuntamiento hasta la Plaza de Castelar interpretando bellos pasodobles y, como colofón, todas juntas con más de mil músicos interpretaron el pasodoble Idella dirigidas por el músico de la Santa Cecilia Ximo Segura.

A propósito de este extraordinario desfile, hemos venido a recordar nuestra Entrada de Bandas de Música que el jueves en que se inician las fiestas de Moros y Cristianos de nuestra ciudad, discurre por las calles eldenses como primer acto de los que se van a celebrar ese largo fin de semana festivo, que culmina con la interpretación de Idella en una plaza de la Constitución y calles aledañas completamente abarrotadas de un inmenso gentío ansioso de comenzar la Fiesta. Para quienes nos sentimos festeros y amantes de la música de nuestros moros y cristianos, es preciso dirigir la mirada a ese extraordinario desfile antes mencionado y, qué duda cabe, nos surge una imprescindible comparación que no podemos dejar de valorar y mencionar. La pretensión de esta Entrada de las bandas de música que representan a nuestras comparsas en ese primer día de la Fiesta es, sin duda, homenajear a los cientos de músicos que, a través de tantas formaciones musicales, participan junto a los festeros en todos y cada uno de los actos a celebrar. La Fiesta sin música no sería absolutamente nada, sin los alegres pasodobles, las solemnes marchas moras y las triunfales marchas cristianas, no existiría la Fiesta como la concebimos y disfrutamos. Al ser esto así, siempre desde Junta Central se ha intentado que este desfile sea un auténtico concierto en la calle de esa música propia de nuestra Fiesta y que las bandas participantes estén nutridas de músicos, vayan debidamente uniformadas y nos deleiten con una interpretación acorde con las partituras que ha plasmado cada compositor.

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Navarros, 1946.

La mujer, cuya participación en los primeros años de la restauración de nuestra Fiesta se limitaba al cargo de abanderada, algunas de cabo de escuadra y niñas en su mayor parte, no tenía un traje específico oficial para desfilar en cada una de las comparsas. Podemos ver en numerosos testimonios gráficos de la época chicas vestidas con el traje oficial masculino, o bien con trajes distintos de mora, zíngara o pirata que no podemos considerar como trajes plenamente oficiales.

En comparsas como los Zíngaros o Contrabandistas se hace patente a lo largo de muchos años el uso de un traje digamos “oficialista” de mujer o niña zíngara o de gitana -en el caso de los Contrabandistas- que se generalizan como trajes propios de cada una de las comparsas, aunque con diversidad en modelos en su concepción y colorido.

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La Fiesta de Moros y Cristianos es una manifestación espontánea y popular que las poblaciones que la sustentan tienen a gala celebrar, al menos desde principios de siglo XIX, ya dentro de unos valores de culto religioso popular, pues se celebran en prácticamente todos los casos en honor al santo patrono o patrona de la población, ya imbuidas de un sentido histórico al rememorar de una manera simbólica y sentimental las luchas entre moros y cristianos en la época de la llamada Reconquista. Pero, por encima de estos valores, subyace un sentimiento muy especial que impregna este tipo de festejos que une a todo un pueblo en torno a una fiesta ancestral y arraigada en el corazón del pueblo que la sustenta y organiza. Con todo esto, para el festero de estas poblaciones la Fiesta es algo más que un simple espectáculo, es la expresión de unas raíces y unos valores mantenidos de padres a hijos durante muchos años, a veces siglos. Por tanto para quienes vivimos y disfrutamos los Moros y Cristianos, cada año es un honor vestirnos con nuestros trajes festeros, que ya vistieron nuestros padres y abuelos con gran dignidad, en principio con un sentido lúdico de diversión y alegría, pero demostrando siempre ese sentimiento, mezcla de muchas vicisitudes familiares, religiosas o de gran raigambre en la población. Por eso, los festeros cuando hablamos de nuestra participación en la Fiesta afirmamos que nos “vestimos” de moro o de cristiano, no nos disfrazamos, y para nosotros la Fiesta no es un simple espectáculo, aunque pueda ser en muchas de sus manifestaciones verdaderamente espectacular.

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Cuando aquellos pioneros de la fiesta salieron a las calles eldenses en 1944 de la mano de nuestros vecinos festeros de Petrer, Sax y Villena, no podían sospechar que, andando el tiempo, esa incipiente e improvisada manifestación festiva en honor a San Antón iba a ser lo que es en la actualidad. Han transcurrido casi 75 años y en el devenir de su historia, breve pero intensa, la fiesta nacida al calor de la hoguera ha pasado por multitud de vicisitudes hasta llegar a las puertas de la celebración de sus bodas de platino. En los años 40 y 50 del pasado siglo, tras el comienzo oficial de las primeras comparsas en 1945, se produjo una gran explosión festera: a las cinco comparsas primigenias de Cristianos, Estudiantes, Contrabandistas, Marroquíes y Realistas se sumaron otras nuevas como los Piratas, Navarros, Musulmanes, Zíngaros y Marineros. Los festeros ostentando esos trajes oficiales, en su mayor parte emparentados con comparsas vecinas y amigas de otras poblaciones, que dieron realce y secundaron la tradición festera mora y cristiana de nuestras tierras alicantinas, se multiplicaron en cada una de las comparsas alcanzando la fiesta un esplendor sin igual en nuestra ciudad.

Sin embargo, en la década de los sesenta la fiesta tuvo un gran bache que lamentaban algunos de sus fundadores en la prensa local en el año 1965. Sus opiniones sobre el futuro de la fiesta eran bastante pesimistas ya que, decían, la juventud no llegaba a incorporarse a las filas de las comparsas como hubiera sido deseado por quienes ostentaban la dirección y organización de la fiesta. Desparecieron comparsas como los Marineros y Navarros, alguna de ellas dejó de salir un año -los Marroquíes- y la mayoría soportaron una verdadera sangría en el número de sus afiliados. Lo que había nacido con ese espíritu festero tan intenso e ilusionante parecía que se iba diluyendo irremediablemente entre el fragor de una fiesta que ya el pueblo había hecho plenamente suya.

Acerca del autor

Autor: José Blanes Peinado

Festero de la comparsa de Moros Musulmanes desde hace 50 años. He sido secretario, cronista y presidente de esta comparsa, presidente de la Comisión de Embajadas y Alardo y, finalmente, presidente de Junta Central desde 1995 a 2006. Actualmente ejerzo el cargo de cronista oficial de la Fiesta de Moros y Cristiano de Elda. Mi trayectoria, como puede verse, ha sido larga y yo diría que fructífera en los entresijos de la Fiesta y, además de trabajar por ella, he dedicado gran parte de mi vida a estudiar, investigar y opinar sobre los diversos aspectos de los Moros y Cristianos en infinidad de publicaciones especializadas, en diversos congresos sobre temas festeros y a participar en charlas, mesas redondas e incluso pregones en algunas poblaciones festeras de nuestro entorno. Por todo ello, pretendo compartir en este blog todas mis experiencias y estudios en este campo tan atractivo de la Fiesta con las personas que tengan alguna inquietud en este sentido y con los festeros en general, intentando inculcarles ese virus tan intenso que nos hace sentir y disfrutar esa gran representación festiva que es la Fiesta de Moros y Cristianos.

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