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Calzado

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Zapatero realizando un empalmillado | El arte del cuero.

Las primeras máquinas para la confección del calzado aparecen muy avanzado el siglo XIX y se trata de máquinas muy sencillas que realizan determinados trabajos de asistencia (hacer agujeros, prensar etcétera). En 1.846 el estadounidense Elias Howe Jr. Inventa la primera máquina de coser, hasta entonces todo se cosia a mano, y con esta máquina de cierta tecnología compleja para su tiempo, todo se cose a máquina, es decir, calzado y vestidos, también en esta mitad de siglo se inventa la máquina de coser o puntear zapatos que hasta entonces eran cosidos a mano con los puntos tan conocidos para los zapateros como eran los punteados y empalmillados. Desde 1.887 la aparición de maquinaria para hacer zapatos se realiza de modo continuo y se van incorporando al proceso una tras otra, las máquinas de clavar, centrar, rebatir, lijar...., pero prácticamente es en la primera mitad del siglo XX cuando la intervención de las máquinas en el proceso de fabricación de calzados se generaliza y se abandona definitivamente el trabajo manual y artesano para fabricar zapatos en serie. El maestro zapatero que formaba parte de aquella célula primera de la industria zapatera, con el oficial y el aprendiz, se va perdiendo dejando paso a los procesos en cadena.

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Una vista del monumento al zapatero realizado por Alejandro Pérez Verdú.

Alejandro Pérez Verdú trabajaba cada día desde muy temprano, en aquellas moles de piedra que iba dando forma y con el paso de los días se perfilaban algunas de las partes de esa enorme escultura del zapatero con el aprendiz, ambos en sus sillas y con las herramientas a los pies de las figuras, una obra inspirada también en el célebre cuadro del pintor Gabriel Poveda, "Leirbag". La cuestión es que aquel sueño empezaba a tener tintes de autenticidad y muchas mañanas el escultor se veía rodeado de un grupo de gente, algunas veces eran estudiantes de los centros escolares próximos, otras simplemente curiosos que se "colaban" en el recinto para acercarse y curiosear el trabajo de este artista.

Hay que añadir, como un hecho curioso, que se recuperaron de los bancos, unas cuentas que estaban custodiadas por Adelardo López y José Amat Amat  de una intento anterior, en 1970, para crear un monumento al zapatero, también por cuestación popular, pues bien, aquellas cantidades entregadas y que estaban en cuantas "olvidadas" y tras hablar con los directores de las sucursales, gracias a las gestiones de Adelardo, fueron a engrosar las cantidades de esta posterior cuestación popular, aunque el valor de lo que había no tenía mayor importancia, lo verdaderamente importante era que no se perdió aquel dinero que en otros tiempos eldenses aportaron para el mismo fin.

Alejandro vivió también y al margen de su trabajo diario, unos meses de reencuentro con su familia, tanto en Elda como en Casas del Señor, visitó también La Romana y otras poblaciones próximas, sus hermanos y parientes disfrutaban de su compañía y él mismo recordaba los parajes en los que pasó su niñez, también "visitó" una de las obras que dejó en nuestra provincia cuando era joven, el llamado "Toro de la Sierra de la Pila" en Pinoso. En algunos momentos manteníamos alguna conversación que todavía al recordarla me conmueve. Este hombre que nació en la calle Tenería de Elda y que trabajó de pastor, cantero e incluso aprendiz de zapatero, con la mayor humildad me decía: "que cuando se pongo delante de una piedra para esculpirla, recibo una inspiración que creo es sobrenatural, hasta tal punto que siento como si una fuerza ajena a mí mismo,  dirigiese el cincel para obtener la idea que deseo plasmar".

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Alejandro Pérez Verdú dando forma a su escultura hecha con amor e ilusión como homenaje a los zapateros de Elda.

El monumento al zapatero que se erige en la plaza del mismo nombre, en el centro de la ciudad de Elda, tiene una historia plagada de anécdotas que vamos a tratar de dar a conocer.

Un buen día del mes de Abril de 1996, cuando hacía casi cuatro años que el Museo del Calzado, recibí una llamada telefónica de una persona que decía haber nacido en nuestra ciudad y que desde su juventud residía en la población de Mercadal, en la preciosa isla de Menorca. 

 en su niñez y pubertad, se dedicaba a sacar a las cabras y ovejas a pastar en los campos de la zona de "Casas del Señor" y La Romana, donde residían de forma provisional algunos de sus familiares. Recuerda con cariño algunas tallas hechas en madera o en piedra, con las que se entretenía mientras el ganado estaba al cuidado de su pastor. La mili la hizo en Mahón y allí demostró sus dotes para esculpir en piedra y mármol, con gran talento y excelentes dotes artísticas, sin embargo Alejandro no llegó a aprender a leer y a escribir, ni siquiera haciendo el servicio militar tuvo tiempo para ello; sus superiores en el ejército, y las personas que fueron conociendo sus dotes para la escultura, le agobiarían con constantes encargos que fue dejando plasmados en cementerios, plazas y avenidas de algunas ciudades de la isla: Alaior, Ciudadela, Mahón, Fornell, entre otras. Pero nuestro artista siempre soñó con dejar una obra en la ciudad en la que nació, en Elda, de ahí el motivo de su llamada. Me pidió que fuese a su taller en Mercadal para hacerme entrega de una bota cincelada en piedra, para donarla al museo. 

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Uno de los avances más significativos de la industria del calzado fue la invención de la máquina de coser; su comercialización se realizaría a partir de la mitad del siglo XIX y con máquinas manuales de escasa rapidez e incluso dudosa precisión. Pero la evolución de la máquina de coser revolucionó la fabricación de prendas de vestir y también las de calzado. Quiere esto decir que hasta ese siglo XIX, los zapatos se cosían a mano. Nuestras aparadoras, que conocen perfectamente el oficio y saben de lo que estamos hablando, pueden valorar mejor que nadie  lo que supone coser todas las piezas de un zapato enteramente a mano con aguja y dedal, o hacerlo a máquina, aunque esta sea lenta, imprecisa en la puntada e incluso rudimentaria (como fueron las primeras). Todo se hacía a mano y por ello las producciones de las fábricas eran escasas y costosas, con un "cuello de botella" en el cosido que más adelante conoceríamos como aparado.

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Primera imagen publicada en la prensa sobre el inicio de los trabajos para la creación del Museo del Calzado. (La Verdad 20/1/1990) | Carlson.

O quizá debiera decir la última voluntad de la hija de un zapatero eldense. 

A través de este blog he ido relatando aquellos momentos que más huella han dejado en mis recuerdos de aquellos primeros años de preparación para hacer posible el Museo del Calzado. Hemos hablado de historia, de zapateros, de aparadoras y de todos los profesionales de la industria del calzado. También de fábricas y de personajes. Cada legado, cada adquisición o cada momento vivido, han ido dejando como si fuera una pátina de vivencias acumuladas unas sobre otras, que han conformado mi criterio sobre la industria zapatera y especialmente sobre la profesionalidad o la conducta de aquellos que hicieron posible este tránsito desde la actividad artesanal a nuestra industria actual. He tenido la inmensa suerte de, a través de esta labor de recopilación e investigación que me llevó a contactar con cientos de personas, poder contar hoy esas experiencias, unas más humanas, otras más históricas y todas extraordinariamente maravillosas.

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El Museo del Calzado de Elda contiene miles de piezas, unas expuestas y otras en almacén listas para ser sustituidas por otras para hacer el museo más atractivo y siempre renovado. En sus salas encontramos, desde maquinaria muy antigua (unas hechas en serie y otras por artesanos que las empleaban antes de inventarse las propias máquinas que realizaban determinados trabajos). Hay obras de arte, zapatos, documentos, utensilios y un largo etcétera que engloba cientos de títulos, medallas, fotografías (entre ellas las de oro de las exposiciones de París y Londres  conseguidas por Romero Utrilles en los albores del siglo XX), documentos de industrias, artilugios y muchas cosas que serían enormemente largo poder siquiera nombrar.

El valor de los fondos del Museo del Calzado se mide con criterios objetivos y subjetivos, es decir, por el valor inventariable como objeto al que necesariamente hay que sumar el valor intangible, sentimental, de antigüedad o de historia. Para que el lector se haga una idea comparativa ¿que podría valer actualmente un simple anillo de plata que perteneció a un periodo del Imperio Romano?. Es evidente que el anillo como tal y por el valor de la plata puede ser muy bajo, pero a ello hay que sumar el valor histórico, pero ¿y el valor sentimental?, este último valor es el más difícil de cifrar y, en muchos casos, el más importante a mi criterio.

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Historia del Calzado" de la colección Julio Vibot.

En Palencia capital, había un pequeño Museo del Calzado, propiedad de Julio Vibot, un zapatero que desde muy joven aprendió las técnicas zapateras, y tras la Guerra Civil (1936 - 1939), dedicó todos sus esfuerzos a lograr levantar de las sillas de ruedas a personas con grandes traumatismos en los pies. Preparaba hormas, pies simulados y plantillas, y su reputación fue extendiéndose por el país. Vibot abrió varias clínicas o consultorios, a los que acudía para tomar medida a sus clientes. Estuvo varias veces en Elda con motivo de las Ferias del Calzado, impartiendo más de una conferencia, igualmente dio charlas en varias universidades. Visité, cuando ni yo mismo imaginaba hacer un museo, aquel local palentino siempre lleno de visitantes. Vibot me transmitía sus experiencias y cómo empezar para hacer un espacio expositivo atrayente. Yo le expliqué los intentos en Elda por parte de la FICIA en 1964 y 1965 y el fracaso que supuso incluso abrir un estand con el nombre de "Museo del Calzado" en aquel 1965. Él me animaba y casi cada año acudía a visitarlo y a charlar sobre aquellas piezas maravillosas que contenía su museo. 

Julio Vibot nació en Cuenca de Campos, donde figura una placa en su casa de nacimiento. Fue reconocido por su amor al calzado y su trabajo. Cuando a finales de los años 80 le conté mi proyecto de un museo en Elda y quizás, un día, su colección pudiese llegar a nuestra ciudad donde se conservaría para siempre (pero esto no quería ni oírlo), él me decía que si un día tenía que desprenderse de su museo, lo donaría a la Diputación de Palencia, y así lo hizo. Vibot, dada su avanzada edad, cerró el museo e hizo la donación a la ciudad en la que había vivido desde la niñez. ¿Qué hacía una diputación con una amplísima muestra de zapatos en unas tierras en las que no existía tradición zapatera?, ¿donde lo pondrían? El museo se envió a un pueblo llamado Astudillo, en la provincia de Palencia, y se le encomendó a las monjas clarisas del Monasterio de Santa Clara; el convento conocido también por el Palacio de Pedro I, que está declarado Monumento Histórico Artístico.

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Monumento a la industria del Calzado ofrecido en el año 1972.

El prestigio de los pueblos se adquiere por diferentes motivos: su pasado histórico, su empuje económico como consecuencia de una industria puntera, su cultura, la monumentalidad de su casco antiguo e incluso por la importancia histórica de personaje que nacieron o vivieron en esas ciudades. Sin embargo ese mismo prestigio que cuesta décadas conseguir y con muchísimo esfuerzo, se suele perder todo o parte por acciones irreflexivas llevadas a cabo en un determinado periodo, sin el menor atisbo de respeto o agradecimiento a los que propiciaron hechos significativos en momentos de explendor.

En la provincia de Alicante hay  un colectivo muy numeroso y estratégicamente vinculado a la industria en general. Ese colectivo, en el año 1972, decidió homenajear a dos grande industrias de la provincia de Alicante que contribuyeron al desarrollo industrial de dos sectores importantes en nuestro país, me refiero al calzado y al textil. Con recursos propios, es decir, de los generados por aquellos colectivos de profesionales, se tomó el acuerdo de realizar un homenaje a la industria del calzado de Elda, decidiendo que fuese nuestra ciudad la que primero recibiese ese honor (el segundo, construido en Alcoy años después no solo perdura en el tiempo sino que el entorno se ha protegido y supone un alto honor para la ciudad). 

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Parece que estos días que celebramos el nacimiento de Cristo, invitan a reflexionar sobre cuestiones que se salen un poco de la materialidad del día a día. 

Del calzado se habla y mucho en los textos Sagrados de las Antiguas Escrituras. Basten algunas citas de las muchas que encontramos:

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Desde 2.000 a.C. a 44 d.C. la península arábiga fue habitada por pueblos semitas especialmente dedicados al pastoreo. Estos pueblos en la antigüedad ocuparon lo que se conoce como la Baja Mesopotamia, situado en las proximidades de la ciudad de Ur, que no eran otra cosa que los que procedían del otro lado rió Éufrates. Hacia el siglo XVIII a.C., cuando dominaba la primera Dinastía de Babilonia, este pueblo se trasladó desde Ur hasta Palestina, que antiguamente se llamaba Canaán. Probablemente ese desplazamiento se debía a la necesidad de obtener alimentos, pero también por la presión ejercida por los pueblos mesopotámicos. Su pueblo estaba constituido por un grupo de 12 tribus que hacia el 2.000 a.C. se asentaron en  Palestina, donde fundaron su ciudad propia y se dedicaban  a la cría de ovejas. Curtían cuero y calzaban un tipo de sandalias. Las que calzaban las mujeres tenían incrustaciones de metal, e incluso solían poner el nombre de las personas que lo calzaban, cuando la persona amada las regalaba; el nombre se colocaba en relieve en la parte de la suela y así a cada paso, se marcaba dicho nombre en los polvorientos caminos.

Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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