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Huestes del Cadí disparando | Ángel Vera.

A propósito de los almuerzos que se suceden a lo largo de estos meses de octubre y noviembre, en los que cientos de arcabuceros de todas las comparsas se unen en plena camaradería -citemos los de las comparsas de Realistas y Musulmanes y el de la Comisión de Alardos y Embajadas de la Junta Central-, me ha surgido la idea de profundizar en esta parcela de nuestra fiesta tan esencial en estas celebraciones de Moros y Cristianos.

Estoy seguro que la mayoría de nuestros arcabuceros actuales, que felizmente son muchos, nunca han pensado en lo que conlleva esta faceta festera de la que, a pesar de tantas trabas administrativas, disfrutan con pleno entusiasmo.

La teoría más difundida sobre el origen de nuestra fiesta de Moros y Cristianos es la de que nace de la llamada soldadesca, tan arraigada en muchos de nuestros pueblos desde el siglo XVII, que participaba en las procesiones y otros actos de acción de gracias disparando la pólvora en salvas con sus arcabuces.
Nuestra ciudad no se libra de esta soldadesca y de su actuación a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Estos son los antecedentes de nuestros actuales arcabuceros: En 1707, recién acabada la Guerra de Sucesión, ya aparece por primera vez un testimonio de la participación de esta soldadesca en la procesión de la Virgen de la Salud en el mes de septiembre. Dice el libro de Clavarias de ese año que se dieron 46 libras de pólvora a una compañía de soldados que dispararon en dicha fiesta. Es en 1723 cuando aparece, de nuevo en el libro de Clavarias, una acción de gracias por la lluvia a la Virgen de la Salud en mayo; y, por ello, se dieron 24 libras de pólvora a los que salieron a tirar en alarde.

En 1754, ante la visita a sus posesiones de esta villa del Conde de Puñonrostro y Elda, se celebró una fiesta y agasajo en su honor en la que se gastaron, entre otros, 1 libra y 10 sueldos de papel dorado para hacer las mitras de los soldados y una libra de pólvora para el ensayo y 50 libras de pólvora para la soldadesca y compañía de Granaderos que se formó para la fiesta. Dos años más tarde, en 1756, se cita otra procesión de acción de gracias a la Virgen tras una mortífera epidemia portando la imagen entre tronadoras salvas de arcabucería. Para esta procesión o alarde se nombró un capitán y un alférez, se hizo provisión de arcabuces -dos muy buenos para tirar de Villena- y se trajeron de Alicante 10 arrobas de pólvora.

Imagen de un arcabucero de los Zíngaros | Ángel Vera.

En el siglo XIX los testimonios de uso de pólvora que conocemos ya se refieren a la propia fiesta de Moros y Cristianos. Don Emilio Castelar, en su obra Recuerdos de Elda o las fiestas de mi pueblo, donde nos habla de unas fiestas de moros y cristianos que él vivió en su infancia y, con respecto a la pólvora y la arcabucería, nos dice que por el estruendo que armaban por cuarenta y ocho horas seguidas parecía que estaban en plena batalla, tal sonaban los arcabuces, las descargas, los cañonazos… Habla de las dos batallas y cómo ganaban los cristianos el segundo día ente el humo rojizo de la pólvora, el relampagueo de los fogonazos y de los tiros y el estruendo de las descargas.
En la crónica que el historiador eldense Lamberto Amat escribió en el periódico El Graduador de Alicante sobre una renacida fiesta de Moros y Cristianos en la entonces villa de Elda en 1864, que relata con todo lujo de detalles, nos dice el autor que las guerrillas y embajadas se celebran en los dos primeros días de la fiesta en el Alto de San Miguel con gran algazara de la multitud y atronadoras descargas de arcabucería.

Estudiantes durante un acto de disparo | Ángel Vera.

Finalmente hay otro testimonio de una carta fechada el 13 enero de 1879 en la que el Ayuntamiento de Elda solicita al Gobernador Provincial permiso para celebrar los días 16, 17 y 18 de enero la fiesta de Moros y Cristianos dedicada a San Antonio Abad con tiros de arcabucería.
Cuando en 1944 unos entusiastas y visionarios se lanzaron a la calle y pusieron los cimientos de lo que habría de ser nuestra fiesta, ya se produjo un primer alardo o disparo de arcabucería en honor a San Antón. Al siguiente año se implantaron las dos embajadas y sus correspondientes guerrillas que les preceden y así, hasta ahora, con sus altibajos y sus crisis estos actos tan característicos de nuestra fiesta han evolucionado de manera sorprendente en participación y esplendor. La fecha clave de resurgimiento de los alardos y embajadas fue la del año 1985 cuando se trasladó la ubicación del castillo a la plaza de la Constitución y las guerrillas discurrieron por las calles del centro de la ciudad.
Por todo esto creemos que la importancia de los arcabuceros en nuestra fiesta es enorme: los testimonios antes descritos y lo que histórica y culturalmente representa la arcabucería en la fiesta de Moros y Cristianos hacen que su participación en los llamados alardos o alardes, tanto como conmemoración de las batallas entre moros y cristianos en la llamada Reconquista como en honor y plegaria a nuestro santo patrón Antonio Abad, sea absolutamente necesaria e imprescindible.

Acerca del autor

Autor: José Blanes Peinado

Festero de la comparsa de Moros Musulmanes desde hace 50 años. He sido secretario, cronista y presidente de esta comparsa, presidente de la Comisión de Embajadas y Alardo y, finalmente, presidente de Junta Central desde 1995 a 2006. Actualmente ejerzo el cargo de cronista oficial de la Fiesta de Moros y Cristiano de Elda. Mi trayectoria, como puede verse, ha sido larga y yo diría que fructífera en los entresijos de la Fiesta y, además de trabajar por ella, he dedicado gran parte de mi vida a estudiar, investigar y opinar sobre los diversos aspectos de los Moros y Cristianos en infinidad de publicaciones especializadas, en diversos congresos sobre temas festeros y a participar en charlas, mesas redondas e incluso pregones en algunas poblaciones festeras de nuestro entorno. Por todo ello, pretendo compartir en este blog todas mis experiencias y estudios en este campo tan atractivo de la Fiesta con las personas que tengan alguna inquietud en este sentido y con los festeros en general, intentando inculcarles ese virus tan intenso que nos hace sentir y disfrutar esa gran representación festiva que es la Fiesta de Moros y Cristianos.

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