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El pasado 12 de febrero se celebró el Día Internacional contra el uso de niños y niñas soldados, término referido a cualquier persona menor de 18 años que esté o haya sido reclutada o utilizada por un grupo o fuerza armada en cualquier condición.

Un año más asistimos al triste espectáculo de un mundo que permite obligar a alrededor de 300.000 niños y niñas a servir bien como combatientes bien como auxiliares en tareas de intendencia y apoyo: buscar agua, alimento, cocinar, etc. bien en otras como la de convertirse en recompensa como esclavos y esclavas sexuales para quienes integran esos ejércitos.

Lamentablemente, el reclutamiento de menores es una práctica que persiste en numerosos conflictos armados con el fin de sacar provecho de algunas características inherentes a su condición de niños y niñas como la mayor facilidad de control, la indefensión, su adhesión y cumplimiento de órdenes sin cuestionarlas, su propia capacidad de mezclarse con la población civil o pasar desapercibidos y desapercibidas en tareas de vigilancia y espionaje, etc.

Se les secuestra. Se les separa de sus familias y se les priva de la educación que pudieran estar recibiendo. En otras ocasiones, los ejércitos y facciones se valen de su desesperación, de sus condiciones de vida miserables o del resentimiento hacia quienes ven como enemigos por haberles causado diferentes daños. En todo caso, a través de la fuerza bruta o de otros tipos de violencia, su niñez se ve mutilada de forma traumática.

Algunos ritos de iniciación en su nuevo uso les obligan a matar a miembros de su familia, con lo que se asegura que no puedan regresar a su lugar de origen y su desvinculación de la comunidad en la que se podrían apoyar para encauzar sus vidas. Con ello se ven apartados y apartadas no solo de su propio presente sino de cualquier posibilidad de futuro y de reinserción cuando el conflicto termine. De ahí una de las dificultades que se encuentran muchos programas orientados a la reeducación y rehabilitación tanto personal como académica y profesional.

Cuando por diversas circunstancias he tenido la oportunidad de hacer llegar al alumnado de nuestra zona este drama sufrido por gente de su misma edad, me ha dado la impresión de estar hablando de hechos y situaciones absolutamente ajenas a la realidad de unas clases y un entorno donde resultan poco menos que impensables. Con cara de sorpresa, como si estuvieran asistiendo a una película de ciencia ficción, se alzan de manera invariable algunas voces que preguntan ¿Eso pasa de verdad?

El hecho de que puedan tener lugar en países exóticos para ellos y ellas, en zonas del mundo empobrecidas, sobre las que parece imposible incidir, menos desde unas aulas demasiado apartadas no debe confundirnos ni habría de justificar su desconocimiento y la nula referencia en nuestra escuela a estas cuestiones contrarias, por otro lado, a los derechos humanos, derechos de todos y todas que a la vez implican un compromiso universal, también desde el ámbito educativo.

No podemos esconder esta realidad aduciendo falta de responsabilidad o una lejanía que tal vez no sea tanta. Trabajar el tema de las y los menores soldados puede servir para reflexionar sobre otros aspectos que nos atañen en un mundo mucho más global de lo que queremos pensar, sobre todo cuando tratamos de miserias y de injusticias. Nos puede llevar a pensar de dónde salen las armas que utilizan esos menores. No olvidemos, por ejemplo, que nuestro país es uno de los principales exportadores de estas. Nos puede  plantear preguntas en torno a los medios y el control de su tráfico o a los intereses geopolíticos y económicos que se involucran en los distintos conflictos armados.

Más allá de estas macrocuestiones, nos debería situarnos, algo fundamental en nuestro aprendizaje, frente a quienes sufren y a quienes se usurpa su derecho a convertirse en personas plenas, también despojándolas de su educación y sometiéndolas a unos procesos de destrucción de los que muchas no conseguiran escapar, incluso mucho después de que los conflictos en los que han participado se hayan convertido en historia.

 

Para saber más.

Guía didàctica sobre xiquets i xiquetes soldat. Amnistía Internacional Comunitat Valenciana i Escola Valenciana (en valencià).

Niños y niñas soldados. Red de escuelas por los derechos humanos. Amnistía Internacional.

Principios de París (2007)

Unidad didáctica. Amnistía Internacional Madrid.

Unidad didáctica. Coalición española para acabar con la utilización de niños y niñas soldados.

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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