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-EL DINOSAURIO TODAVÍA ESTABA ALLÍ-

Ángel González se movió como nadie entre los límites de los géneros.

Eso era amor

Le comenté: 
-Me entusiasman tus ojos. 
Y ella dijo:  

-¿Te gustan solos o con rimel? 
-Grandes, respondí sin dudar. 
Y también sin dudar me los dejó en un plato y se fue a tientas.

 

¿Quién podría decir que no estamos ante un microrrelato? En este texto confluyen los ingredientes propios del género: narratividad, diálogo, brevedad, un final insólito por imposible o la alusión clara a esa pregunta en un bar, dicha por el camarero tras pedir un café, de “¿sólo o con leche?”. Sin embargo, esta perspectiva coloquial no le resta fuerza a la idea, vigorosa aunque parodiada, de que el amor es ciego y por él podemos hacer cualquier cosa, hasta darlo todo quedándonos a tientas con nuestra sola confianza en él.

 Pues bien, es uno de los poemas de Ángel González que en libros como Prosemas o menos lleva la experimentación y los juegos de lenguaje al territorio fronterizo del poema con otros géneros narrativos, ensayísticos o hasta del lenguaje publicitario. El poema del asturiano está escrito del siguiente modo:

 

Eso era amor

 Le comenté: 
-Me entusiasman tus ojos. 
Y ella dijo: 
               -¿Te gustan solos o con rimel? 
-Grandes,  
                    respondí sin dudar. 
Y también sin dudar 
me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Veamos otro ejemplo interesante:

 Llaman a la puerta. Y espero a mi amor. ¡Ay, que todas las aldabadas me dan en el corazón!

 

Narratividad al inicio y emotividad después. ¿Un microrrelato? Bien mirado, pone el énfasis en ese estado emocional impaciente e inquieto durante la espera amorosa. Y ¿dónde está el final? En realidad este texto es anónimo y pertenece a la lírica popular cancioneril recopilada en el siglo XV y el texto es este:

 

Llaman a la puerta.

Y espero yo al mi amor.

¡Ay, que todas las aldabadas

me dan en el corazón!

El siguiente texto, de Leopoldo María Panero, ¿no es un microrrelato?:

El mejicano Julio Torri, un gran microrrelatista.

 

Blancanieves se despide de los siete enanitos

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

Contiene elementos propios del género como la brevedad o una alusión intertextual evidente. Pero la narratividad no lo es tanto, dado su efecto emotivo valiéndose de una descripción más propia de la prosa poética que del relato. He aquí otro poema titulado A Circe, del mejicano Julio Torri:

¡Circe, diosa venerable!

He seguido

puntualmente tus avisos.

Mas no me hice amarrar al mástil

cuando divisamos la isla de las sirenas,

porque iba resuelto a perderme.

En medio del mar silencioso

estaba la pradera fatal. Parecía

un cargamento de violetas

errante por las aguas. 


¡Circe, noble diosa

de los hermosos cabellos!

Mi destino es cruel.

Como iba resuelto a perderme,

las sirenas

no cantaron

para mí.

¿Un poema? Cualquiera diría que se trata en realidad de un microrrelato del propio Torri, mencionado por David Lagmanovich en su libro El microrrelato, Teoría e historia. Su versión real dice:

 

A Circe     

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas. 

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Desde luego en el texto hay una clara intención narrativa, pero escrito en verso -con un esquema rítmico perceptible- no nos resulta nada extraño. Lo que intento mostrar con estos ejemplos es que si bien los expertos se esfuerzan en delimitar los espacios propios de cada género, los textos no siempre cumplen sus dictados. Además, cada vez son más los escritores que experimentan y se adentran en esos territorios híbridos y esponjosos donde la poesía, el relato, el ensayo, la noticia, el artículo periodístico, etc. confluyen. Quisiera terminar mostrando un artículo de Juan José Millás, publicado en El País en el año 2000 y un año después en su libro Articuentos (artículo+ cuento), donde recoge varios microrrelatos como este, en el que lo real noticiable convive con lo psicoanalítico y la ficción más satírica y absurda es llevada al límite del delirio humorístico.

 

Lo real

Una chica estadounidense se tomó por juego una Viagra y tuvo una erección fantasmal. Pese a que los médicos han advertido que cuando el miembro permanece en tensión más de cuatro horas seguidas hay que acudir a un servicio de urgencias para evitar daños irreparables en el tejido de la uretra, la joven no fue al hospital hasta el tercer día, presa ya de unos dolores insoportables en el pene hipotético aparecido tras la ingestión de la pastilla eréctil. Dado que los facultativos no sabían cómo detener aquella erección inexistente, pasaron todavía unas horas preciosas antes de que al jefe de urología se le ocurriera proponer a la chica una eyaculación fantasmal para acabar con aquel caso de priapismo extravagante.

Juan José Millás, narrador y articulista, publicó Articuentos en 2001.

Los padres, que eran mormones, se opusieron a que la joven se masturbara, pues además de no estar de acuerdo con el onanismo en general, les parecía que éste podría ser más condenable si se practicaba con un miembro ilusorio. Un médico muy culto que había ese día de guardia intentó explicarles que el miembro masculino objeto de la masturbación es siempre imaginario, aun cuando se pueda tocar. Pero no hubo forma de sacar a los padres de sus trece y el hospital tuvo que conseguir una autorización del juez para proceder a la descarga imaginaria, en el caso de que haya alguna que no lo sea, cesando de inmediato los dolores de la joven y desapareciendo al instante el miembro falso, si hay alguno verdadero.

La noticia es que han congelado el semen quimérico obtenido de la eyaculación irreal y ahora pretenden fecundar con él un óvulo aparente para obtener un embrión fantasma. Si los fundamentos teóricos no fallan, podrían conseguir un individuo invisible. A mí, personalmente, me parece que eso no tiene ningún mérito. Lo novedoso a estas alturas sería fecundar a alguien real.

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Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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