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Calzado

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Uno de los avances más significativos de la industria del calzado fue la invención de la máquina de coser; su comercialización se realizaría a partir de la mitad del siglo XIX y con máquinas manuales de escasa rapidez e incluso dudosa precisión. Pero la evolución de la máquina de coser revolucionó la fabricación de prendas de vestir y también las de calzado. Quiere esto decir que hasta ese siglo XIX, los zapatos se cosían a mano. Nuestras aparadoras, que conocen perfectamente el oficio y saben de lo que estamos hablando, pueden valorar mejor que nadie  lo que supone coser todas las piezas de un zapato enteramente a mano con aguja y dedal, o hacerlo a máquina, aunque esta sea lenta, imprecisa en la puntada e incluso rudimentaria (como fueron las primeras). Todo se hacía a mano y por ello las producciones de las fábricas eran escasas y costosas, con un "cuello de botella" en el cosido que más adelante conoceríamos como aparado.

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Primera imagen publicada en la prensa sobre el inicio de los trabajos para la creación del Museo del Calzado. (La Verdad 20/1/1990) | Carlson.

O quizá debiera decir la última voluntad de la hija de un zapatero eldense. 

A través de este blog he ido relatando aquellos momentos que más huella han dejado en mis recuerdos de aquellos primeros años de preparación para hacer posible el Museo del Calzado. Hemos hablado de historia, de zapateros, de aparadoras y de todos los profesionales de la industria del calzado. También de fábricas y de personajes. Cada legado, cada adquisición o cada momento vivido, han ido dejando como si fuera una pátina de vivencias acumuladas unas sobre otras, que han conformado mi criterio sobre la industria zapatera y especialmente sobre la profesionalidad o la conducta de aquellos que hicieron posible este tránsito desde la actividad artesanal a nuestra industria actual. He tenido la inmensa suerte de, a través de esta labor de recopilación e investigación que me llevó a contactar con cientos de personas, poder contar hoy esas experiencias, unas más humanas, otras más históricas y todas extraordinariamente maravillosas.

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El Museo del Calzado de Elda contiene miles de piezas, unas expuestas y otras en almacén listas para ser sustituidas por otras para hacer el museo más atractivo y siempre renovado. En sus salas encontramos, desde maquinaria muy antigua (unas hechas en serie y otras por artesanos que las empleaban antes de inventarse las propias máquinas que realizaban determinados trabajos). Hay obras de arte, zapatos, documentos, utensilios y un largo etcétera que engloba cientos de títulos, medallas, fotografías (entre ellas las de oro de las exposiciones de París y Londres  conseguidas por Romero Utrilles en los albores del siglo XX), documentos de industrias, artilugios y muchas cosas que serían enormemente largo poder siquiera nombrar.

El valor de los fondos del Museo del Calzado se mide con criterios objetivos y subjetivos, es decir, por el valor inventariable como objeto al que necesariamente hay que sumar el valor intangible, sentimental, de antigüedad o de historia. Para que el lector se haga una idea comparativa ¿que podría valer actualmente un simple anillo de plata que perteneció a un periodo del Imperio Romano?. Es evidente que el anillo como tal y por el valor de la plata puede ser muy bajo, pero a ello hay que sumar el valor histórico, pero ¿y el valor sentimental?, este último valor es el más difícil de cifrar y, en muchos casos, el más importante a mi criterio.

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Historia del Calzado" de la colección Julio Vibot.

En Palencia capital, había un pequeño Museo del Calzado, propiedad de Julio Vibot, un zapatero que desde muy joven aprendió las técnicas zapateras, y tras la Guerra Civil (1936 - 1939), dedicó todos sus esfuerzos a lograr levantar de las sillas de ruedas a personas con grandes traumatismos en los pies. Preparaba hormas, pies simulados y plantillas, y su reputación fue extendiéndose por el país. Vibot abrió varias clínicas o consultorios, a los que acudía para tomar medida a sus clientes. Estuvo varias veces en Elda con motivo de las Ferias del Calzado, impartiendo más de una conferencia, igualmente dio charlas en varias universidades. Visité, cuando ni yo mismo imaginaba hacer un museo, aquel local palentino siempre lleno de visitantes. Vibot me transmitía sus experiencias y cómo empezar para hacer un espacio expositivo atrayente. Yo le expliqué los intentos en Elda por parte de la FICIA en 1964 y 1965 y el fracaso que supuso incluso abrir un estand con el nombre de "Museo del Calzado" en aquel 1965. Él me animaba y casi cada año acudía a visitarlo y a charlar sobre aquellas piezas maravillosas que contenía su museo. 

Julio Vibot nació en Cuenca de Campos, donde figura una placa en su casa de nacimiento. Fue reconocido por su amor al calzado y su trabajo. Cuando a finales de los años 80 le conté mi proyecto de un museo en Elda y quizás, un día, su colección pudiese llegar a nuestra ciudad donde se conservaría para siempre (pero esto no quería ni oírlo), él me decía que si un día tenía que desprenderse de su museo, lo donaría a la Diputación de Palencia, y así lo hizo. Vibot, dada su avanzada edad, cerró el museo e hizo la donación a la ciudad en la que había vivido desde la niñez. ¿Qué hacía una diputación con una amplísima muestra de zapatos en unas tierras en las que no existía tradición zapatera?, ¿donde lo pondrían? El museo se envió a un pueblo llamado Astudillo, en la provincia de Palencia, y se le encomendó a las monjas clarisas del Monasterio de Santa Clara; el convento conocido también por el Palacio de Pedro I, que está declarado Monumento Histórico Artístico.

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Monumento a la industria del Calzado ofrecido en el año 1972.

El prestigio de los pueblos se adquiere por diferentes motivos: su pasado histórico, su empuje económico como consecuencia de una industria puntera, su cultura, la monumentalidad de su casco antiguo e incluso por la importancia histórica de personaje que nacieron o vivieron en esas ciudades. Sin embargo ese mismo prestigio que cuesta décadas conseguir y con muchísimo esfuerzo, se suele perder todo o parte por acciones irreflexivas llevadas a cabo en un determinado periodo, sin el menor atisbo de respeto o agradecimiento a los que propiciaron hechos significativos en momentos de explendor.

En la provincia de Alicante hay  un colectivo muy numeroso y estratégicamente vinculado a la industria en general. Ese colectivo, en el año 1972, decidió homenajear a dos grande industrias de la provincia de Alicante que contribuyeron al desarrollo industrial de dos sectores importantes en nuestro país, me refiero al calzado y al textil. Con recursos propios, es decir, de los generados por aquellos colectivos de profesionales, se tomó el acuerdo de realizar un homenaje a la industria del calzado de Elda, decidiendo que fuese nuestra ciudad la que primero recibiese ese honor (el segundo, construido en Alcoy años después no solo perdura en el tiempo sino que el entorno se ha protegido y supone un alto honor para la ciudad). 

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Parece que estos días que celebramos el nacimiento de Cristo, invitan a reflexionar sobre cuestiones que se salen un poco de la materialidad del día a día. 

Del calzado se habla y mucho en los textos Sagrados de las Antiguas Escrituras. Basten algunas citas de las muchas que encontramos:

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Desde 2.000 a.C. a 44 d.C. la península arábiga fue habitada por pueblos semitas especialmente dedicados al pastoreo. Estos pueblos en la antigüedad ocuparon lo que se conoce como la Baja Mesopotamia, situado en las proximidades de la ciudad de Ur, que no eran otra cosa que los que procedían del otro lado rió Éufrates. Hacia el siglo XVIII a.C., cuando dominaba la primera Dinastía de Babilonia, este pueblo se trasladó desde Ur hasta Palestina, que antiguamente se llamaba Canaán. Probablemente ese desplazamiento se debía a la necesidad de obtener alimentos, pero también por la presión ejercida por los pueblos mesopotámicos. Su pueblo estaba constituido por un grupo de 12 tribus que hacia el 2.000 a.C. se asentaron en  Palestina, donde fundaron su ciudad propia y se dedicaban  a la cría de ovejas. Curtían cuero y calzaban un tipo de sandalias. Las que calzaban las mujeres tenían incrustaciones de metal, e incluso solían poner el nombre de las personas que lo calzaban, cuando la persona amada las regalaba; el nombre se colocaba en relieve en la parte de la suela y así a cada paso, se marcaba dicho nombre en los polvorientos caminos.

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Punteado de calzado en un taller de terminado.

A muchos lectores les parecerán extrañas las palabras "tallerico de terminado", especialmente a los más jóvenes. Yo mismo a alguno de mis hijos les he tenido que sacar de dudas para explicarles cómo se hacían los zapatos antaño y qué misión tenían los talleres de terminado, cuya importancia pocas veces ha sido reconocida en su valía.

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La aparadora. Oleo de Gabriel Poveda "Leirbag"

Hace unos días me encontré con un viejo amigo que fue "entachador" y excelente zapatero en varias fábricas de calzado de Elda, ese eldense llegtó a montar su propia empresa y ya jubilado le interesa, como a mí, todo lo relacionado con el calzado, su historia y su industria reciente. 

Hablamos de casi todo y en casi todo coincidíamos, sin embargo, nuestra conversación llegó a tocar el aspecto más entrañable y probablemente menos reconocido y agradecido como es el del aparado. La aparadora eldense (sirva esta denominación para aquellas personas que realizaban también los trabajos de rebajado, picado, doblado y naturalmente aparado) se caracterizó en una época más estricta, en la que el hombre por regla general no asumía apenas ningún trabajo doméstico, por contemporizar su tiempo en la casa y con los hijos, con los trabajos de aparado. Digo esto sin ánimo de menospreciar el papel del hombre en el hogar, porque el padre de familia, siempre en términos generales, estaba acostumbrado o educado, según se mire, a trabajar fuera de casa y era su esposa la que se dedicaba, en una gran mayoría, a lo que se llamaba "faenas domésticas", que hay que reconocer, suponía y supone una repetición de trabajos diarios, asumidos por lo que la sociedad de la época tenía por costumbre encomendar especialmente la mujer. Esto que antaño nos parecía normal, las nuevas generaciones tratan de igualar y observo a mis hijos, por ejemplo, que se reparten algunas funciones domésticas que en mi juventud eran impensables.

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Espectacular zapato de tacón de aguja exponente de máxima calidad.

Repasando vivencias personales y algunos escritos anteriores, constato que nuestro calzado de mujer es algo consustancial con la percepción que se tiene del buen zapato fabricado en Elda. Pero esto no siempre fue así. Antiguamente la calidad, en términos generales, estaba en las manos del buen hacer de los trabajadores de la empresa; los zapatos hechos casi de forma artesanal dependían, en lo que a calidad se refiere, de la profesionalidad de las aparadoras, zapateros etc, sobre los que no existía apenas ningún tipo de control ya que se esforzaban en aplicar sus propios controles para que el zapato fuese casi una obra de arte. En las muchas conversaciones que he mantenido a lo largo de mis visitas a fábricas, recuerdo una con el gerente de la prestigiosa industria de Antonio Porta, cuando la empresa estaba instalada en la actual Plaza del Zapatero. Recordaba que en los años posteriores a la Guerra Civil Española y previo a la Segunda Guerra Mundial, Elda atravesó uno de esos momentos de esplendor que se producían de "uvas a peras". Unos comerciantes de zapatos de los Países Bajos visitaron Elda y dejaron miles de pares de zapatos en pedidos repartidos por varias fábricas, en concreto a Porta le encargaron más de veinte mil pares de calzado de señora. Pero la calidad fue tan dispersa y tan mala, en algunos casos, que tras aquella prueba desaparecieron de la misma forma como habían llegado y nunca más volvieron a encargar zapatos en España.  

Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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