Aceptación vs conformismo

Personalmente he tardado algún tiempo en saber diferenciar aceptación y conformismo, a veces he caído en el error de confundirlas, he de decir que desde que supe diferenciar estas dos palabras y su significado mi conciencia cambió, ya que propició el cambio a la hora de afrontar las situaciones o adversidades que se presentan en mi día a día.
Cuando nos conformamos con lo que nos ocurre, nos resignamos a aceptar sin anhelar nada más, decidiendo quedarnos en ese espacio en el que podemos no sentirnos bien e incluso experimentar algún tipo de dolor, sufrimiento y en la mayoría de los casos nos impide ver una salida, lamentándonos de lo desgraciados que nos sentimos o en la mala suerte que hemos tenido en algunas situaciones que nos ha tocado vivir.
En el momento que aceptamos de una forma consciente, adquirimos una profunda comprensión sobre los procesos que vivimos, experimentando una evolución que lleva a una paz mental en la que podemos desconectar del sufrimiento, trasformando nuestra forma de mirar hacia delante, sintiéndonos seguros ante la toma de decisiones que nos ayudarán a seguir creciendo y transitar en la propia vida.
Cuando crezco en comprensión lo hago también en aceptación y cuando crezco en aceptación disminuye el sufrimiento.
Con mi corta edad he tenido que aceptar una realidad muy dura respecto a mi familia. La familia que había decidido formar, en la que había puesto toda mi ilusión, amor y expectativas, se detuvo por completo, como de una frenada en seco se tratase. El mundo se detuvo ante mis ojos, igual que un coche cuando circula a 140 km/h y debe detenerse en apenas una fracción de segundo.
Ante tal situación, tenía dos opciones: conformarme con el diagnóstico (tumor cerebral) que le dieron a mi hija con apenas 2 años y resignarme a vivir la vida que me había tocado vivir, o por el contrario aceptarla y actuar. Podemos preguntarnos ¿cómo se puede actuar ante una situación así? ¿qué podemos hacer nosotros ante una enfermedad para la que no existe cura y que puede avanzar caprichosamente? Pues bien, en mi caso acepte el diagnóstico, sin la búsqueda incesante y agotadora de culpables, sin hacerme preguntas para las que no existían respuestas y desterrando de mi vida la autocompasión, puesto que de no haber sido así, todo lo anteriormente descrito desembocaría en un estado de frustración y culpa permanente, y fue en ese preciso instante cuando acepté la realidad: El diagnostico dejó de hacerme sufrir, aunque no de doler. A día de hoy cuando pienso en ello, en ese diagnóstico, siento como si una flecha atravesase mi corazón, haciéndome sentir el más profundo escalofrío.
El dolor es inevitable, es la emoción ante un episodio, un hecho que ha pasado, mientras que el sufrimiento es optativo, es el propio dolor en bucle, el cual genera miedos, limitaciones y te puede generar incluso la creencia de una vida sin futuro.
Decidimos vivir y adaptar nuestra vida a la nueva situación familiar, totalmente distinta a la anterior, pero la anterior ya no existía por lo que, cuando hablamos de aceptar, nos referimos aceptar el presente, ya que el pasado ya no existe, aceptamos el AHORA y lo que pueda venir después, pero el pasado, como bien dice la palabra, ya se ha vivido.
Con toda esta situación modifiqué mi forma de ver y sentir la vida, en lo que se refiere a las expectativas que inconscientemente tenía sobre todo en general, por ejemplo: con mi marido tenía la expectativa adquirida de que envejeceríamos juntos en una casita junto a mar, en disfrutar de nuestra jubilación viajando cuando llegase el momento, con mi hijo lo visualizaba estudiando una carrera y siendo un gran deportista, con mi querida hija la imaginaba teniendo una relación como la que tengo con mi madre de total complicidad, la imaginaba convertida en una mujer fuerte e independiente y ¿cómo no? con éxito en la vida (al éxito lo llamo a una vida plena y feliz). ¿Quién me había dicho a mí que la vida se desarrollaría así? La vida se desarrollará como tenga que hacerlo y aceptaré lo que me depare, cuando haya episodios de felicidad los disfrutaré plenamente y por el contrario cuando haya situaciones o adversidades, me ocuparé de ellas.
Todas esas expectativas que había adquirido e idealizado de la noche a la mañana se esfumaron, esto hizo que tomase consciencia de lo siguiente: las expectativas que adquirimos en nuestra vida, en el caso de no materializarse, bien por factores personales o externos como ha sido en mi caso, provocarían un sufrimiento y gran decepción. Ahora he asimilado que, si vivo en el AQUÍ Y AHORA, no hay frustración por una expectativa no cumplida, hoy en día abrazo al presente y doy la bienvenida al futuro sea cual sea y aceptándolo.
Con todo esto, no quiere decir que ya no viviré con sueños, planes, objetivos y proyectos, ¡claro que los tengo!, pero visualizo mis proyectos teniendo claro que las expectativas es lo que creemos que va a ocurrir y los proyectos u objetivos que nos marcamos es lo que queremos que ocurra.
Me he marcado un objetivo principal en mi tránsito por la vida, lo que yo quiero que ocurra y no lo que me gustaría, que no es otro que voy a vivir feliz el resto de mi vida, rodeándome de la gente que me quiere y a la que quiero, aprendiendo de los que en un momento determinado se han cruzado en mi camino y por cualquier razón ya no estar en él. Pero el día que tenga que partir, lo haré sin miedo y teniendo la certeza que me encontraré con los que han partido antes que yo y esperaré en ese paraíso en el que me encuentre a los que he dejado atrás, pero los esperaré sin prisa ya que cada uno se va cuando llega su hora, ni antes ni después.
Mientras viviré en armonía y coherencia con lo que pienso, siento y hago, contribuyendo al bienestar de los que me rodean.
Proverbio Budista:
A lo que te resistes, persiste: Lo que aceptas, se trasforma

Hola soy Rosa, compañera en este viaje de aceptación que debemos afrontar ante la pérdida de un ser querido.
Tengo 42 años vivo en Elda, soy Guardia Civil. Parte de mi corazón está en Asturias, donde nací y me crie, pero desde que hace 8 años vivo en Elda, aquí me he sentido muy querida por su gente.
En julio de 2024 hemos tenido que enfrentarnos a una de las situaciones más dolorosa que pueden vivir unos padres, el dolor que supone la partida de una hija con apenas 4 añitos debido a una enfermedad silenciosa e implacable.
En este espacio pretendo compartir mi experiencia personal sobre la aceptación de las distintas situaciones sobrevenidas a las que nos enfrentamos en la vida, aportando una perspectiva distinta, basada en el amor y la aceptación, dejando de lado el sufrimiento y tratando de liberar las emociones que vayan surgiendo en nuestro camino, incluido el dolor que la partida de nuestra hija ha dejado en nuestras vidas.
La aceptación de lo ocurrido ha sido mi piedra angular para poder recuperar la ilusión por la vida.
He creado un blog semanal www.la sonrisadelasestrellas.es, donde cada martes compartiremos historias, consejos y recursos para ayudar a quienes hayan perdido a un ser querido a encontrar consuelo y esperanza en momentos difíciles.
Juntas compartiremos un camino que será más liviano, liberando cargas dejando ir todo aquello que nos hace daño, aprendiendo a vivir con el dolor de la perdida, para que finalmente se trasforme en amor
La aceptación de lo ocurrido ha sido mi piedra angular para poder recuperar la ilusión por la vida.