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El edil socialista José Manuel Orovio entró a los túneles bajo la Plaza de la Constitución en 1997 | Jesús Cruces.

Tras el bombardeo aéreo de la aviación nacional sobre Alcoy acaecido el 22 de septiembre de 1938 que ocasionó un importante número de víctimas, el gobernador civil de Alicante recomendó al Consejo Municipal de Elda (=Ayuntamiento), dada su condición de ciudad industrial con abundantes industrias bélicas en producción, una mayor eficacia en la construcción de refugios aéreos para la protección de la población civil; recomendando que los refugios fueran más numerosos aunque fueran más pequeños en vez de pocos y de gran capacidad con el fin de que la población civil encontrara lo más cerca posible la boca de un refugio.

Así, el 10 de octubre de 1938, el consejo municipal eldense asigna 100.000 pesetas a la construcción de refugios. Importante cantidad detraída la mitad de la reparación de edificios municipales y la otra mitad de gastos de urbanización de las vías públicas.

Vista del lugar donde se encontraba la boca de acceso al refugio antiaéreo del Altico de San Miguel.

Por la documentación sabemos que los refugios públicos fueron construidos en diversos lugares de la población, caso de las plazas de la Constitución y plaza de Arriba, enlazados por una galería capaz de albergar a 750 personas. Otro cerca del Matadero, por debajo del Altico de San Miguel que tenía una boca de salida en la Tafalera. Otro que se abría en la calle López de Vega, junto a Jardines, para dar servicio al Teatro Castelar. Y, finalmente, se inició otro en la actual calle González Bueno.

Frente a otras poblaciones que han puesto en valor alguna de aquellas construcciones subterráneas que formaron parte del sistema de defensa pasiva de la población, Elda no cuenta con ninguno visitable ni conocido en detalle. Únicamente conocemos su ubicación.

José Manuel Orovio, concejal del Ayuntamiento de Elda, en el interior de la galería de acceso al refugio antiaéreo de la plaza del Ayuntamiento, en julio de 1997.

 

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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