La diligencia pasa por Elda
La constitución del nuevo estado liberal, una vez terminada la guerra civil carlista (1833-1840)=, abolidas las instituciones del Antiguo Régimen y configurada la nueva estructura territorial del Estado en provincias (1833), conllevó la necesidad de comunicar Madrid, como sede del gobierno de la nación, con las capitales de provincias, donde se establecieron las diputaciones y los gobiernos civiles y militares de cada una de ellas. Para ello se inició un profundo programa de construcción de carreteras de nuevo trazado y diverso orden jerárquico que vinieron a modernizar el transporte terrestre a ruedas; al tiempo que se creaba la Guardia Civil (1844) como cuerpo de seguridad pública, de ámbito nacional y con un amplio despliegue territorial para entre otras funciones garantizar la seguridad en los caminos de personas y el tráfico comercial.
Será en este nuevo contexto territorial, político y de seguridad cuando se inicia el desarrollo y extensión, a amplia escala, del servicio de diligencias; entendido como el servicio regular de transporte de viajeros y correo entre dos poblaciones extremas mediante una ruta con itinerario fijo. Transporte realizado en un carruaje, de cuatro ruedas, que tomó el nombre del servicio que prestaba: la diligencia.
Será a principios del año 1845 cuando la “Compañía de Diligencias Generales de España” establece un servicio regular de comunicación por diligencia desde Alicante hasta Almansa y viceversa, en combinación con las que ya corrían de Madrid a Valencia y desde Alicante a Murcia y Lorca. Hay que recordar que la compañía de Diligencias Generales fue fundada en Barcelona en junio de 1818 estableciendo el primer servicio entre Barcelona y Madrid.
La villa de Elda será lugar de paso y parada de posta de esta ruta de 16 leguas (= 89 km). La “parada de postas” era un establecimiento en los caminos utilizado para el relevo de caballos, descanso de viajeros y transporte de correo. Estos lugares permitían cambiar los tiros de las diligencias cada dos o tres leguas, asegurando la continuidad del viaje. 
Por documentación histórica y por toponimia urbana conocemos que la parada de posta eldense se localizaba en la actual calle Antonio Maura. Calle que hasta el año 1881 se llamó “del Mesón”, siendo titulada entre 1881 y 1904 como “de la Esperanza”. Será en esta calle, en la parte de los números impares (del 11 al 19), donde desde el siglo XVII hasta el siglo XX, tenemos atestiguada la existencia del mesón de la villa que daba servicio y atendía a viajeros de medio y largo recorrido; ofreciendo comida, lugar de descanso y cambio de caballerías al servicio de diligencias. Será P. Madoz (1847) quien nos informe que “Las diligencias de Alicante a Almansa pasan por Elda donde se detienen a comer”. En este sentido, no debemos olvidar que por Elda también transcurría el camino real de Valencia a Murcia, siguiendo el itinerario: Valencia-Xàtiva-Fuente la Higuera-Villena-Elda-Novelda-Monforte-Elche-Orihuela-Murcia.
Sin embargo poco duró este servicio de diligencias para el transporte de viajeros entre Alicante y Almansa. A los trece años de entrar en funcionamiento, la llegada en 1858 del ferrocarril a Alicante supuso la primera y estocada final al transporte de personas en carruaje. La diligencia no pudo competir ni en velocidad, ni en rapidez, ni en capacidad de carga, ni en comodidad con el ferrocarril, como nuevo medio de locomoción y transporte de persona y mercancías. Ya nada sería igual que antes. Todo iba a cambiar con el ferrocarril, incluida Elda. Pero eso lo dejamos para otra crónica.


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