SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

Fundado en 1956
Visto: 4501
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp
La hermeroteca en al web nos permite acceder al día a día de los eldenses desde hace más de 60 años | Carlson.

Las hemerotecas constituyen un lugar privilegiado para asomarse al pasado y conocer de primera mano el día a día de los verdaderos protagonistas de la Historia, la gente normal y corriente. El semanario Valle de Elda cumplió 60 años el pasado mes de septiembre y por este motivo vamos a hacer un dibujo de cómo era Elda en 1956-1957, es decir, durante el primer año de vida de la publicación, siguiendo el día a día de la ciudad a través de los números editados en ese periodo. Todos ellos están escaneados en la hemeroteca digital de la página web valledeelda.com, de manera que con solo un click podemos bucear en el pasado y conocer no solo las noticias que marcan la puesta en marcha de una ciudad que va saliendo de la postguerra y experimenta un rápido crecimiento gracias a la industria del calzado, sino los asuntos que han preocupado a los ciudadanos de Elda, especialmente a través de las secciones de Correo de Valle de Elda –equiparable a Cartas al director-, así como en las columnas de los redactores. 

Asistiremos a la renovación de las redes del agua potable, de alcantarillado, de electricidad, de la aparición de los primeros guardias y del transporte urbano, comprobaremos la construcción de cientos de viviendas o nos asomaremos al nacimiento de instituciones tan asentadas como el Centro Excursionista Eldense. No obstante, prestaremos especial atención a las opiniones de los redactores y de los propios ciudadanos en torno a un pueblo en el que todo estaba por hacer, porque estas informaciones no figuran en los libros de Historia y son, como las vitrinas de los museos arqueológicos que contienen los útiles de la vida cotidiana, las que más información nos dan. Es probable que los mayores reconozcan muchas cosas y que los jóvenes se queden sorprendidos por el gran cambio que ha dado Elda.

¿Cómo eran las fiestas de Moros y Cristianos?, ¿y las de Fallas?, ¿qué deportes se practicaban?, ¿de qué manera se divertía la gente?, ¿cómo fue el proceso de la transformación de pueblo a ciudad? La hemeroteca da respuesta a estas preguntas y muchas más, pues recoge la intrahistoria de la ciudad, pero además, deja muy clara la intención de Alberto Navarro y sus colaboradores al plantearse crear el semanario Valle de Elda, como manifestaron en el saludo de la primera página del número 1, que vio la luz el 1 de septiembre de 1956: “Aquí estamos, manos a la obra, convencidos de que Elda merece tener su propio órgano de opinión, portavoz de sus problemas y afanes y defensor de sus intereses; medio de comunicación leal y constructiva entre el Municipio y sus administrados; reflejo fiel de la vida eldense toda”. Pero Valle de Elda se marcó además la tarea titánica para sus escasos medios de contribuir al desarrollo de la ciudad y a la formación de sus ciudadanos, de manera que semana a semana buscó con ahínco, como se dice más abajo, el que será el objetivo fundamental del medio: “Lucharemos por estimular la continua progresión y encumbramiento de Elda; por corregir sus defectos y mejorar sus posibilidades de gran ciudad”.

 

La primera portada

Precisamente esta primera portada dice mucho de lo que será el periódico, donde le ofrecieron un espacio al alcalde entonces, Joaquín Campos, para que expusiera los problemas municipales de la ciudad y su planteamiento para resolverlos –tarea que esquivará diciendo que ya lo había hecho en la revista de Fiestas Mayores Alborada-; recoge también dos noticias deportivas, una sobre el fútbol y otra de la prueba ciclista en Fiestas Mayores; y, como curiosidad, la nota de sociedad “Furor nupcial” con foto de Basilio sobre ocho parejas que se casaron a la vez en la iglesia de Santa Ana días atrás.

Antiguo Mercado de Abastos Municipal de Elda.

En las páginas de Valle encontramos numerosas noticias oficiales del Ayuntamiento en las que comprobamos que Elda era una pequeña ciudad con un presupuesto anual de siete millones de peseta -sobre 42.000 euros-, donde la subasta del servicio de la recogida de basuras fue por solo de 75.000 pesetas -unos 450 euros-, que necesitaba con urgencia un nuevo edificio de Correos y Telégrafos -por lo que el pleno aprobó ceder los solares de la antigua fábrica de los Bellod-, y que tuvo que diseñar un Plan de Alineación y Ensanche que permitiera sustituir las casa bajas por edificios. Por el contrario, también constatamos que el Consistorio finalmente no llevó a cabo el anunciado Campo de deportes con pistas de tenis, baloncesto, atletismo y piscina, posiblemente confiado en que este papel lo haría el Centro Excursionista Eldense.

Sin embargo, no deja de sorprendernos que algunas cosas hayan cambiado tan poco en la ciudad como la presencia de la clandestinidad industrial que fue el tema central de la asamblea de los fabricantes de calzado celebrada en el cine Rex convocada por el Sindicato de la Piel.

El periódico hace un seguimiento minucioso de la construcción de los grupos de viviendas de iniciativa pública como Las Trescientas, el Grupo Virgen de la Cabeza o las 50 viviendas del Grupo Luis Batllés. También da cuenta del increíble esfuerzo que realizó Gabriel Bustos para levantar el barrio San Francisco de  Sales, y anuncia el primer edificio en la calle Jardines con seis alturas, con el titular a toda página “Elda se eleva”. Esta expansión obligará, entre otras cosas, a instalar dos buzones del servicio de Correos en sendos puntos “alejados del casco urbano”: uno frente a la fachada del Mercado de Abastos y otro en la Avenida de Chapí.

Algunos de los nuevos edificios se iban levantando sobre antiguas fábricas como la de Pedro Bellod. Ello le hará decir a Alberto G Amat que siente lástima por el derribo de la fábrica de Rodolfo Guarinos y, sobre todo de su reloj, por lo que pide que se traslade a la iglesia de la Inmaculada, que carece de uno, pues “Durante la Guerra Civil, desaparecida la Iglesia Parroquial, la torre central de la fábica de R. Guarinos, con su reloj luminoso, acompasó la vida ciudadana y este reloj fue, de hecho y derecho, el reloj del pueblo”.

 

Entre el pueblo y la ciudad

El periódico refleja una ciudad que presenta agudos contrastes con viejas infraestructuras frente al progreso económico que va trayendo el auge del calzado. Las quejas de los lectores en la sección “Correo de Valle” son muy significativas, como la que habla del cruce de conversaciones telefónicas porque las operadoras se confunden a menudo con las clavijas; de que los carros que recogían la basura iban dejando un reguero de suciedad por donde pasaban o, también sobre la limpieza, la carta de una ciudadana sobre la ausencia de un “recipiente” donde los niños tiraran los papeles de las golosinas. Lo más curioso de este escrito es que no utiliza la palabra “papelera” porque no debía existir como tal. Otros lectores se quejarán de que le venden huevos de pato por los de gallina, de la cantidad de gatos que andaban sueltos por las calles o de la mala imagen que daba a los visitantes la entrada a la ciudad desde Villena pues se veían las ruinas del antiguo manicomio.

Los autobuses urbanos constituyeron una gran novedad.

En el mismo sentido, hay noticias hablan por sí solas como la del accidente del autobús de línea Madrid-Alicante, que “colisionó con un carro conducido por caballerías que circulaba en dirección contraria porque un caballo se espantó y asustó a los otros dos, resultaron muertos dos animales y con daños de importancia el autobús”, o las críticas por las largas filas de carretillas estacionadas en las calles a pleno sol repletas de los artículos de las fábricas. De la carestía económica de la época da cuenta la nota del propio alcalde, que utilizó el semanario para tranquilizar a la ciudadanía ante la alarma generada por el anuncio del desabastecimiento de carne, azúcar y aceite.

Una mención especial merece el capítulo de demografía, con los nacimientos, matrimonios y defunciones, que constituye una verdadera cantera de datos para estudiar la evolución de la población. Llama la atención el elevado número de nacimientos, así como la edad de los difuntos, muy por debajo de la media actual, como se ve en una de las semanas, en la que los fallecidos tienen 23 meses, 22 meses, 41 y 51 años. En la misma página figuraban las misas, que se limitaban a las dos parroquias existentes, Santa Ana y la Inmaculada, y la capilla del antiguo Hospital.

Entre los sucesos luctuosos figura la noticia del primer agente comercial fallecido, Antonio Vera Romero, que recibe de la Agrupación Sindical de Viajantes y representantes una ayuda para su viuda.

Pero si existe una sección capaz de hablar del pueblo que éramos es la de “Sanciones” que imponía la Guardia Municipal, como las 250 pesetas de multa a nueve comercios de ultramarinos por tener los pesos desnivelados; por gamberrismo escandalizando en la Plaza de Toros, cien pesetas; por vender patatas a un pecio superior al de la tasa, a 100 pesetas; por amasar cemento en calle asfaltada, 25 pesetas; o cinco multas por vender leche aguada, con una sanción de 100 pesetas cada una.

Por sorprendente que pueda parecer, los pequeños apartados ocasionales como «Objetos perdidos» son los que más nos ayudan a configurar cómo era la actividad industrial de la ciudad y su deficiente organización hace 60 años, como este “Aviso: en la Calle Fal Conde 7, se halla depositado un zapato de señora ya terminado, con su horma”, o este otro más extenso comunicando que en el retén de la Guardia Municipal situado en los bajos del Ayuntamiento se encuentran recogidos numerosos objetos desde “cortes aparados y sin aparar, zapatos completos sin usar (algunos con horma dentro), hormas, pegamento de suelas, de cartón o “serraje”, troquelado, rebecas, bolsos, guantes, gafas y una cartera escolar de niño con material escolar y libros”.

 

Más curiosidades

Curiosidades encontramos muchas como una noticia que reproduce una nota aparecida en el diario Información, de un tal Juan Sirvent que vive en Francia y busca parientes en Elda para dejarle su fortuna, pues no tiene hijos. O la visita de la esposa y la hija “del embajador USA” quienes, de camino hacia Madrid “desde Ifach”, pasaron por Elda y comieron en el Hotel Sandalio, lo cual merece una reseña en el semanario.

Noticias que dan cuenta del pueblo que era Elda son, por ejemplo, la que aparece en primera página en una ocasión sobre los nuevos precios de las barberías, si bien el presidente del gremio de Peluqueros, Francisco Martínez, tranquiliza a los lectores diciendo que “el afeitado corriente no experimentará absolutamente ninguna variación y únicamente se subirá el retoque de cuello, el corte de pelo y todo aquello en lo cual entre el peine y la tijera” ya que el gremio fijó un promedio de tres servicios por hora, que “en otros pueblos podrían ser 5 o 6 servicios, pero en Elda no, porque al cliente le gusta ir muy bien arreglado y hay que esmerarse mucho para que quede a plena satisfacción”. Por otra parte, tenemos la conmovedora carta del limpiabotas José Carpena que escribe:

Entrada a Elda desde la antigua carretera general de Alicante.

“A las buenas madres de Elda: a ustedes me dirijo con todos mis respetos, y las comunico que desde el día 31 de julio soy padre de un hermoso niño (Dos nos ha premiado, a mi señora y a mí). Por este motivo me dirijo a ustedes para rogarles, que si tienen alguna ROPICA vieja de sus hijos, que no la usen, se acuerden de este nuestro hijo, ya que mi trabajo de LIMPIABOTAS no me permite equipar a mi nene con las cosas más necesarias. No les pido DINERO, soy joven y quiero trabajar, y trabajo en la PELUQUERÍA VERA (Calle Generalísimo), donde puede enviarme alguna ropica para mi hijo. Les doy las gracias anticipadas. El limpiabotas, José Carpena”.

Los pasos agigantados hacia la modernidad que está experimentando Elda incluyen el inicio de la sociedad de consumo, que se refleja en el interés de los ciudadanos por el mundo de la moda, como critica un observador Francisco Tetilla. Eduardo Navarro lamenta, a su vez, la marcha de españoles al extranjero cuando comenta los anuncios que exhibía la pizarra instalada de la calle Jardines animando a la emigración de obreros a Francia y Bélgica.

Entre las noticias positivas, otro artículo del periódico se felicita por la nueva Casa de Socorro que prestará servicio sanitario urgente en el Hospital Municipal ante el peligro que trae “la vida moderna con su aumento de la circulación rodada, el enorme contingente de motos, scootters y además ingenios que pululan por nuestras calles”.

El cambio radical que iba sufriendo Elda llevó a la publicación de artículos de varios lectores  añorando sus juegos de infancia en el río Vinalopó, en el Arenal de Petrer o un relato de Juan Madrona evocando el recuerdo de Manuel Martínez Lacasta soltando globos para los niños.

 

El cine y el fútbol

Los ciudadanos de Elda tenían a mediados de la década de los 50 dos distracciones los fines de semana: ir al antiguo campo de fútbol para ver un partido del Deportivo Eldense o la Unión Deportiva, o asistir a uno de los seis cines que proyectaban películas los sábados, domingos y lunes a las 19 y las 22:30 horas. El colaborador Francisco Tetilla resume estos dos posibles planes con gracia en su crónica deportiva, parodiando a su vez el Tenorio eldense:

“¿No es verdad, ángel de amor,

que sin ir a merendar

al Cantó o al Castelar

vemos el cine mejor? (…)

Tu belleza me cautiva

y siempre estaremos juntos

porque vas ganando puntos

como la Unión Deportiva”.

Por increíble que hoy nos parezca, Elda contaba con seis salas de cine que ofrecían sesiones dobles o una única película si se trataba de un rabioso éxito internacional en tecnicolor. En verano los cines acondicionaban terrazas al aire libre, y se sumaba también la plaza de toros, con títulos que cambiaban todos los días, para ir después de cenar y los hombres a fumarse un cigarro, según cuentan las crónicas. Los domingos de invierno era especialmente difícil conseguir localidades, por lo que un ciudadano pide más salas de espectáculos. 

Los lectores escriben numerosas cartas al Valle quejándose de los cines en aspectos como la impuntualidad en las proyecciones, la incomodidad de las butacas de madera, escasa la profesionalidad del  acomodador -que iluminaba las caras y no los pies-, los gritos de “los gamberros” que entran tarde, la poca visibilidad de las nuevas pantallas -que quedan tapadas en parte por las columnas al ser más grandes-, las personas que no hacen caso de la prohibición de consumir las meriendas en el cine, o el escaso tiempo de ventilación de quince minutos entre sesiones. 

La Calle Nueva con el alumbrado recíen instalado en 1957.

De vez en cuando llegaban a la ciudad compañías de teatro que actuaban en los cines o instalaban sus carpas ambulantes para ofrecer comedias, género que resultó desbancado por la revista, muy a pesar de los redactores de Valle de Elda.

No obstante, los ciudadanos empezaban a salir de la ciudad los fines de semana de verano y en el artículo “Éxodo veraniego”, el articulista destaca la “inenarrable” estampa de los eldenses aglomerados “ante las agencias de viajes, estación de ferrocarril y salida de líneas de autobús hacia las playas cercanas”.

El periódico nació siendo un medio muy modesto que no rebasaba las diez páginas y en el que además de la actualidad municipal y la cultura, el deporte ocupaba una tercera parte de cada número, especialmente la información sobre el fútbol, sobre todo del primer equipo, el Club Deportivo Eldense, seguido de la Unión Deportiva con secciones como “Tiros desde la general” y “Serpientes de verano“ de Pedro López Carpintero, “De caseta a caseta” de Vicente Valero, “El duende del parque”, pseudónimo colectivo, o “Lo que el viento recogió” de Francisco Crespo. Pero también anunciaba las competiciones locales en “Fútbol Modesto” y cubría otros muchos deportes con espacios más reducidos. 

 

Múltiples deportes

El Balonmano tenía un espacio fijo, en un interesante año para el Pizarro con su ascenso a Primera División, aunque sorprendentemente fuera desconocido para el gran público, como certifica Paco Crespo, quien habla de “la indiferencia o el desconocimiento general”.

El Club Ciclista Eldense es uno de los más veteranos de la ciudad, fundado en 1935, que ya había organizado hasta 1956 más de cien pruebas ciclistas de todas las categorías y en 1957 pasó de 30 socios a más de cien.

El boxeo se cubre con un interés especial, y ya en el número 3 de Valle de Elda, Pedro López entrevista a Gali, uno de los más firmes valores del boxeo local. Especial atención merece el descubrimiento del “coloso Guillén, con más de 80 kilos de peso y una pegada escalofriante. No tiene noción de las más elementales reglas del boxeo, mas si se le prestara atención…”, a cuya carrera se le hace un exhaustivo seguimiento desde que ganara la final del Campeonato Regional de aficionados en la Plaza de Toros tras vencer por K.O. a Pérez, también eldense.

 El Club de Ajedrez Ruy López, que cumple 75 años en 2016, también tiene su espacio en este primer año del semanario, con información de las partidas que jugaban y de sus reuniones, todo ello en el Bar Negresco. Como dato curioso, mandan un abrazo a dos miembros del club que emigraron a Argentina, José Mora y Felix López.

El baloncesto cuenta con una columna semanal, aunque “está en estado comatoso, pero ahora hay novedades, se están entrenando muchas chicas para formar varios equipos femeninos”, afirma Francisco Crespo, quien insiste en que Elda no apoya a sus equipos. Casi toda la información de este deporte se refiere a los equipos de Petrer.

La reseña pionera sobre el montañismo en el semanario es de un miembro del Centro Excursionista Eldense en ciernes, que aparece bajo el título “Una excursión” “al Puig y Maymó”, donde se afirma que cuatro de los deportistas de Elda fueron hasta allí en moto y otros dos “a pie por hallarse en magníficas condiciones físicas”.

La primera mención sobre el tenis aparece en un artículo donde un lector se queja de que el fútbol copa el periódico y llama la atención sobre otro deporte “que no ha conseguido la fuerte popularidad de otros, pero que llegará a conseguirla: el tenis” y menciona, como dato curioso, que el único campo de tenis es privado y está en casa de campo de don Luis Bel.

El Semanario contraba con secciones fijas como esta de Francisco Crespo.

Sobre el motociclismo, una entrevista a Pascual Batllés Juan, delegado de deportes del Moto Club, con dos fotos de las modernas instalaciones, recuerda que esta entidad organiza una prueba de motociclismo en Fiestas Mayores.

Los nuevos guardias urbanos se dedicaban sobre todo a dirigir el tráfico.

Valle de Elda da cuenta en este primer año de otros deportes como la Gran Tirada Regional de Tiro al Plato organizada por la Sociedad de Cazadores eldenses en su campo de tiro “Santo Negro”, que repartía 2.000 pesetas en premios, o los partidos de pelota con “excelentes pelotaris de la región valenciana, entre los que está el petrerense “Tisteta”. Aparece, por otra parte, una cita del 9º Concurso Provincial de Colombicultura en el que el eldense Francisco Milán ganó con su palomo “Machín” el segundo premio. 

 

Deportivo Eldense y la Unión Deportiva

En torno al Deportivo Eldense corrieron ríos de tinta sobre dos temas: el discutible apoyo de la afición al equipo, especialmente de las peñas -Peña Pro-Ayuda, Peña Jardín Castelar y Peña Eldense-; y los continuos problemas económicos que presentaba el club, siempre desde la pasión con la que viven los periodistas especializados el deporte rey. Era el primer año del Eldense en Segunda División y las dificultades para afrontar el pago de los sueldos de la plantilla y sus viajes eran más que evidentes. El semanario publicó durante muchas semanas entrevistas a sus jugadores en lo que fue la época dorada con figuras como Fustero, Grande, etc. 

Pedro López “Carpintero” escribe una encendida respuesta titulada “En defensa de la verdad” a un artículo de un tal JMA de la semana anterior, quien había arremetido contra la directiva y los jugadores del Eldense por no pelear los partidos: 

“No tendremos un equipo de gran clase, pero de coraje y amor propio y sentir los colores que visten, en esto no es superado en todo el grupo en el que militamos (...). Después de una derrota, pocas veces les has visto por las calles de nuestra ciudad; marchan a sus casas disgustados (...). Sí amigos, nuestros jugadores no siempre pueden deshacerse el nudo de las botas porque las lágrimas se lo han impedido”.

Las divertidas viñetas de Pascual Amat con su “Humor deportivo” o la ironía de “Carpintero” desde su sección “Tiros desde la General” rebajaban la tensión.

El Juzgado pasó de Monóvar a Elda.

Por otra parte, en Elda existía otro equipo importante, el Unión Deportiva, que militaba en Tercera División, y sus dificultades económicas no eran menores: “Y la unión a la cabeza. Cumpliendo todos, cobrando poco, sin fama y sin nada; pero ahí está”, decía con gracia “Carpintero”. Ya en el primer número de Valle de Elda, Vicente Valero entrevista a los presidentes de ambos clubes, a Luis Cremades por el CD Deportivo y a Emilio Ortiz por la Unión Deportiva Eldense. La imposibilidad de que Elda pudiera afrontar los gastos de dos equipos importantes hizo que desde el semanario se abogara por la fusión de ambos en uno solo.

Ya en el primer número se anuncia un concurso deportivo entre los lectores –para financiar el periódico, patrocinado con dificultades por el comercio local- para acertar el resultado de los encuentros que jugaban ambos clubes en sus respectivas competiciones.

Un apartado que merece una atención especial es el de “Fútbol modesto”, que da cuenta de los encuentros de los equipos de aficionados en campeonatos locales, con nombres como Club Deportivo Calvario, Unión Deportiva San Antón, Real Iglesia, Club Deportivo Vergel, CD Huracán o CD Ciclón.

 

La presencia de Petrer

Petrer está presente desde el primer número en Valle de Elda y su actualidad deportiva, concretamente el fútbol y el baloncesto, se cubre semanalmente. La buena sintonía con la localidad vecina es clara desde el principio, de hecho, en las Fiestas Mayores de octubre de 1956, el periódico habla de la “enfervorizada adhesión de sus hijos de Elda” a la patrona de Petrer.

A pesar de que existía cierta distancia física entre ambos núcleos urbanos, en las actividades culturales se diluían las fronteras. Antonio Collados alaba la actuación de la Unión Musical en Petrer, junto con la Coral Crevillentina, donde se agotaron las entradas, debido, entre otras cosas, a la asistencia de público de Elda. Por su parte, en el semanario se recuerda que la Biblioteca Municipal de Elda cuenta con numerosos socios de esta población y una sección dedicada a Petrer.

Los fundadores de Valle de Elda mantenían una estrecha amistad con el gran poeta de Petrer Francisco Mollá, quien en casi todos los números publica un poema, y en menor medida artículos como el titulado “Elda y Petrer” en primera página, donde recuerda que antes “tener novia en el otro pueblo era un heroísmo; y trasladarse de noche, una temeridad”, y se felicita porque “los pueblos han ido acercándose uno al otro hasta haberse dado las manos”. 

 

Avanzados para su tiempo

Tanto los redactores como algunos de los lectores de Valle de Elda nos sorprenden por sus ideas avanzadas para su tiempo. La persona con más visión de futuro fue, sin duda, Alberto Navarro, quien pide, por ejemplo, que Elda imite la ciudad italiana de Vigevano que contaba con un Museo del Calzado y un Monumento al zapatero. También demandará una Casa de la Cultura adelantándose más de 20 años a su construcción, mientras que en “Elda y el turismo” lamenta que Elda se quede fuera del circuito nacional del incipiente turismo que está surgiendo en el país, por lo que propone que se publicite nuestro único atractivo, que para él constituyen las fiestas de Moros y Cristianos y, como condición ineludible, demanda que se cree la comparsa de Cristianos, que no existía aun. Por otra parte, un incendio en la fábrica de calzado de José M Batllés da pie a que pida un servicio contra incendios en la ciudad. Tanto él como el semanario se mostrarán siempre entusiastas defensores de la apertura de una emisora de radio local, que luego sería Radio Elda.

El poeta petrerense Francisco Mollá merece una atención especial, no solo por la calidad de sus poesías y relatos, sino por su modernidad, sobre todo, cuando valora el papel de la mujer. En una de sus colaboraciones habituales pide que si se realiza un Monumento al zapatero, se ponga al lado el de la aparadora. También mandará un moderno mensaje ecologista y sensible a la naturaleza en “Hermano árbol”.

Por su parte, el lector A. José lamenta el maltrato animal en la cucaña de San Antón donde se colocaba un gallo vivo, “me consta, naturalmente, que seré tildado de sensiblero y pusilánime. No me importa” concluye, mientras que Romero Ibáñez, propone crear zonas verdes en el río y celebrar el Día del Árbol, así como limpiar el Castillo.

Los redactores de Valle de Elda eran lectores habituales de periódicos nacionales y estuvieron al tanto de las noticias que podían beneficiar a la ciudad, como en agosto del 57, cuando instan al alcalde a hacer la solicitud de un Juzgado de Primera Instancia aprovechando la nueva legislación, y recuerda que el letrado eldense Antonio González Vera ya lo intentó hacía 25 o 30 años sin éxito.

Cuando los lectores escriben alarmados sobre los cortes de agua, el semanario elabora un amplio reportaje de investigación para aclarar que se deben a la nueva canalización del agua potable desde los pozos de Salinas para obtener el doble del caudal, valorada en un millón de pesetas -6.000 euros-. Es llamativa, además, la elevada cantidad del préstamo de cinco millones de pesetas 30.000 euros- concedida por el Servicio Nacional de Crédito Agrícola para la compra de dos pozos en Villena y la canalización hasta aquí de esta agua de riego, una noticia que Valle anuncia a toda página con el titular “Elda volverá a ser un vergel”. 

Últimos A fondo con...

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir