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Manuela observa desde su ventana a los animales que mataron a León | Jesús Cruces.

Manuela Vergara, de 68 años, paseaba a León, el yorkshire de su nieta, en el Peri, en la zona junto al puente de Monóvar, cuando notó que por la espalda llegaban grandes perros corriendo en su dirección. Con gran susto se dio cuenta que querían atacar a León y por eso lo alzó y lo protegió entre sus brazos. Con el susto en el cuerpo comenta que los tres perros la atacaron a ella primero, provocándole moratones y arañazos hasta que no pudo sostener al animal y se lo arrebataron. León había sido un regalo para su nieta tras el fallecimiento de su madre, por lo que el animal estaba muy ligado a la niña y a toda su familia.

Una vez en el suelo, los perros comenzaron a morder a León, Manuela explica que mientras uno le agarraba la cabeza, los otros le mordían por todo el cuerpo. Indica que su dueño llegó con parsimonia y que aunque ella gritaba y el perro agonizaba, nada hizo porque los perros se detuviesen hasta que León quedó desmadejado en el suelo. Manuela recuerda con angustia cómo "una de las mordeduras le provocó una herida al perro en el estómago, por la que se le veía una tripa".

Fue entonces, con León en el suelo y desmayado, cuando el dueño de los tres grandes perros metió su dedo en la boca del yorkshire para provocarse un pequeño rasguño que utilizó para decir que el perro lo había atacado a él, según indica Manuela, quien le preguntó con indignación: “¿Qué está haciendo usted? El perro está inconsciente”.

El revuelo provocó que varios vecinos llegaran en su auxilio, pero nada pudieron hacer. Al ver el estado del perro Manuela llevó rápidamente al animal al veterinario, quien lo operó, pero León no despertaría más. Se lo llevaron a casa tras la operación con el compromiso de vigilarlo, como así hizo Manuela, quien debido al susto no podía dormir. A las 2 de la madrugada, León dio su último suspiro, cuando solo tenía tres años de vida. Ella tuvo que ir a urgencias, aunque su mayor daño es el psicológico.

Manuela ve a estos perros a diario y lo hace con pena, pues desde su ventana puede observarlos en el espacio en el que viven, para ella “son animales y no tienen la culpa de nada, somos los humanos quienes debemos ser responsables y evitar que estos perros paseen sin correa y sin bozal”.

La Policía Local y Nacional acudieron al veterinario y al lugar de los hechos, Manuela ha interpuesto una denuncia por lo sucedido con el objetivo de que “esto no le vuelva a ocurrir a nadie más”.  Y se pregunta: “¿Qué hubiese ocurrido si el perro pasease con un niño? ¿Y si atacan a un pequeño? Podríamos estar hablando de una gran desgracia”.


Imagen de León

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