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Música y Zarzuela

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En los albores de los años sesenta del siglo pasado todavía se hicieron algunos pinitos llevando zarzuelas al cine. Muy pocas, esa es la verdad.

El floclorismo y los niños prodigio que ya habían triunfado en la década anterior se adueñaron del cine musical español. Joselito, Sara Montiel, Marisol, Rocío Dúrcal, Manolo Escobar, Rocío Jurado principalmente seguían la estela marcada por  Estrellita Castro, Juanita Reina, Imperio Argentina, Lola Flores, Antonio Molina, Rafael Farina, Lolita Sevilla y otros.

Enmedio de todo este aluvión andalucista de figuras tan populares, la lírica española lo tenía ya muy difícil. Pero aún hubo alguna productora que se atrevió a filmar  dos películas de zarzuela: Los claveles y Las estrellas ambas con música del valenciano José Serrano. Los claveles, zarzuelita de éxito estrenada en 1929, llegó a los cines en 1960, en blanco y negro, con un reparto que dijo bien poco en favor del género: Lilián de Celis, con un estilo de canto plano y sin matiz alguno, Conchita Bautista, José Campos y  el popular trío revisteril Zori, Santos y Codeso fueron sus protagonistas principales.

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Cerrábamos nuestro segundo artículo sobre la zarzuela llevada al cine con el propósito de que en septiembre llegase el tercero. No ha sido así. Desde entonces hasta ahora nos hemos ocupado de temas relacionados con la actualidad lírica nacional, por considerarlos de interés para los seguidores del blog.

En aquel artículo del 24 de julio  nos quedábamos en los albores de los años 40, década donde la filmografía española  continuó basándose mayormente con argumentos extraídos de obras teatrales, novelas y zarzuelas, aunque ya se abrió el abanico a producciones con guión original.

La incorporación de nuevos conceptos musicales llevados al celuloide, motivó un lento pero continuado descenso de producciones zarzuelísticas, después de haber vivido una etapa esplendorosa entre 1905 y 1936.

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Sorozábal al parecer vivió en Elda en la calle Lope de Vega | Jesús Cruces.

Pablo Sorozábal (1) "El último zarzuelista" como títuló la prensa  en ocasión de su muerte, acaecida el 26 de diciembre de 1988 en Madrid, no pudo ver escenificada su última obra musical, la ópera Juan José. Acabada de componer en 1968, tras 11 años de elaboración minuciosa, las dos ocasiones donde se programó su estreno se fueron al traste, por causas diversas.

Por fin, este viernes 5 de febrero, salvo cataclismo, la obra póstuma del compositor vasco subirá al escenario del mismo teatro de cuyo cartel se cayó en 1979. No será su estreno absoluto, el cual tuvo lugar en versión de concierto, con narrador, el 20 de febrero de 2009. Primero en el Palacio Kursaal de San Sebastián, ciudad natal de Sorozábal, y tres días después en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. Todo ello gracias a la iniciativa de Musikene (2).

Los mismos intérpretes que protagonizaron dicho estreno, entre ellos nuestra Ana María Sánchez, registraron su grabación en disco, sin narrador. Ello ha permitido, a toda persona interesada, conocer la obra póstuma de Sorozábal, cuyo argumento y partitura poco tienen que ver con sus títulos zarzuelísticos, de mayor o menor éxito.

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La mayoría de las personas amantes del canto lírico y la música sinfónica que habitan en nuestro valle y poblaciones colindantes, todavía no han  gozado de las representaciones de ópera del teatro más importantes del mundo, aún teniéndolo muy al alcance de la mano. Claro que ello no es patrimonio exclusivo de los aficionados a este arte bello, todo aquel que quiere conocerlo lo tiene, asimismo, muy fácil.

Ese teatro es el Metropolitan Opera House de Nueva York, el Met hablando en términos coloquiales, del que 10 de sus producciones fabulosas de la presente temporada se están viendo en sábados alternativos en los Cines Yelmo de Petrer. La última de ellas tuvo el lugar el pasado día 16, con una espectacular versión de Los pescadores de perlas, del compositor francés Georges Bizet, mucho mas conocido por ser el autor de Carmen.

Producciones fabulosas que se disfrutan con una calidad de imagen y sonido impecables, con todos los espectadores ubicados en primera fila de tribuna, y que llegan a cines de 70 países.

No es habitual, al menos aquí en España, que estas representaciones vistas en el cine sean comentadas a modo de crítica en la prensa especializada, como sí se hace con las de los teatros.

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Dedicábamos el artículo de la semana pasada a las zarzuelas, y sus derivados, con el ambiente de la Navidad en sus tramas argumentales. En esta segunda entrega nos ocupamos de la zarzuela que se interpreta o  solía interpretarse por estas fechas, sin guardar relación alguna sus contenidos con las fiestas que celebramos. 

Se da la curiosa circunstancia de que al mismo tiempo que las zarzuelitas “navideñas”, citadas hace siete días, apenas gozaron del éxito, hubo otras del repertorio habitual que llegaron a convertirse en tradicionales, dentro de los últimos días de un año y primeros del siguiente.

Al igual que existe la opereta propia de representarse en los más importantes teatros operísticos de centroeuropa en Navidad y Año Nuevo, hubo zarzuela propia de estos días. Zarzuelas de ambiente divertido y desenfadado coincidente con el de las operetas.

Dentro de este contexto, cuando la zarzuela gozaba de un mayor protagonismo en los teatros españoles, dos títulos mandaban en Navidad: Los sobrinos del capitán Grant y El rey que rabió. Obras ambas  muy propias para llevar a los niños al teatro. La primera de aventuras, la segunda de situaciones simpáticas y grotescas.

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¿Es lo mismo la “zarzuela navideña” que “zarzuela en Navidad”? ¿Dónde radica la diferencia? A mi entender "zarzuela navideña" sería aquella cuya acción se desarrolla durante las navidades, con clara referencia a las mismas, y "zarzuela en Navidad" sería la que, por diversas razones, se suele o solía programar cada año coincidiendo con estas fechas festivas, sin guardar relación alguna.

Cercanas a estas fiestas tan entrañables y sentimentales me parece apropiado abordar el tema de la zarzuela navideña.

En mi opinión, en España no existe actualmente un ambiente de zarzuela propio de la Navidad, ni  título alguno que suela representarse con asiduidad durante estos días, excepción hecha de una zarzuelita de carácter infantil que se representa en Callosa de Segura, y que creo es un caso único.

Son muy pocas las zarzuelas que se escribieron y compusieron con la Navidad como referente, la mayoría de ellas estrenadas en diciembre, aunque alguna no pasó de su primera representación.

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Leído así, a primera vista, lo de “asombro de Damasco” puede darse a interpretaciones diversas. ¿Qué querrá decir este título?

Ciertamente escuchando alguna de las dos grabaciones discográficas (1*) que existen de esta zarzuela-opereta, no se obtienen demasiadas pistas para averiguar de qué va el asunto, entre otras cosas porque los cantables no son siempre entendibles.

Pues bien, lo del asombro viene por la belleza inusual de la protagonista, Zobeida, que por donde pasa y donde va, cuando descubre el velo de su rostro, causa un impacto entre la gente como para caerse de espaldas.

Y ahí es donde radica el meollo de todo el enredo argumental de El asombro de Damasco.

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Cerrábamos nuestro segundo capítulo dedicado al Teatro de la Zarzuela de Madrid con el dato de que en 1921 el coliseo fue convertido en pista de circo. Hacía ya algunos años que  este teatro programaba muy pocas representaciones del género que le daba nombre.  La fortuna en forma de desgracia quiso que las representaciones de zarzuela por vez primera en su historia estuvieran subvencionadas por el Estado.   

El cierre en 1925, en principio temporal aunque se dilató mas de cuarenta años, del Teatro Real de Madrid, por amenazar ruina, precisó que el gobierno presidido por el General Primo de Rivera buscase un escenario donde ofrecer las sesiones de ópera. Se llegó a un acuerdo con los empresarios del Teatro de la Zarzuela quedando allí constituido el Teatro Lírico Nacional. En tales circunstancias este era el coliseo más adecuado hasta que el Real reabriese sus puertas, lo cual no se produjo hasta 1966 y solo como sala de conciertos.

Dos temporadas completas duró el convenio. En la primera de ellas, la 1926-1927, se produjo el estreno de El Caserío, de Jesús Guridi, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, además de las reposiciones de La bruja y El rey que rabió, de Ruperto Chapí, Maruxa y Doña Francisquita, de Amadeo Vives, y algunas otras. De ópera se programaron Francesca de Riminí y Los cuentos de Hoffman.

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La Solana es una localidad de la provincia de Ciudad Real, de unos 17.000 habitantes, la cual atesora razones más que suficientes para que sea denominada “Villa de la zarzuela”. Desde 1984 y sin interrupción viene celebrando un magno festival zarzuelístico, el cual gira en torno a uno de los títulos mas populares del repertorio: La rosa del azafrán (1*).

El desarrollo argumental de esta obra tiene lugar precisamente en una hacienda rural solanera. Y allí cada año se le rinde tributo a esta zarzuela, una de las mas representadas de todo el repertorio.

Sus autores, el músico toledano Jacinto Guerrero, y los libretistas Federico Romero (2*) y Guillermo Fernández Shaw, antes de acometer la composición de la partitura y acabar su libreto estuvieron varios días en La Solana, conviviendo con sus vecinos e impregnándose de sus costumbres, cantos y bailes populares.

Sin embargo, en los textos de la obra se cita mas a la vecina población de Manzanares que a la propia Solana. Por ejemplo, en la  jota castellana que comienza con el “Bisturí, Bisturí, se quería casar...” se dice después “Manzanares, Manzanares, ya no es tierra de manzanos...”

La única alusión a La solana se canta en el coro inicial: “Desde Manzanaritos a La Solana...”

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Cientos de vecinos muestran su cariño hacia la Patrona de Petrer durante las fiestas | Jesús Cruces

En la medianoche de cada 5 de octubre el inicio de las Fiestas Mayores de Petrer, en honor a la Virgen del Remedio, lo constituye el canto de la Salve de la zarzuela El molinero de Subiza (1*). El Coro Parroquial que para esta ocasión se ve incrementado con  un buen número de voces de amantes de esta tradición, junto a la Unión Musical de Petrer, cuyo titular está al frente de la dirección, cumplen con un rito cercano a los setenta años. 

La Salve se canta al aire libre, delante de las escaleras de acceso a la Iglesia Parroquial de San Bartolomé. Previamente, la Unión Musical ha efectuado un breve pasacalles tras interpretar el Himno Nacional, ante la fachada del Ayuntamiento, justo cuando acaban de sonar las 12 campanadas desde el templo vecino. De un tiempo a esta parte tras el canto la banda de música en pasacalles se desplaza hasta la Calle La Virgen, y ante la hornacina donde se halla un cuadro precioso de la Patrona de la villa interpreta el pasodoble Petrel. Parece ser que este año hay alguna variación, nada original, y el manido pasodoble tendrá una primera ejecución, previa a La Salve.

Lo curioso, al menos para mí, es que en un acto de estas características el protagonismo musical, al menos en sus inicios, proceda de un fragmento  de zarzuela, y no sea una obra de verdadero carácter mariano, como lo son las otras salves que se interpretan durante los días festivos en el interior de la iglesia.

Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Simplemente aficionado a la música clásica, tradicional, ópera y zarzuela. Como zarzuelista realizó programas en Radio Elda durante más de 25 años, siendo asiduo conferenciante de las Aulas de la 3ª Edad de Elda. Ha impartido conferencias en el Club Información, Ámbito Cultural de El Corte Inglés, CaixaGalicia en Ferrol, Casino de Monóvar y ADOC de Elda.

Ha sido presentador-mantenedor de un gran número de galas, conciertos y homenajes a personajes del mundo lírico, en Petrer, Elda, Murcia, Abarán y Alicante. Pertenece a la Asociación Pro Género Lírico Español, con sede en Madrid. En ella participó activamente en su proyecto, no fructificado, de crear una Federación Nacional de Zarzuela de Agrupaciones de Aficionados.

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