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Literatura

Valle sin clan

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El narrador oral para niños y adultos Carlos Acevedo

Cada vez es más común que ya en la cama, y tras preguntarle a nuestro hijo qué cuento quiere para dormirse, le pongamos en la tablet  el cuento que ha elegido (un enlace a You Tube donde verá una película de dibujos animados de Caperucita Roja en veinte minutos) mientras nosotros seguimos a lo nuestro. ¿Es esta una opción lógica y equiparable a la fórmula tradicional de contarles ese mismo cuento nosotros?

El chileno Carlos Acevedo, un reputado narrador oral, resume de un modo poético pero muy convincente el origen y la necesidad de nuestra narración oral:

“Desde el mismo origen de la humanidad, no del hombre o la mujer, sino de la humanidad en el concepto social o de grupo, la narración como hecho comunicativo, fue una necesidad, menos que arte u oficio, una necesidad. Pero cuando la necesidad básica estuvo satisfecha y defino por satisfecha a la impronta de preguntas y respuestas concretas, algo sucedió… Ese suceder tuvo relación con completar en palabras, gestos, representaciones, una realidad no palpable, tangible para él o los otros, tuvo que ver con re-crear (hermoso concepto) una realidad y allí, en esa ampliación de recursos para hacerse entender al grupo, surgen los narradores”.

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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Presentación de su último poemario en el Casino. Junio de 2007

No hay motivo para no compartir el aserto de Consuelo Poveda según el cual Antonio Porpetta es el poeta eldense más importante de todos los tiempos. Su dilatada trayectoria, con una docena de poemarios y un bagaje de premios y reconocimientos considerable, se ha sustentado en una continuidad en los temas y su tratamiento así como en la persistencia de un estilo propio cuyos símbolos, imágenes, métrica y ritmo nos permiten reconocer sin dificultad la impronta, el tono sostenido de sus versos, de sus poemas concebidos como espacio cerrado, como casa propia pero cuyas ventanas están siempre abiertas a la vida, al amor y por supuesto al hombre, a los hombres, y sus adversas circunstancias en este mundo tan intercomunicado como tantas veces insensible.

 Licenciado en Derecho y Doctor en Ciencias de la Información (Filología Española),  inició su labor literaria con el poemario Por un cálido sendero (Madrid, 1978) escrito conjuntamente con Luzmaría Jiménez Faro, y al que seguirían entre otros títulos significativos: La huella en la ceniza, con prólogo de Leopoldo de Luis (Alicante, 1980); Ardieron ya los sándalos (Madrid, 1982); Los sigilos violados (León, 1985); Territorio del fuego (Madrid, 1988); Adagio mediterráneo (San Sebastián de los Reyes/Madrid, 1997); Silva de extravagancias (Madrid, 2000); Penúltima intemperie (Antología personal), con Introducción de Florencio Martínez Ruiz (Valencia, 2002); o La mirada intramuros, con prólogo de Rafael Carcelén García (Madrid, 2007). También ha publicado sendos ensayos sobre la vida y la obra de Carolina Coronado y Gabriel Miró y hay disponibles diversas antologías y estudios de su obra en los libros: Antonio Porpetta: Una voluntad poética, de R. Hiriart (Alicante, 1988); Antonio Porpetta: Memoria y presencia, de Salvador Pavía (Elda/Alicante, 1993); Antonio Porpetta: Análisis y aplicaciones pedagógicas de su obra poética, Tesis doctoral de M. Klass (Nueva York, 1998); La poesía de Antonio Porpetta: Un mar de temas y de símbolos, Tesis de licenciatura de O. Condrea (Iasi, Rumania, 2001); y Tras las huellas de Antonio Porpetta, con una introducción de Raquel Viejobueno (2012, Madrid, Eds. Pastora). Sus poemas han sido traducidos, en libro, a diez idiomas.

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-LO BUENO SI BREVE-

Estatua de Montaigne frente a la Sorbonne en París.

 “No soy filósofo” dice Montaigne en sus Ensayos. Pero, como indica André Comte Sponville en Montaigne y la filosofía, nada más lejos de la realidad. Lo que el francés no persigue es un pensamiento sistemático que le asegure obtener la verdad y a la vez crear una escuela que la extienda y aplique a otros saberes. Para alguien  tan independiente, antidogmático, escéptico y vitalista como él pretender esto hubiese sido engañarse a sí mismo. Pero para quien leyó en profundidad a los pensadores clásicos y no dejó de reflexionar y ocuparse de sí mismo y de la vida, de su devenir y sus circunstancias, la filosofía (entendida como proceso de introspección para alcanzar el buen vivir y el buen morir) no le era en absoluto ajena.

Fue un hombre de su tiempo pero no sometido a él. Un noble  humanista con vastos intereses culturales y una actitud siempre tolerante, receptiva y crítica que le llevó a denunciar abiertamente no pocos abusos de una época donde la intolerancia religiosa, la hipocresía de su propia clase social o el naciente absolutismo eran la norma. El enfoque con el que trata temas tan personales y a la vez esenciales como la educación, la amistad o la sexualidad, su atrevimiento y cómo vacía de prejuicios sus opiniones, nos lo acercan a la época moderna mucho más que otros pensadores posteriores. Su actitud frente a la guerra, la colonización o la tortura lo convertirán en un referente para los ilustrados y los defensores de los derechos del hombre doscientos años después.

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El autor y los gramáticos en la presentación de La vida son hechos poéticos

Hacía tiempo que un fin de semana, un final de mes, no se mostraban tan prolíficos con versos y poetas por doquier. La presentación de un libro de poemas en Elda, de un colectivo de escritores en Monóvar, de un espectáculo en homenaje a la poesía de Santa Teresa en la iglesia de San Francisco o de una lectura de poemas de Rafael Alberti también allí, infundían el ritmo y la sonoridad propios de la lírica.

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Un poema no se acaba nunca, simplemente se abandona.Paul ValéryUn poema no se acaba nunca, simplemente se abandona. Paul Valéry

¿En qué momento podemos dar por concluido un texto, un proyecto, una obra de arte? Juan Ramón Jiménez, siguiendo la máxima de Valéry según la cual “un poema no se acaba nunca, simplemente se abandona”, como perfeccionista enfermizo que era, en su deseo nunca colmado por mejorar y actualizar la obra, mantuvo una continua revisión de sus escritos, incluso de los ya publicados, llegando a producir más de diez versiones de un mismo texto concreto.

En el polo opuesto estarían aquellos artistas que velan más por el impulso creativo primigenio y natural, en el momento adecuado, es decir cuando se produce una actitud receptiva, de predisposición extrema y un ritmo interior propicios para que el cuerpo en su totalidad se exprese. El pintor Jackson Pollock y los expresionistas abstractos americanos, Dubuffet o los primeros surrealistas, con Breton y su escritura automática a la cabeza, son ejemplos señeros de esta actitud más inconsciente y espontánea ante el proceso creador, menos obsesionada con la perfección del resultado estético final.

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El poeta y periodista Javier Rodríguez Marcos

Así  rezan los dos primeros versos de Vida secreta, cuarto libro de poemas de Javier Rodríguez Marcos (Cáceres, 1970), publicado en 2015, 13 años después de Frágil, el poemario que lo consagró como uno de los más emblemáticos poetas de su generación.  Trabaja como periodista en la sección de cultura de El país y, además de poesía, ha escrito algún libro de viajes, ensayos sobre arte y arquitectura y ha realizado algún que otro escarceo narrativo. Son innumerables sus críticas y reportajes publicados en torno a la literatura y el arte actuales. Él mismo lo ha dicho en una reciente entrevista para promocionar Vida secreta: “en este poemario es muy importante el contraste entre un mundo rural que está desapareciendo tal y como lo conocí y una modernidad urbana mucho más vertiginosa y descarnada”.

Y, en efecto, todo el libro se sustenta sobre un permanente juego de contrastes muy efectivos que, con ese estilo tan natural, cadencioso y esclarecedor, a base de imágenes nítidas, se van aposentando en nosotros hasta hacernos asentir que ahí está la más importante clave de lectura del libro. No de otro modo cabe entender Locus amoenus, un poema donde al paisaje bucólico propio de la poesía clásica se contrapone el de la ciudad actual con sus cementerios de escombros. En Asilo, es fortísimo el contraste entre dos mundos sin solución de continuidad. En La casa de la herida, al orden natural se opone nuestro desorden vital. Y en A una rosa, poema que parece dialogar con otro de Juan Ramón Jiménez, de la rosa natural a la de plástico, comprada en un chino, el mundo se enfría cada vez más. No tiene desperdicio el poema Solo en casa: en él, integrando a la perfección elementos de diversa procedencia, nos ofrece una imagen insuperable de ese hombre multitarea que somos hoy. En Et in Arcadia Elf, esa Arcadia feliz que los griegos identificaron con el paraíso es ahora el lugar donde se alza una central térmica. Este poema, último del libro, concluye con una resignada pero dura queja: “Ahora/ les toca a los poetas/ sacar sus conclusiones”. El paisaje que vemos, el mundo que habitamos, se nos aparece más desolador cuando miramos hacia atrás, por más trampas y traiciones que la memoria nos procure. Al fin y al cabo, dice el poeta, somos “nostalgia y cirugía”.

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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Décimas de El Seráfico a la entrada del cementerio de Elda

Posiblemente no haya eldense de una cierta edad que no haya oído hablar de El Seráfico, si es que no ha leído sus poemas. A la entrada del cementerio de Santa Bárbara, sin ir más lejos, hay dos placas con sendas décimas suyas. Los más jóvenes quizás sepan de él por el colegio con su nombre que hasta hace unos años funcionó o por haber oído historias de un personaje popular y entrañable entre su vecinos por la facilidad para improvisar versos inmediatamente cuando alguien se lo pedía y le daba un pie, es decir, una palabra a partir de la cual nuestro autor componía un poema redondo (principalmente décimas, estrofa que utilizó ampliamente) a cambio de unas monedas, alimento o un buen vaso de vino. Pero no es tan sencillo discernir, al hablar de celebridades como él, entre la persona real que fue y el personaje legendario al que se le atribuyen hechos y leyendas difíciles de ratificar.

Francisco Juan Ganga Ager (1812- 1871), de sobrenombre El Seráfico, “es una de las figuras más sugestivas e interesantes de las que ha tenido Elda en todos los tiempos”, en palabras de Alberto Navarro en Eldenses notables. Apenas si hay datos de su infancia y primera juventud hasta que se incorpora voluntario al ejército y es destinado a Cuba desde los 16-18 a los 29 años. Será allí donde como lector compulsivo adquirirá esa vasta cultura que tanto sorprenderá después al incluir en sus versos personajes históricos, mitológicos, religiosos o hechos e ideas de épocas pasadas. También parece que adquirió allí una cierta educación musical y los conocimientos técnicos, retóricos y poéticos, que con tanta desenvoltura aplicara a sus composiciones.

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-LO BUENO SI BREVE-

Ilustración digital vectorial de Epicuro. Revista Muy interesante

Con esta pregunta, F. Nietzsche ponía en cuestión los derroteros del pensamiento occidental, al anteponerse durante siglos lo abstracto e ideal a lo corpóreo y material, y al modo elitista y grandilocuente de ejercer la filosofía lejos de los foros abiertos donde mantuvo un sentido práctico, incluso terapéutico, para todo aquel dispuesto a aprender a conducirse en la vida y sentirse bien consigo mismo. En ese Jardín que Epicuro fundó en Atenas en el año 306 a.C. él y sus seguidores (entre los que también había mujeres y esclavos) perseguían un estilo de vida sencillo, incluso austero, cultivando además del huerto que los alimentaba, las virtudes y la amistad. Ya entonces, se les trató de hedonistas desenfrenados, comiendo y bebiendo sin cesar y en una orgía sexual permanente. El propio Cicerón los tachó de “cerdos de la piara de Epicuro”. No es extraño, por ello, que aún hoy el diccionario se refiera al epicureísmo como esa filosofía enseñada por Epicuro y el “refinado egoísmo que busca el placer exento de todo dolor” de quienes lo practican. Asimismo el vocablo epicúreo es sinónimo de sibarita, comodón o mundano, entre otros. Nada más lejos de la realidad.

Se pregunta Emilio Lledó (el mayor pensador español, hoy) por lo que contienen las enseñanzas de Epicuro para que tan pronto se convirtieran en una filosofía maldita. Como subraya en El epicureísmo, hoy el griego de Samos sería considerado un antisistema por oponerse frontalmente a esos fabricantes de deseos “no naturales y no necesarios” que tanto nos esclavizan. Del mismo modo, Michel Onfray es contundente al considerar que esta filosofía “puede constituir un poderoso remedio contra la fiebre decadentista contemporánea. Acabar con la apatía que invade el mundo no es tarea de ningún salvador exterior, de ninguna ideología capaz de resolver todos los problemas de un solo golpe, sino de cada uno de nosotros. Ante cualquier cosa que quiera someternos, el único salvador al que podemos recurrir está en nuestro propio interior”.

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Grabado de Epícteto, filósofo estoico del siglo I d.C.

“Entre todas las cosas que existen, hay algunas que dependen de nosotros y otras que no dependen de nosotros.  Así, dependen de nosotros el juicio de valor, el impulso a la acción, el deseo, la versión, en una palabra, todo lo que constituye nuestros asuntos. Pero no dependen de nosotros el cuerpo, nuestras posesiones, las opiniones que los demás tienen de nosotros, los cargos, en una palabra, todo lo que no son nuestros asuntos.

Las cosas que dependen de nosotros son libres por naturaleza, sin impedimentos, sin trabas. Por el contrario, las cosas que no dependen de nosotros se hallan en un estado de sometimiento, de servidumbre, y nos resultan ajenas.

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Niall Williams, autor de Una historia de la lluvia.

Decía en una reciente entrevista el cantautor Ismael Serrano, a propósito de la publicación de su novela Ahora que la vida, que las buenas obras -a diferencia de lo que ocurre en las redes sociales- deben ser ambiciosas en su afán por trascender el momento, el mensaje más lineal e inmediato. Si la semana pasada les recomendaba tres valiosos libros dentro del género poético, esta les expondré mis impresiones de otros tres (una novela, un ensayo y un lúcido testamento intelectual) que sin duda trascienden la coyuntura del instante o de la situación en que fueron escritos.

La historia de la lluvia, octava novela del irlandés Niall Williams, publicada en septiembre en la editorial Lumen, es eso, una historia de historias cautivadora, extraordinaria, sorprendente. Ruth Swain, postrada en la cama esperando una posible cura a su enfermedad con solo 19 años, nos cuenta todo lo que desde ella ve y siente, conjugando en la narración la historia de sus antepasados (su padre poeta, su abuelo escritor del tratado El salmón en Irlanda, etcétera) con la suya propia o con la de los casi cuatro mil libros numerados de la biblioteca que heredó de su padre y que ha leído con fruición. Sorprende la madurez de la protagonista, la lucidez con que nos cuenta su situación, utilizando un lenguaje que alterna el lirismo, la ironía, el humor  y la cháchara con una capacidad asombrosa para describir tan introspectivamente los paisajes exteriores como los de su propia imaginación. Por momentos, y ante la gravedad en que Ruth se debate, es como si todos esos libros que ha leído, y en los que se recrea, le sirviesen de bálsamo y revitalizante. Como esa lluvia que no cesa. “Somos nuestras historias. Las contamos para seguir vivos o mantener con vida a quienes ahora solo viven en el relato”, nos dice. Léanla si pueden. Preciosa. Excelente.

Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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