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Valle sin clan

Literatura

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Cartel de la comedia de Shakespeare, en el Festival Clásico Chinchilla.

Sirva este título como homenaje a la comedia de Shakespeare que vi con Juan Vera, este lunes 27 de junio, en el Festival de Teatro Clásico de Chinchilla en la excelente versión del grupo Metatarso, bajo la dirección de Darío Facal, y que desde luego nadie se debería perder cuando llegue en octubre al Teatro Castelar. Dos horas de espléndida interpretación y risa de la buena.

Llega el momento de ir pensando en nuestras vacaciones, dónde vamos a ir o qué vamos a leer. Sin duda, todos tenemos algún libro en la mesita de noche que quisiéramos haber leído ya pero que por distintas razones no hemos podido hacerlo aún. Además de esos, que son ineludibles, en esta entrada previa al descanso estival me gustaría proponer algunas lecturas concretas y mencionar varias páginas web donde se pueden encontrar varias ofertas sustanciosas y apetecibles.

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Eduardo Mendoza, el pasado mes de marzo en San Juan de Puerto Rico.

Con sus habituales ironía y ánimo de provocar, Eduardo Mendoza removió las plácidas aguas del mundo editor al asegurar en marzo pasado que se publican muchos libros y que la gran mayoría de ellos no sirven para nada porque son una birria. Se lio buena. Hubo quien vio en sus palabras una crítica velada a los jóvenes novelistas o quien lo interpretó como una boutade cuya intención era animar a un debate necesario que gire una vez más en torno a la permanente devaluación del fenómeno literario en sus distintos ámbitos: el de los autores, los lectores y los editores. Impera la idea de que se escribe mucho, se publica todo y no se lee casi nada. 

Desde luego, quizás no esté dicho en los términos políticamente más correctos, pero a poco que lo pensemos, uno concluye que Mendoza no exagera. Se publica y autopublica demasiado, todo lo que se escribe sin apenas filtros de ninguna clase. Y, ante todo, quizás convenga diferenciar al menos dos aspectos: escribir es un ejercicio terapéutico de primer nivel, una labor que nos ayuda a conocer y conocernos mucho más y mejor al tiempo que contribuye a estructurar nuestro pensamiento de un modo más claro y organizado; pero ¿basta con esos ingredientes para publicar los productos generados? ¿Se puede considerar interesante y/ o literario un texto que permanece en este estadio o hace falta algo más para tal consideración?

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Hans Kung y Marc Antoni Broggi.

Da a cada uno, Señor, su propia muerte,

la muerte que deriva de su vida,

esa vida en que hubo amor, pena y sentido.

R.M. Rilke, Libro de las horas

Como sugieren estos versos, y contemplando nuestra tradición occidental en toda su dimensión, si desde hace siglos consideramos auténticamente humana la vida que se vive dignamente, por qué no exigir de igual modo que la muerte nos llegue con la misma dignidad. Ante un tema tabú en nuestro país como el de la eutanasia, siempre es de agradecer la aportación de aquellos textos que contribuyen a enriquecer y animar un debate tan necesario como ya irremplazable. En esta entrada me referiré a dos libros recientes, valiosos e ineludibles: el último del teólogo de origen suizo Hans Kung, Una muerte feliz, en la editorial Trotta, y el publicado en 2013 en Anagrama por el cirujano y presidente del Comité de Bioética de Cataluña Marc Antoni Broggi, Por una muerte apropiada.

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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Emiliano Vera, José Capilla y García Soriano en la redacción de Idella.

Completamente distintos a los de Francisco Laliga fueron el talento y el talante de Maximiliano García Soriano, quien en 1926 se cruza con él y lo ve “rígido, como en arrobado éxtasis, con su impasibilidad de siempre, ajeno a cuanto le rodeaba”. Yeclano de nacimiento y eldense de adopción, el conocido como “boticario de Elda” no vivió ajeno a ninguno de los acontecimientos culturales y políticos del primer tercio del siglo XX en la ciudad. Animador cultural, fundador de varias revistas y activo colaborador en casi todas las existentes, además de concejal en el periodo republicano y prolífico creador lírico y dramático, García Soriano sobresale en esos poemas donde utiliza un estilo sencillo y directo, sin artificiosidad, y en general de temática costumbrista y cotidiana. Vista en conjunto su extensa obra, el estilo desenvuelto, la chispa, la ironía o incluso la mordacidad desplegados en los veintiséis Retratos que publicó en el semanario Idella, lo singularizan, a mi modo de ver, del resto de su producción, aunque sin desmerecer no pocos de sus poemas costumbristas de tema y estilo muy diversos. 

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-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

Placa en la casa donde nació Francisco Laliga en la calle que lleva su nombre.

Hablaremos en esta y en la siguiente entrada de este blog de dos figuras de la poesía eldense, muy distintos entre sí, que ocupan la época que va del último cuarto del siglo XIX al primer tercio del XX. Comparten la importancia de haber sido reivindicados recientemente: Francisco Laliga Gorgues (1861- 1928) por el grueso libro compilador de sus poemas, con notas y transcripción de Emilio Maestre, en 2007, y Maximiliano García Soriano (1874-1936) por el que le dedicó José Luís Bazán en 1997. La mayor aportación de estos dos tomos es la de constituir una recopilación de sus poemas más que suficiente para hacernos una idea  de sus respectivas obras y facilitar así futuras investigaciones que se adentren en el valor y la calidad literaria que haya en ellas.  En todo caso, y como afirma  Maestre en el Prefacio a los poemas de Laliga, para tal empresa habría que contar también con el centenar de piezas dispersas no incluidas en su extensa antología. 

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-LO BUENO SI BREVE-

Reciente edición completa de los Cuadernos de Lichtenberg en español

He elegido este aforismo para encabezar esta entrada porque describe muy bien la intención, el estilo y la modernidad de uno de los mejores aforistas de la historia: Georg Christoph Lichtenberg (1742- 1799). Hombre curioso, fiel representante de su época ilustrada, interesado por los más diversos saberes, sobresalió en la astronomía, la física experimental y las matemáticas, ejerciendo como profesor en la Universidad de Gotinga, su ciudad natal.  Jamás podría imaginar que su fama póstuma se debería a los fragmentos personales que escribiría en sucesivos cuadernos, hasta veintisiete, de un modo espontáneo y sin plan sistemático. Sus aforismos se extraen muchas veces de los fragmentos más amplios, de los borradores o apuntes (hay quien piensa que debería llamarse así a sus textos) que constituyen ese cajón de sastre que son los cuadernos y donde hay notas de lecturas, breves diálogos, anécdotas, comentarios corrosivos, citas, hipótesis, interrogantes, chistes, sueños o reflexiones de distinta extensión y calibre.

Hombre marcado por la joroba que siempre trataba de disimular, un gran atractivo y una hipocondría sin igual, su convivencia con una niña de 12 años (él tenía 35) escandalizó a sus conciudadanos. Tras la muerte de ésta, cinco años después, en 1783 toma como sirvienta a una humilde muchacha de 15 con quien mantendrá una relación secreta, y con la que tendrá seis hijos y acabará casándose mucho después. Los reconocimientos y distinciones se suceden en los últimos años de su vida, marcados por los dolores y el deterioro físico hasta fallecer con 57 años de edad. Publicó numerosos trabajos científicos y artículos periodísticos,  algunos textos satíricos y, durante años, un humilde Almanaque de bolsillo, destacando también como uno de los polemistas más agudos y preparados de su tiempo.

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Una novela que se puede leer eligiendo el camino que se quiera.

“¿Encontraría a la Maga?”. Con esta lacónica pero intrigante pregunta inicia Julio Cortázar Rayuela, su novela más celebrada. Al leerla, uno no puede evitar hacerse otra cascada de preguntas: ¿quién es esa Maga?; ¿qué habrá ocurrido para esta urgencia por encontrarla?; ¿y además, por qué hay que encontrarla?; ¿se tratará de una muchacha perdida entre la multitud tras un flechazo, de una asesina en serie, de una pitonisa que engañó a alguien, de la imagen seductora de un anuncio?... Con esa sola pregunta, el novelista nos desconcierta a la vez que nos intriga y tal vez nos esté anunciando que si ha escrito la novela es para relatarnos el camino seguido para encontrarla. De modo que una profunda inquietud, no exenta de suspense, y una presentida esperanza, como promesa de un feliz hallazgo, nos empujan irresistiblemente a seguir leyendo. A desvelar qué ocurrirá. Y también a saber qué ocurrió antes de este enigmático inicio.

Atraparnos desde la primera frase. Eso es lo que persigue una buena novela para que no cerremos el libro en la página uno: retenernos y poner en marcha cuantos mecanismos sean necesarios en nuestro interior para engancharnos a la historia. Sin duda, además de un comienzo memorable, la novela requiere de otros muchos ingredientes que nos hagan mantener y renovar, capítulo a capítulo, el interés. Pero sin ese comienzo único, que nos capte, difícilmente habrá espacio para el resto. Una película, una canción, un anuncio, un poema… no son distintos en esto. 

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Borges abundó en su obra como auténtico maestro de la intertextualidad.

Pocos como Jorge Luis Borges entendieron la creación literaria como infinito diálogo con la tradición; con los escritores que nos precedieron. Experto en los juegos intertextuales, sus relatos y no pocos de sus poemas están repletos de alusiones, citas, parodias, variaciones… de obras con las que el argentino mantuvo un diálogo perenne, fructífero y recreador. Porque la relectura y la reescritura conformarían, desde esta perspectiva, una parte sustancial del propio proceso creador. Su Pierre Menard, autor del Quijote, relato incluido en su libro Ficciones, es el mayor exponente en cuanto a la multiplicidad de sentidos que se abren a partir de reescribir el mismo texto en un contexto histórico diferente. Lo que escribe Menard es su lectura del Quijote, reviviendo sus mismas letras no en el acto original del autor sino en el de un lector entre tantos otros posibles. Como quien se adentra por un salón lleno de espejos, ¿quién es el auténtico, el original, y quién la copia?, vendría a decirnos Borges.

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Los participantes en los Premios GraMat 2016 escribiendo.

De este modo debía comenzar el relato que los aspirantes a los V Premios GraMat de esta edición de la X Quincena de Octubre Negro tenían que elaborar, in situ como muestra la fotografía, con no más de trescientas palabras y en tan sólo 45 minutos. Parece fácil, pero nada más lejos de la realidad. Y más tratándose de un texto de género negro, que ha de contener tensión, suspense y alguna que otra sorpresa. Fue el pasado domingo 9 de abril en el Alminar y la experiencia, como viene siendo habitual desde la primera edición, estuvo plagada de camaradería y jovialidad.

El pasado domingo 24, en el acto de clausura de la Quincena Cultural, se desvelaba el nombre de la ganadora, la ilicitana Helena Vilella y los dos finalistas, los eldenses Octavio Jover y Carlos Gutiérrez. Nuestra enhorabuena a los galardonados y el expreso deseo de que en futuras ediciones más personas se animen, se atrevan, a participar en este concurso tan original. Ahí van sus relatos:

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Caricatura del autor realizada por Óscar Porta.

-ESTANTERÍA DE AUTORES ELDENSES-

En la obra de Juan Rico y Amat (1821- 1870) convergen la innovación, la jovialidad y las tensiones que el Romanticismo desplegó en España en sus años de plena vigencia. Como sus contemporáneos (Espronceda, Zorrilla, Hartzenbusch, Mesonero Romanos, etcétera) vivió intensamente implicado en los acontecimientos del momento.   Ejerció de historiador, político, periodista, dramaturgo, jurista, poeta… Cursó estudios de Filosofía y Derecho en la Universidad de Madrid, donde en plena juventud dirigió el periódico La Esmeralda y colaboró en La Ilustración Española. Monárquico de ideas conservadoras, es nombrado consejero provincial de Alicante en 1845 y corregidor y jefe político del distrito de Alcoy de 1847 a 1850. En 1848, Isabel II lo nombra secretario honorario, llegando a ejercer como tal en los Gobiernos civiles de Barcelona en 1849, de Zaragoza en 1854 y, posteriormente, de Alicante en 1867. 

La publicación en 1842, con sus escasos 21 años, del libro Poesías serias y satíricas nos muestra a un admirable poeta que va asimilando los rasgos del pujante movimiento romántico. En el prólogo a las sesenta piezas, de extensión y temática diversa, el dramaturgo Juan Eugenio Hartzenbusch concluye aconsejándole que se dedique al género jocoso y festivo, en el que se desenvuelve con una soltura y una gracia tan espontáneas como naturales. Ciertamente, en el libro, los epigramas y varias letrillas alcanzan momentos reseñables. Y, entre las serias, los sonetos son imprescindibles para conocer su más honda sensibilidad.

Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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