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Antigua ermita de San Antón (dibujo Alberto Navarro).

Del desierto egipcio al valle de Elda, la figura de San Antonio Abad atraviesa tiempos y culturas diferentes. Desde el lejano siglo III, su historia, sus valores y su mensaje nos acompañan, actualizados y hechos presentes, en varias de nuestras principales fiestas locales.

De la mano de la Mayordomía de San Antón, la conmemoración del 75 aniversario de la llegada de la imagen del santo anacoreta a Elda (1941) se está celebrando con un programa de actividades y eventos a lo largo de 2016. La exposición “San Antonio Abad. Del desierto egipcio al corazón de Elda”, abierta del 4 al 29 de marzo en la Casa de Rosas, es una pequeña pero sugerente muestra de que es posible integrar fe, cultura, historia, patrimonio y fiesta en un mismo discurso. Y también una oportunidad para acercarnos a una figura que tuvo y mantiene una fuerte impronta en la vida de nuestra ciudad, como han destacado, entre otras, las obras de José Luis Bazán y Antonio Poveda.

La figura de San Antonio Abad

San Antonio Abad nace en Queman o Comas (Egipto) en el año 251, en un ambiente campesino. De origen humilde, es uno de los primeros anacoretas cristianos, monjes que se alejaban de la vida urbana hacia el desierto. Conocemos su biografía gracias sobre todo a la Vida de San Antonio, escrita por su discípulo San Atanasio, que contiene elementos históricos junto a otros de carácter legendario.

La tradición cuenta que, huérfano a los 18 años, recibe como herencia una gran propiedad. Al poco, escucha el mensaje evangélico de renuncia a las riquezas. Desde entonces, transforma su vida, retirándose al desierto egipcio. Allí sufre y supera las tentaciones del demonio, y su fama y ejemplaridad crecen. Aumenta la gente que acude a pedirle consejo, y cerca del Mar Rojo se forma a su alrededor una pequeña comunidad de monjes, iglesias y monasterios hasta su fallecimiento en el 356, en el monte Colzim o Qolzoum, a la edad de 105 años. A partir de entonces, este lugar fue objeto de peregrinación.

Con el tiempo, se convirtió en un santo muy venerado y popular. Su culto se extiende por Oriente, el Mediterráneo y Europa: como ermitaño y fundador de órdenes y monasterios, como santo milagroso, sanador de enfermos y propiciador de remedios curativos, y como protector del ganado y de los animales en general.

Del desierto egipcio al castillo-palacio de Elda

Según la tradición, las reliquias de San Antonio Abad llegan a Francia (La Motte-Saint-Didier, Bourg-Saint-Antoine) en el siglo XI, tras un peregrinaje que, desde el siglo VI, pasa por Alejandría y Constantinopla. La devoción a San Antonio Abad se extiende por Europa y la Península Ibérica a lo largo de la Edad Media de la mano de la Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio Abad, también conocidos como antonianos, vinculada a la asistencia de los peregrinos del Camino de Santiago.

Desde Castilla y, sobre todo, desde Olite (Navarra), su veneración alcanza tierras valencianas con la fundación de casas-hospitales, iglesias, ermitas y capillas desde inicios del siglo XIV. El origen del culto a San Antón en Elda puede establecerse durante el siglo XV. La capilla del castillo recibió la advocación de San Antonio (Sent Anthoni) con anterioridad a 1478, de la mano de los Corella, señores de Elda desde 1424. De hecho, en el escudo de armas de Ximén Pérez de Corella aparece la tau, signo de la devoción de esta familia de origen navarro por el santo, y expresión de su vínculo con la orden de los antonianos. Incluso se especula con la hipotética presencia de la orden en Elda en la época medieval, tal vez con carácter asistencial. La capilla del castillo mantuvo el culto al santo anacoreta hasta 1599, cuando cambia su dedicación por la de la Virgen del Rosario.

En el corazón de Elda: la antigua ermita de San Antón

Fuera del alcázar, la antigua ermita de San Antón, en origen, fue la mezquita vieja  de la comunidad islámica medieval de Elda. Bajo el dominio de los Coloma, esta mezquita se convirtió en iglesia en torno a 1526, y fue dedicada a Santa Catalina mártir. A finales del siglo XVI, en estado de ruina, la iglesia pierde su rango y se convierte en ermita. A lo largo del siglo XVII, la devoción por San Antón crece en Elda, y la ermita comparte la advocación al santo ermitaño junto a la de Santa Catalina. Esta última irá desapareciendo con los años. El culto a San Antonio Abad se va haciendo más popular en la villa, sobre todo tras la expulsión de los moriscos (1609) y la llegada de los repobladores, algunos de ellos campesinos.

Por eso San Antón ha estado ligado históricamente a varios lugares de la villa de Elda. En 1678 ya hay referencias a la existencia del barrio de San Antonio, construido a lo largo del siglo XVII, en el que se ubicaba la ermita. La antigua calle de San Antonio o de San Antón era una de las principales vías hasta fines del siglo XIX, cuando comienza a denominarse calle Independencia. Todavía hoy conserva su nombre la placeta de San Antón, una de las más antiguas de Elda. La antigua ermita tenía la fachada orientada hacia la misma plaza, y muy probablemente su costado derecho junto al portal de San Antón o de San Antonio, importante entrada y salida histórica situada al norte de la villa.

A principios del siglo XX la ermita ya estaba en muy mal estado. Fue demolida quizá hacia 1926, o tal vez a inicios de la Segunda República. Parece que años antes del derribo, el culto y la imagen de San Antón fueron trasladados a la capilla del antiguo cementerio, que estaba situado en el actual Parque de la Concordia. Esto explicaría que muchos actos tradicionales relacionados con su festividad, como las carreras, sobre todo, se realizaran desde el inicio de la cuesta de Santa Bárbara, a la puerta de aquel antiguo cementerio, mientras las cucañas y los bailes se mantenían en la Plaza de Abajo, actual Plaza de la Constitución. También circulan noticias sobre otros lugares que mantuvieron la representación y la memoria del santo hasta su desaparición en los turbulentos años treinta.

Imagen de San Antón | Paco Albert.

San Antón, patrono de los Moros y Cristianos de Elda

Tras la Guerra Civil, la Mayordomía de San Antón comienza su tarea de recuperación del culto y de las fiestas en honor al Santo. En 1941 llega la actual imagen de San Antón a Elda, esculpida en el taller del escultor valenciano Pío Mollar. También durante la posguerra se refuerza el vínculo tradicional que existía históricamente entre las fiestas de Moros y Cristianos y las de San Antón, al menos desde el siglo XIX, y el santo ermitaño se convierte en patrón de los Moros y Cristianos de la ciudad. En 1950 se inaugura la nueva y actual ermita, un espacio religioso y festero clave en la actualidad.

Desde hace ya décadas, San Antón ocupa un lugar protagonista en el calendario anual de Elda a través de su festividad (17 de enero), de la Media Fiesta (el fin de semana siguiente), y de las celebraciones de la fiesta de Moros y Cristianos. El traslado del Santo, la Misa Festera, las procesiones, la bendición y el reparto del pan, la bendición de los animales, o la hoguera y las tres vueltas del Santo, entre otros hitos, se acompañan de desfiles y pasacalles, de música festera, de danzas de San Antón, de cohetes, pólvora y repiques de campana, de cucañas, porrate y carreras de sacos, de la granja móvil o la visita a los ancianos de El Catí. Todo ello forma un irrepetible paisaje genuinamente eldense, cargado de tradición y valores propios de la fiesta.

Cartel anunciador de la exposición.

La exposición San Antonio Abad. Del desierto egipcio al corazón de Elda

Esta exposición, con una clara vocación divulgativa y dirigida a todos los públicos, ha estado promovida por la Mayordomía de San Antón (Junta Central de Comparsas de Moros y Cristianos de Elda). Ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Elda (a través de la Concejalía de Patrimonio Histórico y del Museo Arqueológico Municipal), del Museo del Calzado y de la Obra Social Caixapetrer. Hace un recorrido histórico en torno a la figura del santo ermitaño y su proyección en Elda, con paneles informativos, mapas, y destacadas piezas arqueológicas y del archivo de la Mayordormía. También cuenta con una selección de cuadros de artistas locales con San Antón como tema central, y trajes típicos de danzas tradicionales en honor al santo.

Un emotivo vídeo y una selección de música festera dan paso a un apartado explicativo sobre los símbolos de San Antón (el fuego o la hoguera, el pan, el gorrino o cerdico, el libro, el bastón en forma de tau o cruz de San Antonio, y la roca, entre otros). La exposición también cuenta con una réplica de San Antón ejecutada a partir del escaneado en 3D de la imagen del santo, obra del taller de arte religioso Del Olmo, y reproducciones que muestran su proceso de elaboración. La muestra continúa con una sección interactiva para la participación infantil (Jugando con San Antón) y un photocall festero, y finaliza con la olla de los deseos de San Antón, en la que los visitantes podrán expresar un deseo o sueño para el futuro de la fiesta. La olla, como una cápsula del tiempo, guardará esos deseos hasta su apertura en el año 2041, cuando se cumpla el centenario de la imagen del santo ermitaño. Esperemos estar y verlo.

Rótulo cerámico de la antigua calle del horno de San Antonio.

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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