SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

Fundado en 1956
Visto: 912
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

Vista del Pozo de hielo Franceso | Arquealia

"Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar: 

-Es el diamante más grande del mundo. 

-No -corrigió el gitano-. Es hielo. 

José Arcadio Buendía, sin entender, extendió la mano hacia el témpano, pero el gigante se la apartó. “Cinco reales más para tocarlo”, dijo. José Arcadio Buendía los pagó, y entonces puso la mano sobre el hielo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio.”

Gabriel García Márquez

Este mágico fragmento de Cien Años de Soledad nos lleva a un tiempo en el que el hielo era un pequeño lujo. Más todavía en estaciones o sitios cálidos, como el mítico Macondo, tropical sede de la fábrica de hielo de los Buendía. Macondo y Elda quedan, aparentemente, bastante lejos (aunque, bien pensado, habría detalles que matizar al respecto...). En fin, en cualquier caso, para no distraerme, y volviendo al hilo, hay algo que une ambos lugares. Y es que tal vez a algunos les pueda sorprender que en Elda existieron varios pozos de hielo o nieve desde la Edad Moderna hasta bien entrado el siglo XX. Cuesta un poco más creerlo, ya en pleno mes de febrero, cuando vivimos un invierno tan suave y templado como el actual. Pero diversos investigadores y expertos en climatología nos recuerdan que no siempre ha sido así. 

De hecho, durante la Pequeña Edad de Hielo se produjo un pequeño enfriamiento global de las temperaturas en el hemisferio norte que, lógicamente, también afectó a la península Ibérica. Entre el siglo XIV y mediados del siglo XIX se dieron con mayor frecuencia heladas, inundaciones, lluvias intensas y tormentas. Este período frío favoreció la construcción y el uso de una amplia gama de instalaciones destinadas a la producción y almacenamiento de nieve y de hielo: glaciares, ventisqueros, neveros o neveras, cavas, pozos neveros, casas de nieve, zanjas de hielo o de nieve... 

Estas instalaciones nos recuerdan que nieve y hielo se han empleado históricamente con fines terapéuticos y medicinales desde la Antigüedad. Bajaban la fiebre o reducían las inflamaciones, entre otras aplicaciones. También se usaban para la conservación de alimentos (carne, pescado…), y para su consumo frío o helado, como sucede con la elaboración de sorbetes y helados. Esta última actividad tuvo un gran arraigo en tierras alicantinas, y se ha perpetuado en la industria heladera contemporánea. Hielo y nieve nos sitúan ante unas prácticas que, en definitiva, forman parte de nuestra tradicional cultura médica y alimentaria.


Expediente referente a la subasta de nieve y hielo en 1782 | Archivo Histórico Municipal de Elda.

La producción y, sobre todo, el comercio de nieve y de hielo, hasta fines del siglo XIX, fue un trabajo bien pagado, pero duro y arriesgado. Luego llegaron las modernas fábricas de hielo y los frigoríficos. Fue entonces cuando el hielo industrial le ganó la partida al hielo procedente de la nieve, y, en última instancia, dependiente de la caprichosa meteorología, provocando el abandono de este sector, de sus instalaciones y de sus actividades más representativas. Llegó así el final del antiguo oficio de nevatero. Y con ese final, el de sus tareas típicas: la recolección, el almacenamiento, la extracción, el transporte y la comercialización del hielo.

Los pozos neveros abundaban significativamente en el antiguo Reino de Valencia, un territorio que sobresalió en la elaboración y consumo de hielo. Encontramos numerosos ejemplos en Alicante, especialmente en las sierras de Mariola, la Carrasqueta o Aitana. Tal vez por eso tendemos a asociar mentalmente los pozos de nieve a una imagen y a un paisaje invernal típicos. Como la del pozo nevero de Agres, una de las principales muestras de esta arquitectura singular en las comarcas de la montaña alicantina, que ha sido recientemente restaurado.

 

Los pozos neveros de Elda 

Sin embargo, algunos pozos neveros se emplazaron en lugares donde en la actualidad no nieva prácticamente nunca. Como en Elda. Las características geográficas del término municipal eldense no invitan a pensar que haya sido un lugar adecuado para este tipo de construcciones. Y, sin embargo, las tierras llanas del Vinalopó, fuera de relieves serranos y en pleno fondo del valle, albergaron un interesante conjunto de estas neveras. 

Juan Antonio Martí Cebrián, una vez más, es nuestra principal fuente local de información sobre los pozos de nieve y su comercio en Elda y en su entorno. Como las nevadas eran muy escasas, hay que suponer que los pozos eldenses almacenaban nieve, hielo e incluso granizo procedente de otras localidades, para luego revenderlo. También, de manera ocasional, conservaban el producto de las heladas invernales que se producían en la zona. Reveladoramente, a su paso por Elda camino de Alicante, en diciembre de 1775, el viajero británico Henry Swinburne contaba que 

“Pasamos por una serie de estanques y cuevas donde los habitantes de esa ciudad guardan sus provisiones de hielo para su consumo de verano. Como había una delgada capa de hielo en la superficie del agua, estaban muy ocupados llevándosela con la mayor celeridad por si un repentino deshielo la hiciera desaparecer…”

El hielo se utilizaba para consumo propio local, y también para la venta fuera del Valle de Elda. Era sin duda un negocio muy lucrativo, como se desprende del episodio que nos transmite de nuevo Martí: 

“…en 1786, la ciudad de Alicante tuvo serios problemas con los propietarios de los pozos de Elda a causa de la excesiva subida del precio de la nieve, ya que los comerciantes Miguel Juan Vidal y Miguel Juan y Tormo intentaron engañar al regidor municipal alicantino Josep Nicolás Alcaraz haciendo creer que la nieve depositada en los pozos se había acabado y la poca que quedaba se había encarecido enormemente. El engaño fue descubierto por los regidores Torregrosa y Tomás, obligando a los “astutos traficantes de nieve” a cumplir el contrato estipulado. Algún tiempo después la justicia de Elda decretó el cierre del pozo de nieve, finalizando esas relaciones comerciales con Alicante”.

Las décadas finales del siglo XIX parece que fueron la última edad dorada del hielo en Elda. Varias fuentes de la época hablan de la existencia de hasta ocho neveros. Transcribo, de la mano de Martí, el texto de Manuel Rico publicado en julio de 1880 en el periódico La Unión Democrática de Alicante:

En Elda se dedican gran número de personas a la recolección de hielo exclusivamente: siendo el único punto donde se explota este artículo y hallándose allí los siguientes [pozos]: Lasi (sic), de 4.000 (arrobas); Duque, de 8.000; Zanja, de 8.000; Anchuras, de 10.000; San Antonio, de 8.000; Franceso, de 12.000; Chorrillo, de 12.000. En un punto de la línea divisoria de los términos de Elda y Sax, hay otro también llamado Chorrillo, de 12.000 “. (sic)

El pozo del Duque tal vez se ubicó en el entorno del Puente del Sambo. El de Anchuras, entre el cementerio de Santa Bárbara y la rambla de Anchureta (comúnmente denominada de Puça o dels Molins), en terrenos conocidos tradicionalmente como partido de los Pozos por la existencia de varias instalaciones de este tipo. El pozo de San Antonio de Padua o de la Alfagüara se emplazó entre los actuales barrios de la Estación y Caliu. Y uno de los pozos del Chorrillo, ubicado en la antigua partida del Pozo de Nieve, se pudo emplazar en terrenos ocupados por la alberca del mismo nombre, en el entorno de la antigua fábrica de la luz y de una gran balsa de riego.

De la lista de Manuel Rico, en la Elda de nuestros días solamente quedan dos pozos de hielo. El Pozo Franceso, también conocido como Pozo Francesco, Francisco, del Francés o de la Jaud, se localiza junto a la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR). Datado en una fecha imprecisa, entre los siglos XVIII y XIX, es el único pozo nevero de tipología clásica que ha sobrevivido. Su planta es circular por el interior y octogonal al exterior, y su profundidad es de unos 7 metros. Su cubierta ha desaparecido, y sin duda necesita obras de mantenimiento, conservación y restauración. Situado en una finca particular, hay que agradecer a la familia Jover que lo haya abierto a la visita de estudiantes del proyecto educativo “La Llave de Elda” en los últimos años, entre otros grupos de visitantes.


Detalle del interior del Pozo Franceso

A poca distancia del Pozo Franceso se ubicó la Zanja de hielo de la antigua hacienda del marqués de Lacy. Parece que la antigüedad de la zanja se remonta, al menos, al siglo XVIII, si hacemos caso de los grafiti identificados en su interior con las fechas  1789, 1796 y 1810. Ya en el siglo XIX, la Guía Comercial e Industrial de Elda (1884) corrobora la continuidad de su explotación, cuando su propietario era el Marqués de Lacy. A lo largo del siglo pasado, posiblemente a partir de los años 20, pudo ir perdiendo sus funciones tradicionales. Desde entonces se empleó como corral, gallinero y trastero, hasta su abandono. Tras la construcción del polígono industrial Lacy en 2002, esta infraestructura quedó oculta tras sus naves, sin conexión alguna con la casa principal, en una parcela de propiedad municipal.

Desde el punto de vista arquitectónico, la zanja es una llamativa obra de planta rectangular con restos de una cubierta que recuerda la técnica tradicional de la bóveda o volta catalana. Formó parte de una modesta edificación, como sótano o semisótano que recibía el hielo procedente de una serie de balsas dispuestas a su alrededor. Concretamente, Martí nos recuerda que, en una escritura de 1874, aparece como “zanja para conservar el hielo, con sus ensanches y casa adjunta”, valorada en 3000 reales. Sorprendentemente, la zanja no fue la única instalación de ese tipo en la zona. Antiguas escrituras de propiedad citan la existencia de un conjunto de cuatro pozos de nieve o hielo en las inmediaciones de la Finca Lacy, como el ya citado pozo Lasi, cuya grafía y pronunciación recuerdan el peculiar seseo eldense. Sólo la zanja de hielo se ha mantenido hasta hoy, si bien no puede visitarse actualmente. Durante años pudieron verse sus ruinas abandonadas. Pero, ante su acelerada degradación y la falta de fondos económicos para ser restaurada, fue enterrada a finales de 2012 con el fin de posibilitar, al menos, su conservación.

Los pozos de nieve y de hielo son Bienes de Relevancia Local. Creo que es misión de una ciudad como la nuestra, en pleno siglo XXI, conservar y poner en valor estas muestras de nuestro patrimonio cultural, y así convertir su protección legal en protección real. Porque el pozo Franceso y la zanja de la Finca Lacy son los últimos ejemplares de una especie antigua y prácticamente extinguida en Elda. Una especie reconocida por su singularidad histórica y cultural. Una especie, la de los pozos de nieve, propia de la era preindustrial y de un tipo de negocio y oficio artesanal que fue tan ocasional como próspero en su tiempo, el tiempo del hielo.

 

Para saber más y mejor:

Martí Cebrián, Juan Antonio, Pozos de nieve en el término de Elda, Fiestas Mayores, nº 13, 1996, pp. 52-54;  “Los pozos de nieve y su comercio en la comarca del Medio Vinalopó (Alicante), Revista del Vinalopó, nº 3, 2000, pp. 227-236; “El comercio de la nieve en la villa de Elda durante los siglos XVIII y XIX”, Alborada, nº 45, 2001, pp. 131-133; “Oficios perdidos (II). Los nevateros”, Alborada, nº 47, 2003, pp. 111-113.


Vista de la zanja de hielo de la Finca Lacy | Ernesto Navarro Alba

Comentarios  

0 #2 Juan Carlos Márquez Villora 02-03-2016 19:55
Muchas gracias y muy amable, José Carlos.
0 #1 José Carlos 16-02-2016 15:47
Una vez más he aprendido algo que desconocía gracias a esta estupenda forma de contar que une rigor y pasión por Elda, y además literatura. No se puede pedir más. Gracias.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir