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Recogida de la leña para la hoguera de San Antón

Cada año un poco peor. La ermita de la Cañadas, conocida también como ermita de los Dolores, muestra cada vez más los signos del paso del tiempo, a pesar de los modestos y voluntariosos esfuerzos de propios y extraños por cuidarla y mantenerla mínimamente digna y adecentada. Como si de una venerable anciana se tratara -que, en este caso, cumple 300 años en el recién estrenado 2016-, su estado de salud parece empeorar de manera preocupante. Y es que la ermita no es una enferma más en la abigarrada "lista de espera sanitaria" del patrimonio histórico local: se puede considerar que es prácticamente la última en su especie, y el más antiguo ejemplo en pie de una ermita rural en Elda, villa en la que llegaron a existir más de una decena de estos edificios religiosos a lo largo de las épocas moderna y contemporánea.

El pasado domingo 10 de enero el tiempo acompañó, y unos cuantos cientos de eldenses participamos en la recogida de leña para la hoguera de San Antón, acompañados por la guía experta, entrañable y rica en detalles de Israel Castillo y José Felipe Tomás. Precisamente durante la  jornada, en la que se integraron de manera exitosa, una vez más -y van siete ediciones-, excursionismo, patrimonio histórico, tradiciones y espíritu festivo, tuvimos ocasión de visitar el paraje de las Cañadas. La ruta, organizada por la Mayordomía de San Antón, tiene su principal parada en el entorno de la ermita, también conocida como ermita de los Dolores.

A ojos de cualquier visitante o excursionista ocasional, el pequeño edificio no destaca por su impacto arquitectónico. La construcción es modesta. De hecho, lo ha sido siempre. El gramático oriolano José Montesinos, entre finales del siglo XVIII y los principios del siglo XIX, nos proporciona la primera y escueta descripción de la ermita, que transcribo a continuación, con algunas licencias, directamente de la edición realizada por José Antonio Ortega Camús en 1997:

Extramuros de la Villa, poco mas

de un quarto de legua, en el partido

llamado de las Cañadas, se halla la

mediana Hermita, rural sin dotación,

titulada de Nra. Sra. de los Dolores,

q. aunq. mediana, es curiosa, y aseada,

Tiene Torre y campana, se suele celebrar

Misa en los días Colendos del Verano,

à expensas de los Labradores Vecinos;

se fundò en el de 1716.

Detalle de la fachada de la ermita

Esta fecha (1716) para la fundación de la ermita no se corresponde con la aportada por otras fuentes de información, que fijan el origen de este edificio religioso en 1786. De manera que, aunque nos inclinamos por la primera y más antigua, conviene manejar ambas dataciones con cierta cautela. En todo caso, Lamberto Amat recuerda en 1873 la existencia de esta ermita, junto a las del Chorrillo y de la Concepción en la Jaud, incluyéndola en la categoría de las ermitas eldenses más recientes, y sostenida, como las otras dos, “por la piedad y devoción de los dueños de sus respectivas haciendas”. Tras esta breve referencia de Amat, hubo que esperar más de un siglo para que Juan Antonio Martí, en la revista Alborada de 1984, ofreciera una detallada síntesis de la ermita, aportando un valioso documento del archivo parroquial de Santa Ana. En ese manuscrito se cuenta que Diego Flores Abellán, canónigo y deán de San Nicolás de Alicante, y secretario personal del entonces obispo Simón López Dionisio, inspeccionó todos los edificios religiosos de Elda en 1816.

En el acta de esa visita, que Martí transcribe, se hace inventario detallado de la ermita de las Cañadas -bien conservada, a juicio del visitador-, y de su equipamiento para el culto, haciendo hincapié en la necesidad de reparar el tejado, y de renovar y mejorar parte de sus instalaciones. Sorprende que, hasta hace unas décadas, todavía se conservara parte del mobiliario litúrgico citado en la inspección -en concreto, seis candeleros, el atril y la cruz con peana-. Llama la atención, además, la existencia de un lienzo con la representación de Nuestra Señora de los Dolores, que ocupaba tradicionalmente un hueco rectangular situado en el centro del retablo que todavía hoy preside la ermita.

Lienzo de la Virgen de los Dolores

Este lienzo de la Virgen de los Dolores, que fue retirado por miedo al expolio o al vandalismo hace ya años, se conserva actualmente en manos privadas. No obstante, a través de una fotografía proporcionada por el mismo Martí, parece que estamos ante una auténtica rareza y, al mismo tiempo, una muestra excepcional en el panorama del arte pictórico en Elda: una obra que podría situarse en el siglo XVIII, como ya manifestaron Mª Teresa Berná y Mª Dolores Soler en el capítulo dedicado al arte de la Historia de Elda, y que muestra las características propias del Barroco, con la representación de la Mater Dolorosa recogiendo en su regazo a Cristo recién descolgado de la cruz, es decir, siguiendo el modelo iconográfico y devocional de una Piedad. La Virgen aparece con las siete espadas clavadas en su corazón, símbolo de su sufrimiento. Estas sietes espadas representan sus Siete Dolores, es decir, los siete momentos de la vida de Jesús de Nazaret que hicieron sufrir a su madre María, comenzando por el propio episodio bíblico de la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, recogido por el evangelista Lucas (2, 35), cuando Simeón profetiza a María la futura pasión de su hijo: “¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma!...

Interior de la ermita, con el altar, el retablo y las ofrendas de los devotos

El óleo de la Dolorosa formó parte, a su vez, de un retablo decorado con pintura mural al fresco. El paso del tiempo ha ocasionado que este interesante retablo se conserve actualmente de manera fragmentaria, con abundantes lagunas, necesitado sin duda de una restauración profesional. Nos cuentan que, hace unos años, el historiador del arte Alejandro Cañestro desentrañaba los secretos de la composición pictórica a los participantes de una edición anterior de la recogida de leña. El pasado año 2015, el asesor religioso de la Junta Central y de la Mayordomía de San Antón, Jesús Pastor, apostillaba e interpretaba algunos detalles de la decoración pictórica mural del interior de la ermita. A falta de un estudio especializado, me atrevo a adelantar, de manera preliminar, algunos aspectos particularmente interesantes. Parece que podríamos estar ante un retablo con un programa iconográfico y decorativo que gira coherentemente en torno a la temática religiosa que preside la ermita. Por un lado, los dolores de la Virgen, jerarquizando la composición. Alrededor, la representación de algunos de los símbolos e instrumentos de la Pasión de Cristo, entre los que se identifican la titulación INRI (Jesús Nazareno Rey de los Judíos) rematada por una cruz; los dados con los que los soldados romanos se jugaron la túnica de Jesús; la corona de espinas; el martillo y las tenazas, para clavar y extraer los clavos, representativos de la crucifixión y del descendimiento, respectivamente; las cuerdas, símbolos del prendimiento y el paso de Jesús por la cárcel; y la bolsa de las treinta monedas del pago a Judas Iscariote. Aparecen también el corazón de Cristo sangrante y rematado por la cruz, y el corazón atravesado por una espada, rememorando el dolor de la Virgen María. 

Sin intención de ser exhaustivo, habría que añadir que todo el conjunto aparece enmarcado por un dosel, flanqueado por dos ángeles en la parte inferior de la composición, portando, cada uno de ellos, elementos de la Pasión -a la derecha, la lanza del centurión Longino; a la izquierda, hipotéticamente, la caña con la esponja impregnada de hiel y vinagre ofrecidos a Cristo crucificado-. Parece entreverse, además, un tercer ángel en la parte superior izquierda, circunstancia que hace pensar en la presumible existencia de una cuarta figura a la derecha que, a simple vista, no se percibe. En ambos casos, de nuevo, los ángeles serían portadores de objetos vinculados al ciclo pasional de Jesús de Nazaret.

Detalle de los frescos del retablo

En fin, no queremos entretenernos en más detalles del interesante programa decorativo de la ermita, camuflado cada vez más por la proliferación actual de objetos depositados por la devoción popular. Solo una limpieza y tratamiento especializado del retablo podrían arrojar más luz a su lectura e interpretación por parte de expertos en este tipo de manifestaciones artísticas. Lo merece sin duda. En este sentido, para ir abriendo camino en la investigación, Fernando Matallana nos aporta la noticia de la existencia de unos frescos de la capilla de la Orden Tercera del convento franciscano de  Jijona. Estos frescos muestran un cierto aire de familia y paralelismos formales y estilísticos con el retablo de los Dolores. Y nos recuerda la importancia y el papel histórico de los franciscanos en el cuidado y el mantenimiento tradicional de las ermitas y capillas. La misma advocación de la ermita, consagrada a Nuestra Señora de los Dolores, nos acerca a un tiempo en el que el culto y la devoción popular hacia esta figura tenían su importancia en Elda. Además de la ermita, también se manifestaba en la arquitectura y en la escultura de la antigua iglesia de Santa Ana, y contaba además con la existencia de una cofradía dedicada a la Virgen de los Dolores al menos desde mediados del siglo XVIII, lejano precedente de la actual cofradía de la Virgen de la Soledad, conocida popularmente como La Dolorosa.

He de reconocer que, dejándome llevar por mi interés en su decoración, no he entrado en precisiones sobre la arquitectura de esta ermita. De esa sencilla construcción tenemos la concisa y a la vez precisa descripción que Ramón Candelas aportó en 2004 en su obra sobre las ermitas de la provincia de Alicante. Extraigo de ella la información básica: “Edificio exento, fabricado con muros de mampostería y tejado a dos aguas de teja curva. De fachada sencilla, pentagonal, sin más adorno que una pequeña hornacina […], sobre la puerta y la espadaña sin campana. La planta es rectangular, mide 5.78 m. por 4.50 m. Un arco diafragma apuntado la divide en dos tramos. Tiene banco corrido todo el perímetro. El estero [testero] es recto, con altar de obra…

La ermita de las Cañadas es un monumento con una evidente dimensión religiosa. Pero no de manera exclusiva. Como hemos visto, concentra notables valores históricos, artísticos y culturales. Forma parte, en definitiva, de nuestra tradición y experiencia colectiva en Elda. Seguramente por eso, en el año 2014 la Cofradía de los Santos Patronos encargó a Israel Agulló Giménez y a Gabriel Segura Herrero un anteproyecto para la recuperación y rehabilitación de la ermita. Un valioso y necesario documento que, sin embargo, está esperando tiempos mejores para ser desarrollado y ejecutado. 

La ermita, además, acrecienta su valor por su entorno. Se emplaza junto al sendero local PR-CV 195 (Las Cañadas), que coincide con un tramo del GR7, una gran vía senderista paneuropea que, en su recorrido español, conecta el estrecho de Gibraltar con Andorra. La propia toponimia y el nombre del paraje (Las Cañadas), nos recuerdan la importancia histórica del lugar, en el entorno de la Vereda de los Serranos, uno de los principales caminos de la ganadería trashumante tradicional en el valle de Elda. La ermita se ubica, además, en la antesala de los históricos espacios del secano eldense, donde sobresale, por su proximidad, el Caserío de Pausides y los vecinos azudes de la rambla del Derramador, entre otras fincas. Precisamente hablando de fincas, si el estado de la ermita es preocupante, el de la contigua Casa del Tío Amador es alarmante. Esta casa ya se menciona en la visita de 1816, cuando, haciendo referencia a la ermita, se dice: “la halló muy bien situada, y separada de la casa de campo...”. A inicios del siglo XXI, una parte de esta antigua y notable propiedad rural, de la que llaman la atención sus contrafuertes y el insólito reloj solar de su fachada, presenta un estado desolador, afectada por una ruina evidente.

Reloj de sol de la Casa del Tío Amador

Ha pasado una generación desde la reivindicación conservacionista que cerraba el artículo de Martí en 1984. Creo que la restauración y conservación de la ermita es imprescindible si no queremos, una vez más, perder una pieza singular de nuestro patrimonio cultural eldense. No es cosa fácil, aunque su antigüedad y su papel como hito religioso tradicional la conviertan, por prescripción legal, en Bien de Relevancia Local. Si en el caso del patrimonio histórico público su conservación suele ser, de entrada, ardua y complicada, en esta ocasión, dado que la ermita es de propiedad privada, entiendo que cualquier medida de conservación de cierto alcance es, cuanto menos, económicamente costosa para sus dueños. Más allá del imperativo legal del deber de conservación, creo que se está a tiempo de arbitrar una solución, acordada o consensuada entre los propietarios y la administración local, con la participación de entidades o asociaciones -como la Cofradía de los Santos Patronos, u otras que quieran sumarse-, para frenar su deterioro y recuperarla integralmente. Algunos compañeros me apuntan la idea de aplicar la fórmula del crowdfunding para financiar parte de la restauración: ahí la dejo como una posibilidad más… Palabras mayores serían, además, rehabilitar la centenaria finca aledaña -al menos, la parte no ruinosa que todavía es recuperable-. En fin, concluyo. Doscientos años después de la inspección del secretario episcopal en 1816, rememorando las recomendaciones de aquella lejana visita, parece que el tejado de la ermita, de nuevo, debería volver a repararse... Y no solo el tejado. Al fin y al cabo, es lo propio de las construcciones antiguas: repararlas y darles uso para mantenerlas vivas.

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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