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Carlos Coloma retratado por Anton van Dyck

Virreyes de Cerdeña y de Mallorca, generales en Flandes e Italia, alcaides del castillo de Alicante, condes de Elda. Poetas, historiadores, traductores, editores, mecenas artísticos y literarios. Gobernadores, obispos, embajadores y altos diplomáticos. 

Estos son algunos de los méritos, dignidades y talentos de la familia Coloma entre el siglo XVI y parte del XVII. También fueron promotores y defensores de la creación del obispado de Orihuela y de la Universidad de Cagliari (Cerdeña). La lista podría ser más larga. Y es que estamos ante gente de armas, de política y de letras, nobleza de primera línea de su tiempo. Destacados miembros de este linaje fueron auténticos representantes del ideal nobiliario renacentista y de la cultura cortesana en el mundo del Siglo de Oro español, formando parte, asimismo, de los círculos de poder en la España de los Austrias. Juan Coloma (1521 a 1525-1586), primer conde de Elda, por ejemplo, fue admirado por Cervantes en una de sus primeras obras, La Galatea (1585). Extracto un fragmento, correspondiente al Canto de Calíope, que revela el prestigio del que gozaba el primer conde de Elda en su época: 

 

...¡oh, tú, don Juan Coloma, en cuyo seno

tanta gracia del cielo se ha encerrado,

que a la envidia pusiste en duro freno

y en la fama mil lenguas has criado,

con que del gentil Tajo al fértil Reno

tu nombre y tu valor va levantado!

Tú, conde de Elda, en todo tan dichoso,

haces el Turia más que'l Po famoso.

Escudo de los Coloma

Su hijo Carlos Coloma (1566-1637) tuvo una larga y brillante carrera militar, diplomática y literaria, con una vida digna de un relato novelesco. Varios expertos sostienen que pudo aparecer retratado en La rendición de Breda o Las lanzas, la celebérrima obra que el genial Velázquez culmina en 1634

Soy consciente del riesgo de caer en un oportunismo localista si sobredimensionamos artificialmente estos dos hitos que he seleccionado de destacados miembros del linaje Coloma. Creo que no debemos caer en la vertiente tópica de un relato al estilo de “eldenses por el mundo”, en este caso, a través de la historia. Solamente traigo a colación estos dos pequeños detalles, el cervantino y el velazqueño, para dar puntualmente un contexto adecuado a la relevancia histórica de Juan y Carlos Coloma. Objetivamente, son dos hitos circunstanciales en sus respectivas biografías que, en el océano de la gran historia, tienen un valor casi anecdótico. Y, sin embargo, nos permiten encuadrar a estos dos miembros de la casa Coloma en el meollo de la actividad política y cultural de España en la Edad Moderna, clave en nuestro ADN histórico.  

Quizá para algunos no hace falta descubrir ahora a los Coloma: se presupone que son sobradamente conocidos en Elda. Tengo mis dudas. Tal vez muchos eldenses se pueden sorprender al saber, no tanto de la existencia de estos personajes, sino de su significación histórica y cultural. Algunos de los Coloma, junto a otras figuras como Juan Sempere y Guarinos, Juan Rico y Amat o Emilio Castelar, por citar algunos de los más relevantes, forman parte de un reducido y selecto conjunto de personalidades de nuestra historia, previas al tumultuoso siglo XX, que poseen un origen o profundas raíces eldenses, y que tuvieron una indudable relevancia y reconocimiento dentro y fuera de las fronteras de nuestro valle.

El viejo alcázar de los Coloma fotografiado por Jean Laurent en 1858

Esta semana pongo el foco sobre los Coloma aprovechando la próxima celebración de unas jornadas los próximos días 26 al 28 de octubre en la Casa de la Viuda de Rosas, sede de la Junta Central de Comparsas de Moros y Cristianos. El amigo Rafa Carcelén nos avanza el variado contenido de estas Jornadas Coloma en su blog de literatura, de manera que evitaré, en la medida de lo posible, repeticiones y solapamientos al respecto. De todo lo que rodea a los Coloma, que es mucho, me parece importante destacar su relación con Elda, aunque pueda parecer algo chauvinista. Sobre todo algunos de sus miembros más reconocidos de esta época tuvieron una profunda raigambre eldense. A pesar de sus largas estancias fuera de su casa solariega, de ostentar cargos y dignidades que implicaban estar lejos de su señorío, este linaje, durante mucho tiempo, consideró Elda como su lugar de referencia, la sede física de su poder. Y ese vínculo tuvo importantes consecuencias, marcando un antes y un después en la historia de la villa.

 Los Coloma, que llegan al valle de Elda a inicios del siglo XVI, estuvieron detrás de los principales monumentos que históricamente han formado parte del paisaje tradicional eldense hasta bien entrado el siglo XX: el castillo, la antigua iglesia de Santa Ana, y el convento de Nuestra Señora de los Ángeles. De su mano, la fortaleza medieval feudal de Elda se convirtió, progresivamente, en un alcázar, acentuando su carácter residencial y palaciego. Fue uno de los símbolos de su poder señorial. Es oportuno recordar que, en ese proceso de conversión de un recinto defensivo en un espacio palaciego, los Coloma siguieron la estela marcada por los Corella, otra familia que merece también un capítulo especial en la historia bajomedieval eldense. La arqueología, la arquitectura y el análisis documental van revelando, poco a poco, el impacto de la presencia de los Corella y de los Coloma en los cambios profundos que experimentó este monumento a inicios de la Edad Moderna, y que marcó su fisonomía y su función durante siglos. También los Coloma participaron destacadamente en la consolidación del templo de Santa Ana como referente religioso monumental de la villa. Y, directamente, fundaron el imponente convento franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles, también desaparecido, completando un programa arquitectónico e ideológico de gran calado en la Elda moderna y contemporánea.

Detalle de la antigua iglesia de Santa Ana (1858) antes de su destrucción en 1936

En definitiva, esta familia tuvo un impacto fundamental en la historia de Elda. Los Coloma fueron, lógicamente, los exponentes y el reflejo de una época con profundas diferencias económicas, sociales y jurídicas. Acercarnos a los Coloma en su contexto histórico no puede hacernos caer en la apología carente de crítica, ni olvidar que formaron parte de la nobleza y, por consiguiente, de un régimen sustentado en el privilegio y la desigualdad. Como, por otra parte, solía suceder con la nobleza de su tiempo. Tuvieron sus luces y sus sombras. De hecho, también hubo algún Coloma poco apreciado, que no se distinguió en las tareas de buen gobierno, ni en las armas ni en las letras, más bien en otros asuntos poco recomendables…

Creo que es importante reforzar nuestra identidad local con buenas dosis de historia y de memoria histórica. Conviene recordarlo en una ciudad que, tengo la sensación, ha vivido tradicionalmente poco apegada a su historia -más rica de lo que aparenta- y a su patrimonio histórico, especialmente durante buena parte del siglo XX. En esto de afianzar la memoria histórica de Elda ayudará, seguramente, la celebración de las Jornadas Coloma, que nos han permitido detenernos esta semana para dedicar un pequeño acercamiento a esta singular familia. 

Al fondo, el antiguo convento de Nuestra Señora de los Ángeles, fundado en 1562 por Juan Coloma e Isabel de Saa

Comentarios  

0 #1 Pepe Bernal 11-09-2017 10:49
Me gusta mucho,cuando leo o miro,alguna foto antigua,de mi ciudad Elda.

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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