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Detalle del interior de la sala, con el horno y la recreación del paisaje antiguo | Museu Dámaso Navarro

Esta semana volvemos nuestros ojos a la Antigüedad, aprovechando una novedad poco frecuente. El pasado jueves 17 de septiembre se inauguró oficialmente la restauración y musealización del horno cerámico romano de la antigua villa romana de Petrer, conocida como villa Petraria. El horno se encuentra en la Plaza de Baix, ocupando los bajos de un edificio próximo a la Iglesia de San Bartolomé, y a un tiro de piedra del Museo Arqueológico y Etnológico de Petrer (Museu Dámaso Navarro).

La apertura al público de esta instalación es una buena noticia para el patrimonio histórico de Petrer y, por extensión, de la comarca. Recojo, por cortesía de Fernando E. Tendero, director del Museu de Petrer, la información más relevante de esta iniciativa que ha convertido una ruina arqueológica en un recurso cultural. El horno romano apareció durante las excavaciones previas a la construcción de un edificio, allá por el año 2007. Formaba parte del conjunto de hornos y dependencias de un taller alfarero. Fue seleccionado para su restauración y protegido por su favorable estado de conservación, integrándose en la planta baja de la actual construcción. Tras las obras de consolidación y restauración efectuadas, se ofrecen a la vista del público las partes esenciales de esta instalación artesanal. Pueden observarse la boca de alimentación del combustible (praefurnium) y la cámara de combustión (hypocaustum) del horno. También se muestra la recreación parcial de la cámara de cocción (laboratorium) y de la parrilla, con los orificios o toberas que comunicaban ambas cámaras y permitían regular la temperatura de cocción de la carga del horno, que estaría formada por tejas y ladrillos. La sala de exposición está acondicionada con un sistema de ventilación para evitar humedades, una rampa para el acceso de personas con movilidad reducida, paneles con imágenes fotográficas explicativas, y una amplia ilustración que recrea el alfar de la villa durante la época de su funcionamiento.

El taller cerámico de la villa romana de Petrer nos conduce a través del tiempo hacia el Imperio Romano, concretamente a los siglos II y III después de Cristo. Nos lleva a plena época imperial, en la que los asentamientos rurales romanos se desarrollaron intensamente a lo largo del valle del Vinalopó, explotando su riqueza agrícola. Nos traslada, en definitiva, a una instalación artesanal destinada a la fabricación y cocción de material de construcción (tejas y ladrillos) para abastecer a una hacienda rural romana. Por cierto, una villa de las más importantes del Alto y Medio Vinalopó, a tenor de los hallazgos que se han venido produciendo desde 1975 en el centro histórico de Petrer. El mosaico polícromo y los fragmentos de sarcófago paleocristiano, los restos constructivos de unas termas, el mausoleo familiar, la zona artesanal e incluso los basureros del asentamiento constituyen los testimonios más importantes de la actividad de esta villa, desarrollada entre mediados del siglo I y el siglo VII de nuestra era. En definitiva, la exposición del horno romano enriquece, con una sala más, la oferta del Museu de Petrer. Se suma riqueza cultural -en este caso, de naturaleza histórica y arqueológica- para que los ciudadanos y visitantes la disfruten, como producto de la colaboración entre el Ayuntamiento de Petrer y la Conselleria de Cultura.

Hasta aquí lo que, objetivamente, consideramos una magnífica noticia. Pero quiero añadir, a riesgo de parecer oportunista, que el hallazgo y la musealización de los vestigios de esta alfarería no es el único en nuestro valle. El yacimiento arqueológico El Monastil conserva, desde el año 2010, los vestigios de una alfarería romana, también consolidados y restaurados con la cooperación del Ayuntamiento de Elda y la antigua Caixa Catalunya. Los hornos del taller cerámico de El Monastil nos permiten contar otra historia “de romanos”, diferente y algo más antigua: la de la implantación de la producción cerámica al estilo romano en nuestras tierras durante los apasionantes años finales de la época iberorromana, allá por mediados del siglo I antes de nuestra era. Ese relato, con el protagonismo de El Monastil, lo iremos desgranando en futuras entradas a lo largo de este curso. 

Concluyo apostillando lo singular del asunto. En Petrer y Elda conservamos, a poca distancia entre sí, dos auténticas muestras de antiguas instalaciones e infraestructuras alfareras. Tenemos dos ejemplos notables de una actividad económica antigua y representativa de la era preindustrial: la producción de cerámica. Un tipo de oficio y de actividad tradicional que ha tenido una larga perduración, especialmente en Petrer, prácticamente hasta la época contemporánea. Los talleres cerámicos romanos de Elda y Petrer –en el fondo, dos de las primeras fábricas de nuestra historia común, una historia marcada precisamente por el actual paisaje fabril- son, además, complementarios desde el punto de vista expositivo, patrimonial y turístico, porque nos permiten acercarnos a dos historias diferentes, procedentes de un tiempo lejano, que nos llegan, una vez más, a través de la rica arqueología de nuestra comarca.

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Vista exterior de la sala del horno romano de Petrer | Museu Dámaso Navarro

Comentarios  

0 #1 Eloy 22-09-2015 13:33
Magnífico artículo. Un saludo.
:D

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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