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Portada de la revista Fiestas Mayores de 2015| Joaquín Laguna

Tras el paréntesis veraniego, iniciamos nueva temporada. Comenzamos con el ánimo de seguir trasladándonos a nuestro pasado y a nuestras tradiciones, a nuestra historia y a nuestro patrimonio, para hacerlos presentes y parte activa de nuestra vida y de nuestra identidad como comunidad local.

Empezar a principios de septiembre me brinda una oportunidad especial para explorar y conocer nuestro pasado común. Porque estos días están marcados en Elda por la celebración de sus Fiestas Mayores, una centenaria festividad que, como otras de las mismas características, posee varias dimensiones. Por supuesto, sobresale una evidente dimensión religiosa, social y ciudadana, en la que se conjugan alboradas y palmeras, celebraciones religiosas, tracas, globos aerostáticos, actividades de barrio, eventos musicales y fiesta nocturna. También una dimensión cultural, recogida, una vez más, en las casi 300 páginas de la revista del mismo nombre, presentada hace unos días, que recoge un variado y rico mosaico de aportaciones. Entre ellas, por cierto, un numeroso grupo de artículos de carácter histórico y patrimonial. Y es que las fiestas en honor a la Virgen de la Salud y al Cristo del Buen Suceso -cuyas nuevas imágenes cumplen 75 años- poseen una vertiente histórica que ha merecido el estudio de varios investigadores, sobre todo en los últimos años, enriqueciendo el conocimiento sobre sus orígenes y desarrollo. 

La trascendencia de estas fiestas es, pues, una oportunidad para detenernos en sus raíces históricas y destacar algunos aspectos que me parecen interesantes. Merece la pena, en este sentido, acercarnos a la leyenda que cuenta los orígenes de la llegada de las imágenes de los patronos de Elda. Cuenta la tradición local que en 1604 Antonio Coloma, segundo conde de Elda, a punto de abandonar su cargo de virrey de la isla de Cerdeña y de volver a España, recibe una petición de dos jóvenes peregrinos. Los jóvenes solicitan la admisión de dos cajones para ser cargados en el mismo barco que debe tomar el conde. Aceptada la petición, los peregrinos, sin embargo, misteriosamente, no embarcan, pero sí los cajones, que viajan hasta el puerto de Alicante. Al descargarlos, se observa escrita en sus tapas la leyenda “Para Elda”. El conde manda abrirlos, y se encuentran en su interior “…una devotísima imagen de Jesús crucificado, y (…) una hermosa imagen de María Santísima con el niño Jesús en su brazo”. Las imágenes son conducidas a la villa y se instalan, finalmente, en la iglesia de Santa Ana.

La leyenda, que fue analizada en sus detalles por Gabriel Segura y, posteriormente, por Miguel Ángel Guill, entre otros estudiosos, tiene varias fuentes y versiones, con sus matices, desde los siglos XVIII y XIX (fundamentalmente, José Montesinos, Lamberto Amat y Gonzalo Sempere). En una de estas variantes se señala que el destino de las imágenes que llegan a nuestras tierras inicialmente no estaba tan claro. Parece que los rótulos de los cajones se prestaban a confusión, haciendo dudar a sus descubridores entre Elda y la vecina Novelda como lugar de acogida. Alberto Navarro cuenta cómo se resuelve el problema:

“…Conducidas las cajas en una carreta tirada por bueyes desde Alicante hacia Elda se hizo un alto antes a la bifurcación de caminos cuyas direcciones eran las de Elda y Novelda. Entonces se vendó los ojos a los dos bueyes y se les dejó andar sin que nadie los guiara, para ellos fueran por el camino que Dios quisiera, lo que sería demostración de la voluntad divina del destino al que debían llegar las imágenes. A este juicio de Dios asistían las autoridades de ambas villas y gran cantidad de vecinos de uno y otro pueblo. Los bueyes, tras un momento de vacilación, arrancaron firmemente por el camino que conducía a Elda, decisión que fue acatada noblemente por los noveldenses y celebrada con alegría por nuestros antepasados…”.

Recreación de la llegada de las imágenes de los patronos a Elda | Miguel Ángel Guill

El relato tiene un lógico tono de apología religiosa, con elementos reales y tópicos habituales en leyendas piadosas que narran acontecimientos similares. La llegada por mar de las imágenes sagradas está impregnada de tópicos y reminiscencias clásicas antiquísimas. Un análisis sistemático de los relatos orales patronales alicantinos revela el uso repetido de la llegada de las imágenes religiosas vía marítima, en ocasiones flotando sobre las aguas, como son los casos de Nuestra Señora del Rosario (Guardamar del Segura) y del Crist del Calvari de Gata de Gorgos. En el caso de la Mare de Déu de l’Assumpció (Elche), la figura llega en el interior de un arca. La procedencia ultramarina de un país extranjero es otro lugar común. Si en Elda el origen de las primitivas tallas es Cerdeña, en Cocentaina la Mare de Déu del Miracle viene nada menos que de Constantinopla, y de Nápoles procede la Mare de Déu del Patrocini de Penàguila. No resulta, pues, tan curioso que en otros lugares del Mediterráneo existan tradiciones acerca de la llegada por mar de figuras religiosas. En Cerdeña, lugar de partida de los patronos eldenses, varias leyendas hablan de la llamada Signora Venuta dal Mare, esto es, la figura de una Virgen que llega por mar, en caso, significativamente, desde España. Por otra parte, las figuras de los dos peregrinos de la leyenda aparecen en otras conocidas tradiciones religiosas patronales, como sucede en San Juan (Cristo de la Paz), Aspe y Hondón de las Nieves (Nuestra Señora de las Nieves), Villena (Nuestra Señora de las Virtudes), Biar (Mare de Déu de Gràcia) y Benissa (la Puríssima Xiqueta). El uso de cajones de madera para el transporte de las figuras es un elemento, asimismo, recurrente. Finalmente, de manera reveladora, se sabe que en más de una decena de localidades alicantinas las imágenes de los patronos fueron un regalo del señor del lugar. 

Si continuamos el análisis crítico de esta tradición, sin duda pierde valor como fuente histórica, haciéndonos pensar, en primera instancia, que es sobre todo una creación diseñada con fines especialmente religiosos y políticos. Y en esto no andamos desencaminados. Sin embargo, más allá de la apariencia superficial, detrás de la leyenda se vislumbra la historia: los elementos legendarios y milagrosos que aparecen en el relato no pueden hacernos perder de vista el contexto y los componentes reales que encierra la narración. Por ejemplo, la tradición de la llegada de los patronos a Elda es, también, una oportunidad para reconocernos en nuestra identidad mediterránea. Nos permite recordar que existen vínculos históricos con la isla de Cerdeña, en particular, y con Italia, en general. Hay que recordar que los Corella y los Coloma, familias con un reconocido protagonismo en la historia eldense, tuvieron una presencia relevante y dejaron huella en tierras itálicas, sobre todo entre los siglos XV y XVII, como parte de una historia común (España en Italia, e Italia en España) que, poco a poco, vamos conociendo cada vez mejor. 

Las antiguas imágenes de la Virgen de la Salud y el Cristo del Buen Suceso | Emilio y Luis Maestre

El relato se gesta en un tiempo y en un espacio que fueron caldo de cultivo ideal para el surgimiento de leyendas piadosas. Estas tradiciones alimentaron formas de religiosidad popular características de la Contrarreforma y el Barroco: más de la mitad del número de casos de inicio de devociones religiosas populares conocidas en la provincia de Alicante se sitúa entre los siglos XVII y XVIII. Podemos afirmar, en este sentido, que alrededor de la llegada de las tallas religiosas a Elda, más allá de su debatida datación y de la hipotética existencia de una versión más reciente de estas imágenes, se creó de manera interesada, probablemente en el entorno del conde, y alimentado por la devoción popular, este relato revestido de una aureola fantástica. Un relato que estuvo destinado a fomentar el culto al Crucificado y a la Virgen en un momento histórico delicado, buscando la conversión de la mayoría morisca, atada secretamente a seculares ritos islámicos, y, por otro lado, el aumento de la cohesión social y religiosa de los cristianos, que necesitaba elementos de reafirmación de la fe católica en una tierra sospechosa de apostasía y con una precaria cristianización, como fueron los valles del Vinalopó. Los resultados sobre la pretendida conversión de la comunidad morisca no se pueden evaluar: en 1609, pocos años después de la mítica llegada de las imágenes, los moriscos eldenses son expulsados y abandonan Elda para siempre. La minoría cristiana quedó en un valle desmantelado, y sólo una lenta repoblación permitió recobrar el pulso de la villa. Con el tiempo, envueltas en el milagroso halo de la leyenda que rodeó su llegada, estas tallas de madera recibieron la advocación definitiva de Virgen de la Salud y Cristo del Buen Suceso, convirtiéndose en patronos de la ciudad hasta su destrucción en la Guerra Civil, durante los asaltos y quema de la iglesia de Santa Ana en 1936.

La historia de la llegada de las imágenes a Elda fue contada  y, por tanto, heredada y conservada durante siglos de padres a hijos, siguiendo la tradición oral. La fuerza y el éxito del boca a boca entre los eldenses sin duda hicieron que el relato, con el tiempo, se pusiera por escrito. Quiero subrayar la importancia de difundir y dar a conocer una leyenda que está en los orígenes de la fiesta, y que además se hace presente en sus celebraciones, como sucede, sin ir más lejos, con la recreación en las procesiones de la presencia del barco, los peregrinos y los cajones que portaron las imágenes. Podemos aprovechar la ocasión que brindan estos días festivos para que esta entrañable historia tenga su pequeño lugar, y trasladarla a quien no la conozca o apenas sepa de su existencia. A los que visitan la ciudad en estas fechas, a nuestros amigos, a nuestros familiares o a nuestros hijos. En este último caso, por ejemplo, aprovechando los materiales divulgativos que se han creado en los últimos años, promovidos por la Cofradía de los Santos Patronos. Recordar esta historia es una oportunidad para aproximarnos a nuestra raíces y a nuestras señas de identidad colectiva, navegando entre lo legendario y lo histórico, ente lo mítico y lo real, entre la fe, la devoción, y el imprescindible análisis histórico. Creo que hay que perseverar en la difusión del relato, sus versiones, sus interpretaciones y su vertiente crítica, como parte de la herencia que hemos recibido. Independientemente de las creencias que tenga cada uno, constituye un valioso patrimonio común de Elda.

Barco que transportó las imágenes en las fiestas del III Centenario, 1904 | Cefire Elda

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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