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Fotografía aérea con algunos de los elementos principales del parque cultural

El Monastil, en Elda, y la finca El Poblet, en Petrer. El Arenal de l’Almortxó, en Petrer, y el Pantano, en Elda. La torre medieval de la Torreta, en Elda, y la casa y marquesado de la Noguera, en Petrer. Estos son algunos de los nombres propios que forman parte de un patrimonio histórico y natural excepcional, ubicado a caballo entre ambas localidades. En unos pocos kilómetros cuadrados se concentra una variedad insospechada de lugares y parajes que podrían multiplicar su valor y sus posibilidades si somos capaces de integrarlos en un proyecto interdisciplinar. Un proyecto que ponga en común historia, arqueología, cultura, educación, naturaleza y medio ambiente, ocio, excursionismo y turismo. Todo ello, con el fin de conseguir un resultado final propio y sostenible que, además, trascienda el ámbito local, por su relevancia y significación.

Esta semana defendemos la idea –que no es nueva, pero sí el medio- de estudiar la creación de un parque cultural entre Elda y Petrer, en las tierras que limitan los dos términos municipales. El parque cultural es una categoría específica de los Bienes de Interés Cultural. Si atendemos a la definición que aparece en la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano, 

“Es el espacio que contiene elementos significativos del patrimonio cultural integrados en un medio físico relevante por sus valores paisajísticos y ecológicos.”

 La figura legal de parque cultural para englobar este conjunto de bienes de valor histórico y natural parece ser la adecuada. No obstante, se podría utilizar otra categoría si fuera mejor. Pero sobre todo queremos hacer hincapié en el contenido. Y el contenido de este hipotético parque cultural de Elda y Petrer -al que quizá habría que buscarle una denominación más atractiva-, estaría formado por una serie de ingredientes prometedores. La arqueología se haría presente a través del reconocido y milenario asentamiento de El Monastil (Bien de Interés Cultural) como referente y exponente máximo de la Antigüedad, acompañado por el insólito y rico paraje del Chorrillo (del que hablamos hace unos días) y los yacimientos prehistóricos de la Cueva de la Casa Colorá,  El Canalón, la Cueva del Hacha o la Terraza del Pantano. La torre de la Torreta, otro monumento de interés cultural, nos llevaría al mundo convulso y fronterizo de Castilla y Aragón en la Edad Media. Las presas históricas del Pantano o embalse de Elda, la casa y el marquesado de la Noguera, los parapetos de la Torreta, las caleras del Pantano y la Torreta, y las yeseras de El Guirney, nos trasladarían a la Edad Moderna y al tránsito al mundo contemporáneo. La historia y el patrimonio del siglo XX estarían vertebrados por la Finca del Poblet, conocida como Posición Yuste, hito de la Guerra Civil y residencia del presidente del último gobierno republicano de España durante los últimos días del conflicto. Además, se podrían incluir junto a El Poblet otros bienes, como la en otro tiempo espectacular Fábrica de Lonas, el túnel de la Torreta y las centrales hidroeléctricas del Chorrillo y El Monastil, emblemas de la llegada de la modernidad al valle.

Vista aérea de El Monastil | J. M. Martínez Lorenzo

En el esbozo del parque cultural que presentamos aquí, en el ámbito del patrimonio natural, este auténtico y genuino combinado de recursos locales estaría asociado al Humedal del Pantano, protegido por el Catálogo de Zonas Húmedas de la Comunidad Valenciana. En este espacio sobresalen el bosque de tarays y el carrizal, entre otros componentes y especies animales y vegetales de la ribera del Vinalopó. El Arenal de l'Almortxó sería el segundo de los puntales de esta propuesta en el apartado medioambiental. Se trata de un paraje natural municipal que conserva un paisaje dunar propio de las zonas litorales, pero en el interior de la provincia de Alicante, conformando un insólito y raro fenómeno natural de gran tradición popular entre la población de Petrer y Elda.

Sin ánimo de ser exhaustivos, esta lista de pequeños tesoros de nuestro patrimonio, convenientemente articulados y recuperados, podría permitir recorridos transversales y temáticos para todos los públicos. Por ejemplo, en torno al agua, siguiendo la tradición de los Encuentros del Vinalopó. Nos podríamos acercar con fundamento a la cultura del agua sumando, además, a los elementos ya citados, la noria del Pantano, el pozo del Canto Domingo y el canal de la Huerta. También el manantial y las conducciones de Santa Bárbara que abastecieron históricamente a Elda, así como los antiguos molinos (de harina, de esparto, de papel, de pólvora…) que se sitúan alrededor del río y de las ramblas aledañas, y, en general, obras hidráulicas antiguas y modernas que abundan en la zona. Se podría aprovechar esta riqueza para explicar y abordar el secular problema del agua como recurso vital en nuestras tierras, así como los conflictos tradicionales por su utilización. 

El parque permitiría tratar, además, de primera mano, la necesidad de cuidar y proteger la naturaleza en el marco del Vinalopó. También relatar el papel de la ingeniería y la capacidad del hombre para transformar el medio físico con las obras de la autovía, del ferrocarril, de las presas del pantano, de las conducciones hidráulicas y acueductos… Podríamos asomarnos a los orígenes de la industrialización en el valle a través de las fábricas (de lonas, de cartón, de la luz). O, sin tapujos, debatir sobre los horrores de la guerra y, por qué no, sobre la historia de las ideas políticas, aprovechando las posibilidades que ofrece El Poblet. 

Como telón de fondo, los relieves de la sierra de la Torreta nos recordarían, con más sentido, nuestras señas de identidad: las de una tierra de frontera histórica y geográfica que ha ido conformando con el paso de los siglos un crisol social, demográfico y cultural del que somos herederos. En definitiva, el parque podría funcionar como un auténtico laboratorio educativo al aire libre de medio ambiente, ecología e historia, que ayudaría a identificarnos y a definirnos como comunidades vecinas (Petrer y Elda) con un pasado y un futuro comunes.

Finca El Poblet vista | J. M. Martínez Lorenzo

No todo acabaría con el potencial formativo y cultural que está detrás de esta idea. La riqueza vinculada a la propuesta también podría tener un recorrido económico y turístico. De hecho, en la zona se ubican dos polígonos industriales (Les Pedreres, en Petrer, y Torreta-Río, en Elda). Estos polígonos podrían aportar e integrar en el discurso del parque cultural su potencial, por ejemplo, orientado hacia la cultura del vino y al mundo del calzado, a partir de experiencias empresariales que ya existen en la actualidad. Y es que la localización de este espacio es claramente ventajosa, junto al camino histórico y actual entre la costa alicantina y el interior de la península. En este sentido, el río Vinalopó y la autovía A-31 son claves para articular su estrategia y su planificación territorial, porque se trata de dos elementos vertebradores indiscutibles. Miles de vehículos transitan a diario por la autovía, una arteria de primer nivel en la Comunidad Valenciana y a escala estatal, atravesando esta zona común entre Elda y Petrer que podría convertirse, a través del parque, en un magnífico escaparate hacia viajeros y turistas.

Dicen algunos expertos que los tiempos de crisis deben ser tiempos de soluciones inmediatas para sus efectos más dramáticos, pero también tiempos de propuestas a largo plazo que sean capaces de crear riqueza sostenible y diversificada. Por eso pienso que hay que apostar por la recuperación del patrimonio histórico y natural de este lugar que reúne una serie de valores especiales y singulares. Es verdad que el punto de partida, salvo alguna excepción, está prácticamente en el kilómetro cero. Y que algunos de los ingredientes de este cóctel se encuentran en estado precario, cuando no abandonados. Pero merecería la pena analizar la viabilidad de la idea en los ayuntamientos de Petrer y Elda, en la Mancomunidad Intermunicipal del Vinalopó, con la participación de diversas administraciones, asociaciones y agentes, con profesionales de diferentes sectores y ámbitos, con quien haga falta, en definitiva. Y, si fuera viable, convertirla en proyecto, con los plazos y fases que sean oportunos, pasando del boceto al trazo fino para integrar en un discurso común los elementos de este mosaico cultural y natural. Un auténtico reto.

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Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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