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Historia y patrimonio

El pasado presente

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Antigua ermita de San Antón (dibujo Alberto Navarro).

Del desierto egipcio al valle de Elda, la figura de San Antonio Abad atraviesa tiempos y culturas diferentes. Desde el lejano siglo III, su historia, sus valores y su mensaje nos acompañan, actualizados y hechos presentes, en varias de nuestras principales fiestas locales.

De la mano de la Mayordomía de San Antón, la conmemoración del 75 aniversario de la llegada de la imagen del santo anacoreta a Elda (1941) se está celebrando con un programa de actividades y eventos a lo largo de 2016. La exposición “San Antonio Abad. Del desierto egipcio al corazón de Elda”, abierta del 4 al 29 de marzo en la Casa de Rosas, es una pequeña pero sugerente muestra de que es posible integrar fe, cultura, historia, patrimonio y fiesta en un mismo discurso. Y también una oportunidad para acercarnos a una figura que tuvo y mantiene una fuerte impronta en la vida de nuestra ciudad, como han destacado, entre otras, las obras de José Luis Bazán y Antonio Poveda.

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Vista del Pozo de hielo Franceso | Arquealia

"Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar: 

-Es el diamante más grande del mundo. 

-No -corrigió el gitano-. Es hielo. 

José Arcadio Buendía, sin entender, extendió la mano hacia el témpano, pero el gigante se la apartó. “Cinco reales más para tocarlo”, dijo. José Arcadio Buendía los pagó, y entonces puso la mano sobre el hielo, y la mantuvo puesta por varios minutos, mientras el corazón se le hinchaba de temor y de júbilo al contacto del misterio.”

Gabriel García Márquez

Este mágico fragmento de Cien Años de Soledad nos lleva a un tiempo en el que el hielo era un pequeño lujo. Más todavía en estaciones o sitios cálidos, como el mítico Macondo, tropical sede de la fábrica de hielo de los Buendía. Macondo y Elda quedan, aparentemente, bastante lejos (aunque, bien pensado, habría detalles que matizar al respecto...). En fin, en cualquier caso, para no distraerme, y volviendo al hilo, hay algo que une ambos lugares. Y es que tal vez a algunos les pueda sorprender que en Elda existieron varios pozos de hielo o nieve desde la Edad Moderna hasta bien entrado el siglo XX. Cuesta un poco más creerlo, ya en pleno mes de febrero, cuando vivimos un invierno tan suave y templado como el actual. Pero diversos investigadores y expertos en climatología nos recuerdan que no siempre ha sido así. 

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Recogida de la leña para la hoguera de San Antón

Cada año un poco peor. La ermita de la Cañadas, conocida también como ermita de los Dolores, muestra cada vez más los signos del paso del tiempo, a pesar de los modestos y voluntariosos esfuerzos de propios y extraños por cuidarla y mantenerla mínimamente digna y adecentada. Como si de una venerable anciana se tratara -que, en este caso, cumple 300 años en el recién estrenado 2016-, su estado de salud parece empeorar de manera preocupante. Y es que la ermita no es una enferma más en la abigarrada "lista de espera sanitaria" del patrimonio histórico local: se puede considerar que es prácticamente la última en su especie, y el más antiguo ejemplo en pie de una ermita rural en Elda, villa en la que llegaron a existir más de una decena de estos edificios religiosos a lo largo de las épocas moderna y contemporánea.

El pasado domingo 10 de enero el tiempo acompañó, y unos cuantos cientos de eldenses participamos en la recogida de leña para la hoguera de San Antón, acompañados por la guía experta, entrañable y rica en detalles de Israel Castillo y José Felipe Tomás. Precisamente durante la  jornada, en la que se integraron de manera exitosa, una vez más -y van siete ediciones-, excursionismo, patrimonio histórico, tradiciones y espíritu festivo, tuvimos ocasión de visitar el paraje de las Cañadas. La ruta, organizada por la Mayordomía de San Antón, tiene su principal parada en el entorno de la ermita, también conocida como ermita de los Dolores.

A ojos de cualquier visitante o excursionista ocasional, el pequeño edificio no destaca por su impacto arquitectónico. La construcción es modesta. De hecho, lo ha sido siempre. El gramático oriolano José Montesinos, entre finales del siglo XVIII y los principios del siglo XIX, nos proporciona la primera y escueta descripción de la ermita, que transcribo a continuación, con algunas licencias, directamente de la edición realizada por José Antonio Ortega Camús en 1997:

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DVD La Llave de Elda

Un grupo de estudiantes visita el yacimiento arqueológico de El Monastil o las presas históricas del Pantano. Allí toman muestras de agua del Vinalopó, se sumergen en el bosque de tarays, y reconocen especies animales y vegetales de este singular paraje. Semanas más tarde, otro grupo recorre en bicicleta el curso del río hasta el polígono industrial Lacy, pasa frente a la desoladora imagen de la antigua finca del mismo nombre, se acerca al insólito pozo nevero del Francés, y explora los entresijos de la estación depuradora de aguas residuales. Al cabo de un tiempo, un tercer grupo de jóvenes estudiantes dedica una mañana a bucear en el mundo de libros, legajos y cultura de la Biblioteca Alberto Navarro. Se acercan al Archivo Histórico, a la búsqueda bibliográfica, a la experiencia de autores literarios locales, o a la animación y dramatización lectora. 

Así, a lo largo del calendario escolar anual, se reparten hasta seis experiencias diferentes protagonizadas por cientos de chavales fuera de las aulas. Seis rutas temáticas, en la ciudad y en el campo, en interiores y al aire libre, con el fin de acercar un conjunto de lugares y espacios prácticamente desconocidos para los estudiantes de educación secundaria, bachillerato y ciclos formativos (Turismo y Actividades Físico-Deportivas) del IES Monastil. Esto es la Llave de Elda, un proyecto promovido por este centro educativo que está en marcha desde hace unos cinco años con la colaboración del Ayuntamiento de Elda.

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Carlos Coloma retratado por Anton van Dyck

Virreyes de Cerdeña y de Mallorca, generales en Flandes e Italia, alcaides del castillo de Alicante, condes de Elda. Poetas, historiadores, traductores, editores, mecenas artísticos y literarios. Gobernadores, obispos, embajadores y altos diplomáticos. 

Estos son algunos de los méritos, dignidades y talentos de la familia Coloma entre el siglo XVI y parte del XVII. También fueron promotores y defensores de la creación del obispado de Orihuela y de la Universidad de Cagliari (Cerdeña). La lista podría ser más larga. Y es que estamos ante gente de armas, de política y de letras, nobleza de primera línea de su tiempo. Destacados miembros de este linaje fueron auténticos representantes del ideal nobiliario renacentista y de la cultura cortesana en el mundo del Siglo de Oro español, formando parte, asimismo, de los círculos de poder en la España de los Austrias. Juan Coloma (1521 a 1525-1586), primer conde de Elda, por ejemplo, fue admirado por Cervantes en una de sus primeras obras, La Galatea (1585). Extracto un fragmento, correspondiente al Canto de Calíope, que revela el prestigio del que gozaba el primer conde de Elda en su época: 

 

...¡oh, tú, don Juan Coloma, en cuyo seno

tanta gracia del cielo se ha encerrado,

que a la envidia pusiste en duro freno

y en la fama mil lenguas has criado,

con que del gentil Tajo al fértil Reno

tu nombre y tu valor va levantado!

Tú, conde de Elda, en todo tan dichoso,

haces el Turia más que'l Po famoso.

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Para muchos profesionales, aficionados o enamorados de la Historia, el mundo del antiguo Egipto tiene un atractivo especial. A pesar de la aparente lejanía espacial y temporal de la cultura egipcia, su singularidad y su riqueza arqueológica han suscitado un apasionado interés científico y popular desde hace siglos. Por eso es un privilegio y un placer inusual contar con Nacho Ares en la Fundación Paurides González Vidal el próximo jueves 15 de octubre, a las 20 horas, para presentar su última novela, El sueño de los faraones.

Nacho Ares es un personaje sobradamente conocido por los amantes de la Historia en nuestro país. Y, sin embargo, no me resisto a extractar lo esencial de su biografía profesional para situar y dar un contexto adecuado a su presencia en Elda. Creo que estamos ante uno de los principales divulgadores científicos y literarios de la Historia y de la Arqueología de este país. Ya desde hace años. Y sin matices. Licenciado en Historia Antigua (Universidad de Valladolid), amplió estudios en el campo de la egiptología en la Universidad de Manchester entre 2009 y 2012, orientando su investigación hacia el análisis del culto al dios Osiris en la época de Amarna, allá por siglo XIV a. C., en pleno Imperio Nuevo. Viajero incansable al país de los faraones, autor de 16 libros y más de 300 artículos hasta la fecha, la mayor parte dedicados a la cultura egipcia, también ha traducido del inglés, revisado y prologado señaladas obras de la misma temática. 

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Vista del histórico inmueble de la calle San Roque 28 en 2010. Actualmente se encuentra más deteriorado

Lo más antiguo no equivale necesariamente a lo más importante, ni siquiera en el ámbito de la Historia, la Arqueología o el Patrimonio Cultural. Digo esto porque, en ocasiones, resulta tentador acudir a la antigüedad de un hallazgo, de un monumento o de un acontecimiento, para darle notoriedad automáticamente. Eso parece que da pedigrí: cuanto más antiguo, mejor. Cosa diferente es que, en otros aspectos de la vida, “antiguo” se traduzca directamente por “viejo”, y viejo, a su vez, tenga unas connotaciones negativas en las que mejor no entrar por ahora, porque me desvío del tema. 

Cuando se trata de historia o de patrimonio cultural, soy poco partidario de establecer rankings de importancia en función del factor antigüedad. Sobre todo si esa antigüedad no va acompañada de algo más, de otros valores relevantes. He de reconocer, no obstante, que vivimos en una era obsesionada por lo cuantitativo, por los récords Guinness, por las coletillas tipo “the best...” o “top…”. Todo se mide. Estamos rodeados por escalafones, escalas y rangos. Tal vez por ese fondo ambiental que nos rodea, en varias ocasiones me han preguntado, ejerciendo mi trabajo, cuáles son las ruinas arqueológicas o cuál es el edificio más antiguo del pueblo. Esa última interrogación, junto a la pura curiosidad, traduce una cierta necesidad o empeño por tener el dato, por saber la fecha, por conocer, en definitiva, la jerarquía temporal en el patrimonio de nuestra ciudad. Y, claro, ante la pregunta, uno a veces se siente en la obligación profesional de decir algo coherente al respecto. Consciente y deliberadamente, a pesar de las reservas que he expuesto, entraré en ese juego: a la caza de lo más antiguo.

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Detalle del interior de la sala, con el horno y la recreación del paisaje antiguo | Museu Dámaso Navarro

Esta semana volvemos nuestros ojos a la Antigüedad, aprovechando una novedad poco frecuente. El pasado jueves 17 de septiembre se inauguró oficialmente la restauración y musealización del horno cerámico romano de la antigua villa romana de Petrer, conocida como villa Petraria. El horno se encuentra en la Plaza de Baix, ocupando los bajos de un edificio próximo a la Iglesia de San Bartolomé, y a un tiro de piedra del Museo Arqueológico y Etnológico de Petrer (Museu Dámaso Navarro).

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Portada de la revista Fiestas Mayores de 2015| Joaquín Laguna

Tras el paréntesis veraniego, iniciamos nueva temporada. Comenzamos con el ánimo de seguir trasladándonos a nuestro pasado y a nuestras tradiciones, a nuestra historia y a nuestro patrimonio, para hacerlos presentes y parte activa de nuestra vida y de nuestra identidad como comunidad local.

Empezar a principios de septiembre me brinda una oportunidad especial para explorar y conocer nuestro pasado común. Porque estos días están marcados en Elda por la celebración de sus Fiestas Mayores, una centenaria festividad que, como otras de las mismas características, posee varias dimensiones. Por supuesto, sobresale una evidente dimensión religiosa, social y ciudadana, en la que se conjugan alboradas y palmeras, celebraciones religiosas, tracas, globos aerostáticos, actividades de barrio, eventos musicales y fiesta nocturna. También una dimensión cultural, recogida, una vez más, en las casi 300 páginas de la revista del mismo nombre, presentada hace unos días, que recoge un variado y rico mosaico de aportaciones. Entre ellas, por cierto, un numeroso grupo de artículos de carácter histórico y patrimonial. Y es que las fiestas en honor a la Virgen de la Salud y al Cristo del Buen Suceso -cuyas nuevas imágenes cumplen 75 años- poseen una vertiente histórica que ha merecido el estudio de varios investigadores, sobre todo en los últimos años, enriqueciendo el conocimiento sobre sus orígenes y desarrollo. 

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Fotografía aérea con algunos de los elementos principales del parque cultural

El Monastil, en Elda, y la finca El Poblet, en Petrer. El Arenal de l’Almortxó, en Petrer, y el Pantano, en Elda. La torre medieval de la Torreta, en Elda, y la casa y marquesado de la Noguera, en Petrer. Estos son algunos de los nombres propios que forman parte de un patrimonio histórico y natural excepcional, ubicado a caballo entre ambas localidades. En unos pocos kilómetros cuadrados se concentra una variedad insospechada de lugares y parajes que podrían multiplicar su valor y sus posibilidades si somos capaces de integrarlos en un proyecto interdisciplinar. Un proyecto que ponga en común historia, arqueología, cultura, educación, naturaleza y medio ambiente, ocio, excursionismo y turismo. Todo ello, con el fin de conseguir un resultado final propio y sostenible que, además, trascienda el ámbito local, por su relevancia y significación.

Esta semana defendemos la idea –que no es nueva, pero sí el medio- de estudiar la creación de un parque cultural entre Elda y Petrer, en las tierras que limitan los dos términos municipales. El parque cultural es una categoría específica de los Bienes de Interés Cultural. Si atendemos a la definición que aparece en la Ley del Patrimonio Cultural Valenciano, 

“Es el espacio que contiene elementos significativos del patrimonio cultural integrados en un medio físico relevante por sus valores paisajísticos y ecológicos.”

Acerca del autor

Autor: Juan Carlos Márquez

Comparto con vosotros en este blog unos cuantos años de recorrido y de práctica profesional pública y privada en los campos de la Arqueología, la Historia y la Gestión del Patrimonio Cultural. He pasado por experiencias docentes en las aulas universitarias y por proyectos de investigación dentro y fuera de España. Desde 2003, como arqueólogo del Ayuntamiento de Elda (Alicante), tengo la oportunidad de trabajar para mi ciudad e ir redescubriendo, paralelamente, su historia y sus tradiciones, su pasado. Me apasiona la investigación histórica y la dimensión científica de la Arqueología y del Patrimonio Cultural. No obstante, en los últimos tiempos he orientado mi tarea, por un lado, a la vertiente divulgativa de la historia y del patrimonio eldense, y, por otro, a la gestión destinada a su conservación, creo que por responsabilidad y casi por imperativo profesional.

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