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#EldaenFallas

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Pregón y proclamación 2003

Era como si estuviésemos en un cuento de hadas, así es como ellas, las candidatas, siempre lo definen. Al filo de la medianoche, cuando la emoción estaba en su punto más alto, la lectura del acta del jurado, siguiendo con el símil literario, actuaba como el beso del príncipe. Al escuchar los nombres de las elegidas, sus caras pasaban de la alegría a la decepción más profunda, según los casos. Las lágrimas corrían libremente, en su mayor parte de alegría. Otras, las no electas procuraban contener sus emociones y también, según en qué casos, la sorpresa adquiría distintos grados.

El párrafo anterior tan solo describe el momento final de la elección de los cargos de Falleras Mayores de Elda, que tuvo lugar  el pasado sábado en el recinto de la Plaza Castelar, pero perfectamente podría ser el retrato de cualquiera de las elecciones celebradas desde hace muchos años. Llegados a esta tesitura siempre se repite el patrón: nervios contenidos; inseguridad de las candidatas; emoción ante el momento decisivo; alegría-tristeza según como sea de favorable el resultado. Es inalterable e inevitable esta secuencia, pero no por ello menos emotiva. Durante muchos años he visto la repetición de la jugada y siempre es igualmente de dolorosa para aquellas que lo dejan todo en el empeño y no consiguen alcanzar la meta de su recorrido. Pero ¿qué lleva a estas mujeres y a estas niñas a  empeñar parte de sus vidas en el logro de esta ilusión? Difícil respuesta, aunque sin saberla nosotros, nos aventuraremos a dar algunos apuntes que permitan al lector hacerse su propia composición de lugar.

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Falleras Mayores en El Progreso 1936

Podría ser esta la pregunta que muchos se hacen al ver el anuncio de la Elección de las Falleras Mayores de Elda. Y sería legítima. Posiblemente yo también me lo haya planteado en alguna ocasión, pero la respuesta, más allá de ritos y folclore, creo que tiene otras respuestas y esas son las que intentaremos dilucidar con este artículo.

La fiesta es una manifestación muy íntima de los pueblos. Con ella los vecinos intentan crear lazos en su comunidad que les permitan afianzar su propia personalidad e idiosincrasia como colectivo humano. Visto de esta forma las fallas, una fiesta creada en los barrios y para los barrios, permiten desde su origen mostrar a los demás lo que cada uno sabe hacer en su entorno, no olvidemos que según la tradición, más menos legendaria, los monumentos nacen del afán de renovación de los artesanos, en el núcleo gremial del XVIII, por ponerle fecha. Hablamos de fallas, las hogueras por supuesto llegan de forma tardía y merecen otro tratamiento.

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Candidatas infantiles 2011 en la Hemeroteca de San Vicente

Eso es lo que supone el próximo fin de semana para las 18 aspirantes a convertirse en las Falleras Mayores de Elda durante el ejercicio de 2015: unos días definitivos. Y para ello 10 niñas y 8 mujeres se afanan en mostrar sus cualidades al jurado que las calificará, para ostentar esos cargos y finalmente,  tras un par de semanas de dudas e indecisiones, a pesar del alto nivel de formación que todas ellas presentan, solamente dos de ellas ostentarán el título y la representación de la fiesta fallera y de la ciudad allá dónde se las invite.

Contando con que no es perfecto, el actual sistema de elección de los cargos se ha venido mejorando con el paso del tiempo. De aquellas decisiones casi arbitrarias de los primeros años de Junta Central, pasando por las entrevistas insidiosas a las que se sometía a las aspirantes en una sala del Ayuntamiento y que podían dejar marcadas para siempre a las interrogadas, llegamos a una fórmula menos agresiva en la que el jurado dejaba de ser censor y verdugo (que nunca lo fue por cierto), para convertirse en esa especie de entomólogos que observan a las chicas como si de insectos se tratara, dicho con el mayor de los cariños y por supuesto, manifestando mi respeto y admiración por aquellos que alguna vez han ejercido de jurado en alguna parte, pues yo jamás me prestaría a ello.

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VISTAS. Coloreada a mano 1-Años 50

Al parecer vamos consiguiendo con nuestras publicaciones aquello que pretendíamos, es decir, que el lector reaccione, que no se quede pasivo tras la lectura del texto y que  su contenido sirva para animarle a opinar y exponer sus propios criterios sobre el tema tratado. Noto en falta, eso sí, una lectura por su parte más objetiva, pues observo que la tendencia es a opinar, no por lo escrito, sino por lo que cada cual cree que ha leído. De los cinco comentarios que se han hecho al último artículo, tan solo el 5º podría decirse que alcanza cierto grado de objetividad, si bien no es plena, al verse condicionado por las anteriores opiniones. Pero está bien, Roma no se hizo en un día y particularmente, algunas de las opiniones expresadas son muy ilustrativas sobre el grado de aprecio en el que se tiene quien estas líneas escribe, y digo esto porque, a tenor de lo visto, cada cual seguirá haciendo su propia lectura. 

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Cremá de la Falla Las 300, 2014 | Jesús Cruces

A lo largo de las últimas semanas, esta tribuna, columna, espacio o blog (neologismo que no sé muy lo que significa), como se acostumbra a llamar lo que toda la vida ha sido un artículo de opinión, ha recogido mi criterio personal sobre distintos hechos que han venido ocurriendo en el mundo festero en general y en las fallas en particular que, al parecer, han levantado ciertas suspicacias y críticas entre cierto sector de la población, a las que quiero hacer ciertas puntualizaciones

Antes de nada quisiera decir que mis opiniones se centran en el ámbito de la fiesta fallera, porque este es un blog sobre fallas. Dicho esto y situados, continúo manifestando que en los artículos que componen esta publicación  desde su inicio, siempre he expuesto mi opinión personal, porque soy el autor y responsable de lo que escribo y así lo firmo. Porque creo que estoy acreditado para poder hacerlo, dado el honor que la fiesta me hizo al nombrarme su cronista. Porque dicho nombramiento me obliga a ser testigo y notario fiel de la situación que el colectivo vive y cómo se desarrolla y, por último, aunque hay muchas más razones, porque llevo vivido lo suficiente dentro del colectivo para poder opinar libremente sobre lo que en él ocurre. Supongo que serán suficientes razones las expuestas, para justificar la falta de servilismo de mis artículos, pero si no fuese así, hay una razón más poderosa que todas esas y esta es mi derecho a la libre opinión y expresión, así como el profundo respeto que siempre he mostrado por todas las personas que trabajan  por conseguir mantener lo que son las fiestas de Fallas en Elda.

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Formas de perpetuar el nombre de las Fallas

Estamos a las puertas de ver cumplido un largo anhelo, el de que el nombre de las Fallas de Elda figure en un espacio urbano, de forma que cada vez que alguien se refiera a él, la fiesta sea recordada, aunque sea indirectamente. Conseguirlo no ha sido fácil y la idea lleva pululando en las cabezas, posiblemente desde que hace más de una década, cuando se hiciera lo mismo con la fiesta de Moros y Cristianos, con lo que de nuevo volvemos a la dicotomía aludida en entregas anteriores de este mismo blog.

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1ª Reina De Fallas Elena Álvarez en el Teatro Castelar, 1959

El plazo de presentación de candidaturas a cubrir los cargos de Falleras Mayores de Elda y Damas de Honor se agotó hace unos días, justo cuando daban comienzo las fiestas de Moros y Cristianos. A lo largo de dos semanas, durante la segunda quincena de mayo, las mujeres que representaron a sus comisiones, al igual que las niñas que lo hicieron durante 2014, presentaban la documentación que las acredita como candidatas por sus respectivas fallas para poder acceder a un complejo y extenuante proceso de elección que durará dos meses, culminando con la Proclamación de las electas, en el teatro Castelar el sábado 25 de julio.

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Hace muchos años, setenta para ser exactos, daba sus primeros pasos en Elda una fiesta que, a pesar de contar con una gran antigüedad en el pueblo, los Moros y Cristianos había dejado de celebrarse por causas inciertas. Hizo falta una guerra para  que el sentimiento de tristeza que esta dejó entre la gente sirviese de revulsivo y permitiese recuperar ese espíritu jocoso e intrascendente que, en gran medida, forma parte de nuestro ADN.

Al mismo tiempo otra fiesta, esta vez la de fallas, pugnaba por abrirse paso desde nuestros barrios, alcanzando un buen grado de desarrollo en torno a los años 60 del pasado siglo. Pronto los partidarios de una y otra fueron creando cierto antagonismo entre ambas que llevó, en distintas ocasiones, a publicar en Valle de Elda artículos y cartas de los lectores posicionándose estos, como si de una batalla se tratara.

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F. Crespo y Antonio Porta, Alcalde de Elda en 1959

Conozco desde hace mucho tiempo el mundo de la fiesta por participar en él de muchas formas. Creo que es un espacio creado por los ciudadanos para su solaz y para encauzar y mantener algunas de las tradiciones heredadas de sus antepasados. También he tenido ocasión, igualmente por múltiples vías, de conocer como son las fiestas en otros lugares y lo que es más importante, como se han venido desarrollando a lo largo del tiempo. Las fiestas, sean las que sean, pertenecen a la gente, a los pueblos y por ese motivo levantan tantas pasiones y entre ellas, florecen de vez en cuando intereses espurios de listos aventajados que, despreciando el trabajo y la buena fe de las personas, intentan manipular en su beneficio ese esfuerzo colectivo.

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Falla Tafalera 1959 Reverso

Hubo un tiempo en esta fiesta, en el que plantar una falla, lejos de un hecho festivo, llegó a convertirse en una necesidad para poder expresar las necesidades de un barrio, de un pueblo o de un colectivo, simplemente. Fueron muchos los que se arriesgaron durante décadas, hombres honrados convencidos de una idea, camuflados en el entorno de la charanga y la pandereta, desafiando la represión cruel y el sadismo enmascarado de adictos al régimen, verdugos impíos que estaban al acecho de personas y haciendas, revestidos de bondad y olor a incienso, pero dominantes de la situación por medio de la opresión y el miedo. Los otros, los que nunca se resignaron a vivir de rodillas, supieron crear un entorno plagado de códigos, en el que pocas cosas eran lo que parecían. La mediocridad de los mandamases no les permitía ver lo que a ojos vista todos apreciaban y ciegos en su inoperancia, permitieron que la fiesta floreciera. Música y pólvora, arte y futilidad, con estos mimbres llegaron a construir los dominantes, el arquetipo del levante feliz siempre vano e inmerso en fiestas.

Acerca del autor

Autor: Miguel Campos Ruiz

Miguel Campos Ruiz, sociólogo eldense, es un joven comprometido con las tradiciones y cultura de su ciudad. Desde que finalizó sus estudios universitarios se dedica a la elaboración y redacción de estudios y artículos de divulgación sociocultural. Entre sus temáticas de estudio se encuentran fenómenos sociales como la “fuga de cerebros” o en materia de empleo el “Pacto Territorial por el Empleo del Valle del Vinalopó ”. Forma parte del Centro de Estudios Locales del Vinalopó, entidad cultural de ámbito comarcal, que anualmente publica la Revista del Vinalopó dedicada a las Ciencias Sociales. Sobre la fiesta de Fallas también ha publicado tanto en publicaciones de las comisiones falleras eldenses como en prensa local.

En la actualidad, es el Delegado de Cultura y Revista de la Junta Central de Fallas de Elda, y coordinador del proyecto educativo “Fallas en el Cole”. En #EldaenFallas podrás conocer toda la actualidad de la fiesta del fuego eldense.

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