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Enología y hostelería

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Cuando disfrutamos de una taza de café no le encontramos nada especial, pero su disfrute suele resultar bastante diferente cuando su sabor y aspecto corresponden a la variedad de la planta con la que ha sido preparado, el lugar donde ha podido ser cultivado, la forma en que ha sido molido, el tueste y hasta el tipo de cafetera con el que ha sido preparado. Todo el que se precie de saber de cafés, tiene que reconocer que la cafeína es la principal culpable de ese pequeño placer que diariamente nos estimula y consigue ponernos en marcha a cualquier hora del día.

La cafeína actúa en nuestro cuerpo con un gran poder estimulante, logrando aumentar nuestra capacidad de concentración, nos motiva, disminuye la sensación de sueño, nos excita muscularmente y hasta consigue despejarnos la cabeza cuando nos encontramos cansados. Pero cuidado, crea dependencia física. Aunque se desconoce a partir de qué cantidad es perjudicial, entre otras causas debido a la absorción y efrectos en cada persona, las cuales difieren de unas a otras, ya sea por su constitución o también por su metabolismo.

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Desde hace varios años, he venido observando cómo muchos clientes me solicitan diversos tipos de tés, además suelen consultarme la manera en que se deben de servir, con qué se pueden mezclar, etcétera. Lógicamente y ante tantas preguntas, me puse manos a la obra y realicé un pequeño aprendizaje sobre este producto. Lógicamente, adquirí con el paso del tiempo algunos conocimientos, los cuales quiero compartir con todos ustedes dentro de mis limitadas posibilidades, debido entre otras causas que el bar-cafetería que regento no está especializado en este tipo de bebidas como lo pueden estar las teterías, por ejemplo. Pese a todo, deseo que les sirvan a modo de introducción.

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A diario convivimos con esta pequeña combinación de una molécula de glucosa con otra de fructosa y apenas le damos importancia, pero es considerado sin lugar a dudas como el alimento que más nos ha influido en nuestra historia. 

El azúcar ha conseguido modificar cualquier hábito alimentario en el occidente mucho más rápido que cualquier otro en nuestra historia.

Después de numerosos estudios, se ha llegado a la conclusión de que es adictivo y su excesivo consumo provoca alteraciones en nuestro organismo. Pese a saberlo, cuando acudimos a cualquier centro de restauración lo seguimos consumiendo en grandes cantidades y hasta llegamos a preguntar por algunas de sus variedades.

Esta semana he querido dedicarles estas líneas a esta sustancia que tomamos diariamente y del que apenas sabemos nada sobre su procedencia así como de sus características.

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Apenas han transcurrido unos pocos días desde que acabara el verano y me apresto a dedicar el presente artículo a esas informaciones que desgraciadamente nos han llegado a través de redes sociales y de medios de comunicación en torno a precios abusivos con los que se han visto sorprendidos muchos turistas en algunos bares y restaurantes de toda nuestra geografía española.

Ejemplos suficientemente claros son: el famoso chiringuito de la isla de Formentera, con su espectacular factura de 337,35 euros, el restaurante de Torroella de Montgri, en la provincia de Girona, en el cual se tuvo la osadía de incluir en la factura, 25 céntimos con el concepto de: una aspirina/gelocatil, y otras tantas incidencias que posiblemente nos puedan sorprender, como el suplemento por el punto de carne o cobrarnos el hielo.

Desde estas líneas y dentro de mis posibilidades quiero tratar de aclarar lo que está bien cobrado y lo que no se debe de facturar aprovechándose del desconocimiento de muchos clientes.

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A medida que van pasando los años, los recuerdos de lo todo lo vivido se nos acumulan en nuestra memoria.  

De mi niñez guardo, como casi todos, esos momentos que eran importantes: asistir a la escuela, los juegos con los amigos, acudir los domingos a la sesión de cine autorizada a menores... pero existe un recuerdo que siempre ha quedado más reflejado en mi memoria que el resto: son mis visitas a las queridas tiendas de ultramarinos.

Esos lugares donde la abuela te mandaba a hacer el mandado para traer las faltas, el local donde se respiraba familiaridad entre todos los que allí se congregaban. Esa tienda donde se mezclaban los olores: frutas, detergentes, los caramelos guardados en tarros de cristal, los fiambres que eran cortados en lonchas al instante para luego dar buena cuenta durante la merienda con los amigos en la calle, y un largo etcétera de productos los cuales se dispensaban a gusto del cliente. 

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Desde que comencé con mis artículos en el presente blog sobre el mundo de la enología y la hostelería, siempre dejé a un lado cualquier mención respecto al mundo hostelero, quise hacerlo debido al futuro incierto que desde que comenzó la crisis vive este sector, prefiriendo dar un tiempo prudencial hasta después de los meses de vacaciones y observar cómo se desarrollaban las ventas, como de igual forma observar si se había incrementado el número de clientes con respecto a años anteriores.

Mi conclusión al finalizar estos meses sigue siendo un tanto negativa, los resultados que me han facilitado algunos profesionales siguen siendo poco positivos. La hostelería junto al turismo sigue sufriendo el azote por parte de la Administración, deambulando un mes tras otro con más pena que gloria y sin tener un objetivo claro de evolución para los próximos meses.

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En mi artículo anterior hacía mención a la variedad de uva Monastrell; en esta ocasión y como complemento al citado artículo quiero acercarme al vino que mayor fama y renombre ha dado en toda la huerta de la provincia de Alicante, el Fondillón.

Este vino dulce elaborado en nuestra provincia posee una graduación bastante alta, varía entre los 16 y 18 grados, siendo bastante diferente al resto de vinos fortificados debido al azúcar que contiene la uva con el que se elabora.

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En esta ocasión y tras hacer un recorrido durante las tres semanas anteriores a los diferentes tipos de uvas que se cultivan en nuestro país, he querido hacer hincapié en la variedad que considero como la reina de todo el sureste español, la Monastrell (también Morastell, Morrastell o Vermeta).

Este tipo de uva tiene la capacidad de producir unos vinos de gran calidad, siendo la segunda variedad más importante de uva tinta en nuestro país después del tempranillo.

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Uvas tintas:

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Uvas blancas autóctonas españolas:

  • Airén: Es una de las más cultivadas en nuestro país aunque destacan especialmente en zonas como Castilla la Mancha, Murcia, Madrid y Córdoba. Es la uva de mayor volumen de vino monovarietal del mundo, resistiendo las sequías y aguanta muy bien las enfermedades. Es un vino que se utiliza para mezclas y posee un alto grado de graduación en alcohol. Es la variedad principal en los vinos Denominación de Origen Vinos de Madrid y proporciona unos vinos jóvenes varietales excelentes.
  • Albariño: Uva autóctona de la Comunidad Gallega, siendo la uva principal en la Denominación de Origen Rías Baixas; con un alto contenido alcohólico. Esta uva posee una capacidad bastante alta en la producción de azucares. El vino blanco albariño es seco, ligero y delicioso, posee un sabor fresco y suave, posee aromas afrutados y florales.
  • Albarin: Uva de variedad blanca, su origen lo tenemos en el Principado de Asturias, aunque en la actualidad es también cultivada en la provincia de León. Crea unos vinos muy aromáticos. Esta uva se encuentra en una fase de recuperación ya que ha estado en peligro de extinción.
  • Godello: Cultivada en Valdeorras, Bierzo, Galicia y León, está adaptada al suelo seco; con esta variedad se consiguen vinos con gran cuerpo, evolucionan lentamente y posee aromas frutales, herbáceos y florales, con algunos matices anisados.

Acerca del autor

Autor: José J. González

Bienvenidos a mi blog sobre enología y hostelería. Llevo 23 años desarrollando la profesión de hostelería y me gustaría que este blog fuese un punto de encuentro para los lectores del Valle de Elda y de cualquier persona que quiera seguirnos. Para cualquier sugerencia podéis escribir al correo electrónico de esta redacción.

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