SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

Fundado en 1956
Visto: 782
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

Hay momentos mágicos en la educación. Surgen a veces inesperadamente, tal vez una hora después de haber soportado a un imbécil etimológico ladrar en el aula, quizás tres horas después de luchar a brazo partido por sacar adelante una sesión de tutoría. Ni siquiera son momentos que requieran de los artificios de la tecnología. Pueden darse en una clase prefabricada sin proyector, ni ordenador ni wifi, con la sola ayuda de un equipo que te has traído de tu casa y de un vídeo descargado de YouTube. A pesar de todo, son momentos que te recuerdan, mejor que el más popular gurú del gremio o de fuera de él, el porqué y el para qué te plantas cada día frente a tu alumnado. Te enseñan más que cualquier jornada o curso sobre la esencia de esta profesión. Suceden de cuando en cuando pero cuando ocurren los reconoces sin ningún resquicio de duda.

Hoy he vivido uno de ellos en la clase de Artes escénicas y danza, optativa de 4º de ESO que imparto este curso y en el que participan dieciséis alumnas con las que me peleo y me río cada sesión y de las que aprendo tanto o más que lo que les enseño. Hemos de decidir lanzarnos a un proyecto algo más ambicioso de representación, más allá de nuestras dinámicas y dramatizaciones habituales y se me ocurrió plantear alguna obra, que pudiéramos adaptar de manera más sencilla por su modularidad. Una de mis opciones era Terror y miseria del Tercer Reich y, como ejemplo, había escogido un vídeo sobre una de sus escenas: La mujer judía. La escena es sobrecogedora para cualquiera que tenga un ápice de empatía con la mujer repudiada por lo que es, por lo que siempre ha sido, expulsada de su propia vida por los convencionalismos en los que se apoyaba un régimen liderado por asesinos.

De pie frente al ordenador, en los poco más de cinco minutos que ha durado, no he sentido nada más allá de la voz de la actriz. Por un instante, mientras veía a quienes en su vida habían oído hablar ni de Brecht ni de su teatro, me he sentido literalmente emocionado ante su atención, con ganas de sacar la cámara y captar el momento para no olvidarme nunca, para recordar, así mismo, lo que otros maestros y maestras me descubrieron cuando en mi vida había oído hablar de algo y, tras escucharlo en una clase aun más precaria que esta, incorporé a la persona mejor o peor en que hoy me he convertido.

No sé si el artículo de hoy es más un recordatorio para el futuro o un agradecimiento presente y de corazón para quienes han compartido ese momento mágico conmigo. Quizás ambas cosas.

Para saber más.

Escena de La mujer judía:

Terror y miseria del Tercer Reich de Bertolt Brecht.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir