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Educación

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Hace algunas semanas, ni siquiera recuerdo muy bien el curso de la conversación, un compañero pronunció una frase que nos impactó y que, quien más y quien menos, guardó en ese disco duro que todo docente, para bien y para mal, lleva dentro.

Aprender es una secuela de divertirte.

Si nos detenemos en ella, lo cierto es que además de sonar bien contiene en sí misma una verdad muy ilustrativa para el desarrollo de nuestra tarea como enseñantes. Efectivamente, aprender está unido de modo íntimo al placer y la diversión. Aprendemos, cualquier cosa, con la esperanza de ser más felices, de aumentar nuestro bienestar personal o basado en la relación con las y los demás.

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Un error es un hecho cuyos beneficios plenos aún no se han volcado a nuestro favor.

Peter Senge

Odio equivocarme y me temo que esta aversión por el rechazo, por el ridículo que supone el error, más si es público, o por la reprimenda que suele acompañarlo, es algo compartido por una amplia mayoría.

   Me atrevo a decir que esta actitud hacia el error se arraiga en lo más profundo de la educación recibida. Hemos aprendido a ver en él un formidable enemigo, un peligro que conviene evitar a toda costa. A veces a costa de nuestra originalidad o de las posibilidades de enriquecernos con nuevas experiencias no menos educativas. Nos cuesta ver en el error algo ajeno a la frustración, a la desaprobación y a la penalización.  Lo hemos llegado a identificar, con cierto fatalismo, como un enemigo inexorable, generador de tensiones e inseguridades, inhibidor de iniciativas, aniquilador de la autoestima y de la mayor o menor estima que nos puedan tener.

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Escribo esta entrada el domingo previo a la vuelta a la escuela tras las vacaciones de Semana Santa. Es cierto que aún cuento con el colchón del lunes, festivo en nuestra Comunidad y efímera tabla de salvación para el síndrome postvacacional, pero está claro que este martes niños y niñas y adultos, cada cual desde su responsabilidad, como familia o como profesional de la educación, nos incorporamos a una secuencia de actividades que rompen con los hábitos de los últimos días y recuperan la, a veces ansiada y a veces aborrecida, rutina escolar.

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Fuera del mundo educativo, las siglas AICLE-CLIL resultan bastante desconocidas. Sin embargo, el Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras (AICLE) o en inglés, Content and Language Integrated Learning (CLIL) es una aproximación al aprendizaje del inglés y a través del inglés que ha cobrado gran interés entre las administraciones educativas. En la Comunidad Valenciana es uno de los referentes para el Decreto que regula el plurilingüismo en la enseñanza no universitaria y en los programas plurilingües allí definidos. Así, este propone en su artículo 6: 

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¿Por qué nos obsesionamos tanto con una herramienta, entre las muchas otras que podríamos utilizar para formar y formarnos, seguramente mucho más apropiadas al curso de los tiempos y a nuestros propios intereses? Habría diversas respuestas a esta pregunta pero en ningún caso la correcta tiene que ver con la casualidad.

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La semana pasada inicié una serie entradas dedicadas a algunos espacios en los que podéis encontrar gran cantidad de recursos educativos. Dediqué la primera de ellas a Mestre a casa, una interesante herramienta de ámbito autonómico. Hoy hablaremos de EducaLAB, otra fuente de recursos, en esta ocasión ofrecida desde el Ministerio de educación, Cultura y Deporte.

   Puede parecer que estos grandes repositorios de materiales y prácticas estén especialmente indicados para el profesorado pero también resultan muy útiles para el alumnado y para sus familias como proveedores de elementos de refuerzo y de autoaprendizaje o como apoyo para la realización de diversas tareas. Entre las muy diversas posibilidades en este sentido que podéis encontrar en educaLAB, me voy a centrar en tres:

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En las conversaciones con familias es frecuente la demanda de información sobre recursos educativos de apoyo para el alumnado referidos a distintas materias. He considerado que abrir una serie de entradas sobre algunos de los más interesantes puede resultar útil para responder a esta necesidad.

   No cabe ninguna duda de que Internet ha puesto a nuestra disposición, tanto a la de los docentes como a la del alumnado con motivación para aprender o para reforzar sus aprendizajes en el centro escolar, materiales educativos abiertos con muchas posibilidades de personalización, esto es, de adaptarse a las necesidades, los gustos, las preferencias en el estilo de aprender de cada uno o cada una. También es cierto que resulta cada vez más complicado en la abigarrada jungla de la red identificar aquellos recursos más adecuados bien al nivel o a los contenidos que se pretenden trabajar. Al lado de verdaderas joyas, pueden encontrarse otros de dudosa conveniencia. Cualquier ayuda con respecto a la selección y a la identificación de estos recursos es bienvenida en un panorama de creciente oferta.

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Se acaba de celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, de todas las mujeres. Alrededor de esta fecha, que este año ha caído en domingo, se suceden múltiples actividades en nuestros centros escolares que vienen a destacar desigualdades y a reivindicar, también desde el ámbito escolar, un futuro sin discriminación por motivos de género y una educación que asuma como fin ineludible contribuir a la igualdad real de oportunidades

   Puede haber quien se engañe pensando que el mundo educativo no está expuesto a los mismos prejuicios e iniquidades que rigen una sociedad donde el modelo patriarcal androcéntrico y sus valores continúan siendo hegemónicos. Ciertamente, en nuestro país (aunque no ocurra lo mismo en otros muchos) se ha conseguido la escolarización de varones y mujeres en términos de igualdad, incluso las alumnas en promedio, obtienen mejores resultados que sus compañeros. Ciertamente, se ha generalizado un modelo de educación con un currículo y, en la práctica mayoría de los casos, unos espacios compartidos entre alumnos y alumnas. 

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Hablar de PISA (Programme for International Student Assessment, traducido, Programa para Evaluación Internacional de Alumnos) suscita numerosos y variopintos debates en los medios de comunicación, unos medios que se hacen eco generosamente del más influyente informe en el ámbito educativo. Sin ir más lejos, hace un par de semanas, nos bombardearon con la publicación de la lista de los 53 centros seleccionados para la primera participación en PISA por parte de la Comunidad Valenciana, como tal, en abril.

   Es difícil escapar del eco mediático de estas pruebas, de las comparaciones odiosas y de su valor para ensalzar y condenar sistemas educativos pero ¿qué es PISA? y, sobre todo, ¿en qué afecta a nuestra educación?

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Necesitamos de cierta perspectiva cuando se trata de cuestionar realidades como la de los deberes escolares en tanto que han formado parte de nuestra experiencia educativa cotidiana.

   Como padres y madres, nos convertimos por lo habitual en testigos de malas caras, de quejas, de agobios y desgana ante las tareas que en teoría deberían asentar el trabajo llevado a cabo en el aula y motivar para su desarrollo fuera de ella. Como docentes, quienes lo somos además, nos enfrentamos a una buena suma de trabajo de nuestro alumnado que exigirá más tiempo del disponible para sacarle algo de provecho, siquiera para evaluarlo adecuadamente, también a excusas más o menos creativas ante la no realización de estas tareas o a productos que obviamente se deben más a la mano de los progenitores o a su paciencia infinita que a la competencia de nuestros estudiantes (un estudio reciente en el Reino Unido señala que esto ocurre en el 23 % de las tareas consideradas de mayor dificultad).

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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