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Un 15 de noviembre de hace 169 años el Estado subastó públicamente el “Palacio Señorial de Elda”, siendo comprado por D. Manuel Elizaicin, quién cedió el remate final de la subasta a favor de don Juan Rico y Amat, por la suma de 121.000 reales.

Desde que en 1841 el Estado se hiciera con la propiedad  del palacio de Elda para sufragar las costas judiciales del pleito de reversión a la Corona que la villa de Elda había interpuesto en 1815 ante el Consejo de Castilla, posterior Tribunal Supremo de Justicia, el castillo de Elda había sido utilizado como cárcel, lugar de representación y actuación teatral de cómicos y compañías ambulantes, e incluso había planeado sobre él su derribo para la construcción de un puente sobre el río Vinalopó.

Sin embargo, la necesidad financiera de la Hacienda Pública, una vez finalizada la guerra civil conocida como I Guerra Carlista, y el desinterés del ayuntamiento de Elda por adquirir el castillo de la villa, impelieron al ministerio a venderlo en pública subasta celebrada un 15 de noviembre de 1848.

Fue Juan Rico y Amat (1821-1870), ilustre eldense, abogado, escritor, historiador, político y periodista, quién conocedor del valor histórico y cultural del “palacio señorial de Elda” y ante el temor de que fuera derribado si caía en manos de algún propietario insensible, adquirió el castillo de Elda, comprometiéndose a pagar los 121.000 reales del remate en 8 plazos anuales. Cosa que satisfizo hasta el 18 de noviembre de 1857, cuando abonó a la Hacienda Pública el último de los plazos.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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