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El empresario eldense volvió al Teatro Castelar después de muchos años | Jesús Cruces.

Hay historias que pasan desapercibidas injustamente y que no se valoran como se debe. Y es que muy pocos eldenses saben que si hoy en día la ciudad puede estar orgullosa de contar con un edificio como el Teatro Castelar, es gracias a Andrés Aguado, un eldense de 89 años que dirigió durante más de 40 años este teatro. En la década de los 70, cuando era dueño del 50% del edificio, no dudó en comprar todas sus acciones para que Elda pudiese disfrutar de la cultura y el edificio no se derribase. Así, gracias a él, el imponente edificio del Teatro Castelar continúa donde se levantó, en la calle Jardines.

Andrés ha dedicado toda su vida a la cultura y llegó a dirigir cuatro cines en Elda: Cervantes (también teatro), Cervantes de verano, Rex y los Plaza; otros cuatro en Petrer: Avenida, Aguado de invierno y verano (conocidos como los Frontera) y Gran Cinema; y dos en Novelda, los Barceló y Principal; pero también el Teatro Castelar de Elda y el Cervantes de Petrer. 


El teatro conserva el mismo telón con el que se inauguró hace más de 100 años.

El empresario eldense comenzó a trabajar en el sector a los nueve años de edad, junto a su padre, y pocos años después, con el fallecimiento de este, cuando él tenía 19 años, heredó el negocio familiar, que sacó adelante con mucho esfuerzo. Llegó a tener hasta diez cines así como la posibilidad de convertir su pasión en su trabajo, y es que Andrés es un enamorado del teatro y del cine, lo que sin duda le llevó a impulsar el Teatro Castelar.

Su relación con el Castelar comenzó en el año 1951, cuando este eldense conoció la posibilidad de comprar el Teatro, y junto a Ramón Sellés lo adquirieron a la sociedad Artística-recreativa La Eldense, comunidad de personas que en 1902 decidió crear este edificio que sería inaugurado en 1904. Los trámites concluyeron en 1952 cuando ambos tuvieron la escritura del Castelar.


Andrés y sus hijas Gracia y Ana visitaron el teatro por primera vez desde la expropiación  | Jesús Cruces.

Desde entonces se impuso a sí mismo el deber de subir al escenario del Teatro Castelar a los mejores actores, actrices y compañías de España, y lo logró con creces. Aguado recuerda con orgullo que siempre solían llenar: "No traíamos a cualquiera, eso lo tenía claro, por aquí pasaron artistas de la talla de Manolo Escobar, Concha Velasco, Lola Flores, Bibiana Andersen, José Sacristán o Pedrito Rico, y las mejores compañías de zarzuela, revistas y comedias, y en los años 80 a Dagoll Dagom, El Tricicle o Lola Herrera. Recuerdo un año, durante Semana Santa que se representó durante siete días Pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor de Alejandro Ulloa, y logró llenar en cada uno de los pases; era apasionante". 

De teatro circo a cine

Durante los años que dirigió el Castelar, decidió transformar el teatro circo que era por aquel entonces en un teatro cine, eliminó los palcos de la planta inferior y añadió cientos de butacas, con lo que consiguió un aforo de unas 1.200 personas. Además, amplió el edificio y lo dotó del actual vestíbulo. Esta reforma permitió hacer de las proyecciones de cine todo un éxito, pues en el Castelar se pudieron ver miles de películas.


Imagen de la fachada del edificio previa a la remodelación de Aguado.

A lo largo de 20 años dirigió el teatro con ilusión hasta que entre finales de la década de los 60 y principios de los 70, cuando Sellés ya había fallecido, llegó una oferta suculenta por el Teatro Castelar que lo cambiaría todo. El Banco de Bilbao quería comprar toda la manzana y derribar el histórico edificio para construir un inmueble y debajo su oficina. Los herederos de Sellés querían aprovechar la oportunidad y vender, por lo que Andrés se vio casi obligado a deshacerse muy a su pesar del número 24 de la calle Jardines, pero finalmente su amor por el Teatro ganó la batalla y decidió pedir un préstamo y comprarlo en su totalidad para que no desapareciera. Gracias a esta decisión y a su esfuerzo hoy en día la ciudad puede disfrutar de este espacio cultural, aunque pocos lo sepan.

El propio Aguado explica: "Nunca le quise dar publicidad al hecho de que el Teatro estuviera a punto de desaparecer, pero cuando imaginé que Elda iba a perder este espacio que tantas alegrías me ha dado y en el que he trabajado con tanto cariño, para que en su lugar se elevase un gran edificio, no pude aceptar la propuesta".

Al frente del Castelar recibió otras ofertas por parte de empresarios locales para comprar el terreno y construir grandes edificios en esta céntrica manzana de la ciudad, pero asegura que ni se las llegó a plantear, quería que los eldenses siguieran disfrutando del buen teatro. 


Ana y  Gracia junto a una imgen de la fachada del teatro en los 80 | Jesús Cruces.

Sus hijas

Las hijas de Aguado, Gracia y Ana, se criaron entre bambalinas y recuerdan a la perfección cada rincón de sus tres plantas. Ana detalla con orgullo cómo su familia se sacrificó por el teatro, pero a la vez afirma que "aunque fuese con mucho esfuerzo, el sueño de mi padre siempre fue el de ser el dueño del Teatro Castelar, y sobre todo que se salvase, y lo logró, no podríamos estar más orgullosas de él".

Después de toda una vida al frente del Castelar, y tras un largo proceso, en 1990 el Ayuntamiento decidió declarar su cierre inmediato mediante un decreto del alcalde Roberto García Blanes, alegando unas supuestas deficiencias que no dieron tiempo a Andrés a subsanar, en contra de lo que se suele hacer en estos casos. A continuación de esta inesperada medida, el Ayuntamiento expropió el edificio y el teatro pasó a ser de propiedad municipal. Sorprendentemente cuando casi diez años después el edificio se reinauguró en 1999, ya con Juan Pascual Azorín como alcalde de la ciudad, no se invitó a Aguado a esta noche tan especial. Algo que él mismo recuerda con tristeza, pues no esperaba que le diesen la espalda de esa manera, ya que él había hecho un gran sacrificio por su ciudad y el teatro, que siempre puso a disposición del Ayuntamiento para todos los actos que le pedían. Gracia Aguado, quien desde 1976 trabajó codo con codo con su padre al frente del Teatro, afirma que tanto ella como su hermana sienten una gran admiración por cómo afrontó su padre todo el proceso, "pues le arrebataron una de las cosas que más quería". 


El actual director del Teatro Castelar, Juan Vera, les acompañó en su visita | Jesús Cruces.

Una dura expropiación

Con pena, sus hijas recuerdan que sus padres vivieron el periodo de expropiación con tristeza y sufrimiento por las formas en las que esta se llevó a cabo, pero con entereza, pues para ellos les arrebataron su teatro, por el que durante tantos años habían luchado y se habían sacrificado. Asombrosamente, se han publicado libros sobre la historia del Teatro Castelar y siempre se obvia a este eldense, y con él casi 40 años de los 120 de este espacio cultural. Tal fue el disgusto por lo ocurrido que su madre nunca ha querido volver a entrar al Teatro Castelar y Andrés Aguado solo lo ha hecho en tres ocasiones puntuales.

Ahora, casi 30 años después de la expropiación, Aguado ha regresado al que fue su teatro junto a Valle de Elda, y ha podido volver a la cabina de control, sentarse en sus butacas, pisar el escenario y sus camerinos. Mientras recorría las diferentes estancias iba detallando cómo ha cambiado todo y a la vez nada, y las miles de historias que allí vivió. Sentado en una de las butacas del anfiteatro se queda unos segundos mirando hacia el escenario y recuerda que el telón tiene más de 100 años, pues decidió conservarlo, ya que es parte de la historia del Castelar, donde los artistas firmaban y continúan haciéndolo. 

Tras su visita al Castelar, cuando Andrés ya se marchaba acompañado por sus dos hijas, quienes junto a su mujer han sido su gran apoyo, se paró de repente y giró la cabeza para contemplar fijamente a su Castelar, agarró del brazo a su hija Gracia, la miró, se volvió de nuevo hacia el teatro y con satisfacción le dijo: "Pero ¿ves?, aquí está".


Andrés Aguado rememoró con emoción todas sus vivencias en el Teatro | Jesús Cruces.

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